No lleva el 10 en la camiseta, pero Lamine Yamal tardó apenas diez minutos en marcar el primer gol de la selección española ante Arabia Saudí y el primero de su carrera en un Mundial con apenas 18 años. Lo celebró con una carrera desenfrenada hacia el córner. Se arrodilló para rezar mirando hacia La Meca y recuperó su festejo habitual, dibujando el 304 con las manos.
El futbolista disputa los primeros 45 minutos siguiendo el plan fijado por Luis de la Fuente: “Es bueno dejarlo con ganas de más”, afirmó el seleccionador
No lleva el 10 en la camiseta, pero Lamine Yamal tardó apenas diez minutos en marcar el primer gol de la selección española ante Arabia Saudí y el primero de su carrera en un Mundial con apenas 18 años. Lo celebró con una carrera desenfrenada hacia el córner. Se arrodilló para rezar mirando hacia La Meca y recuperó su festejo habitual, dibujando el 304 con las manos.
La cifra hace referencia a los tres últimos dígitos del código postal de Rocafonda (08304), el barrio de Mataró en el que creció. “Se lo he dedicado a mi madre, a mi chica, (Inés García), a mis amigos, (Soha y Moha), y a todos los que están en Mataró. Si me pico con la PlayStation, imagínate con un partido como este, que teníamos que ganar. También ha sido especial por la afición. Cuando he salido a calentar ya me estaba animando”, explicaba Lamine.
Su madre, Sheila Ebana, lloraba en la grada junto a su actual pareja y al hermano pequeño del futbolista, Keyne. Lamine la buscó con la mirada. Con ella, entre Mataró y Granollers, vio el primer Mundial que recuerda: el de Brasil 2014. Le faltaban apenas quince días para cumplir siete años y dos meses para ingresar en la Masia. “Siempre he soñado con jugar este Mundial. El último, el de Qatar, yo estaba en clase”, recordó el extremo, refiriéndose a las lecciones que seguía en la Masia.
Y, precisamente hablando de Brasil, el gol de Lamine le convierte en el segundo jugador de 18 años o menos que inaugura un marcador en un Mundial. El primero fue Pelé, que con 17 años marcó ante Gales en 1958.
Dos días antes del partido contra Arabia Saudí, Lamine supo que iba a ser titular. No quedaba otra tras el empate sin goles ante Cabo Verde, en el que participó en el segundo tiempo para intentar desatascar el marcador. Pero no jugó el partido completo. El plan era no forzar con el jugador, consciente de que acaba de recuperarse de la lesión muscular en el bíceps femoral de la pierna izquierda que sufrió el 23 de abril.
“Ha salido todo perfecto. He podido marcar pronto y también descansar. Era el plan ideal. Si hubiera sido una final habría estado al 100 %, pero hay que ir con calma y con cabeza”
“Ha salido todo perfecto. He podido marcar pronto y también descansar. Era el plan ideal. Si hubiera sido una final habría estado al 100 %, pero hay que ir con calma y con cabeza. Me cuesta controlarme, pero para eso está el míster”, analizaba Lamine.
En la banda, Luis de la Fuente no dejaba de mirar el reloj. “Sabíamos exactamente lo que haríamos. Es bueno dejarle con ganas de más. Ya está listo para jugar”, explicaba el seleccionador, que tras una gran primera mitad y con el 3-0 ya reflejado en el marcador llamó al de Rocafonda.
Lamine se quedó en el vestuario junto a Fernando Galán, fisioterapeuta que trabaja para el Barça y la RFEF, para recibir un masaje de recuperación. Reapareció en el minuto 60, ya duchado y abrigado con la chaqueta de la selección. En su lugar saltó al terreno de juego Yeremy Pino.
“Estos seis días nos han hecho pensar mucho. Queríamos desquitarnos, se han dicho muchas cosas que no eran verdad, como que ya no éramos la misma España”, señaló Lamine, que al término del encuentro volvió al césped para felicitar a sus compañeros.
Entre ellos estaba Dani Olmo, probablemente el futbolista con el que mejor se entiende dentro y fuera del campo. “Yo sé lo que necesita. Nos conocemos mucho del club”, decía Olmo.
“No siento que este equipo dependa de mí. Tenemos a Nico, a Olmo, Pedri, Oyarzabal, que ha sido el MVP. Todos somos muy buenos. Somos jugadores de talla mundial y por eso somos favoritos”, sentenció.
Habló mientras lucía un collar que se ha hecho viral. Unas manos que dibujan el famoso 304 de Rocafonda.
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