El Mundial de Estados Unidos, México y Canada arranca este jueves y lo hace convertido en el evento deportivo más caro de la historia. Los desorbitados precios de las entradas han sido uno de los aspectos más criticados. Para ver el debut de España ante Cabo Verde el próximo lunes en Atlanta la localidad más barata roza los 500 euros. Una cifra que se más que duplica para el último partido ante Uruguay en Guadalajara (México) donde los precios arrancan en los 1.200 euros.
Infantino justifica las prohibitivas tarifas en medio de duras críticas y denuncias por falta de transparencia
El Mundial de Estados Unidos, México y Canada arranca este jueves y lo hace convertido en el evento deportivo más caro de la historia. Los desorbitados precios de las entradas han sido uno de los aspectos más criticados. Para ver el debut de España ante Cabo Verde el próximo lunes en Atlanta la localidad más barata roza los 500 euros. Una cifra que se más que duplica para el último partido ante Uruguay en Guadalajara (México) donde los precios arrancan en los 1.200 euros.
Y no es la excepción, sino la norma. La mayoría de entradas para la fase de grupos se sitúan entre los 500 y los 1.000 euros en las zonas más económicas. A pocas horas de que arranque el partido inaugural entre México y Sudáfrica aún quedan entradas disponibles -los desorbitados precios no animan a llenar los estadios- y una entrada cuesta entre 2.800 y 17 mil euros.
¿Por qué ocurre esto? Es la primera vez que las entradas están gestionadas directamente por la FIFA y también la primera vez que se aplica un sistema de precios dinámicos. La reventa es legal en Estados Unidos y la FIFA lo ha aprovechado para controlarla ella misma con el argumento de quietarle poder al mercado negro. Un precio dinámico implica que las entradas van fluctuando y adaptándose en función de la demanda, lo que ha acabado provocando una inflación sin precedentes con entradas absolutamente desorbitadas.
Por poner un ejemplo, la entrada más barata para el España-Cabo Verde se fijó en 180 dólares (unos 156 euros) en diciembre, cuando se pusieron a la venta, pero hoy esta cifra se ha multiplicado hasta los 500 euros. Las entradas para la final del 18 de julio, que se jugará en el estadio MetLife de Nueva York, arrancaron en unos 5.200 euros, pero a principios de mayo ya superaban los 28.000 dólares.
Las entradas para la final han pasado de 5.000 a 28.000 euros, la más barata
La FIFA ha vendido más de seis millones de entradas para el torneo y calcula embolsarse este año 3 mil millones de dólares por la venta de entradas, muchísimo más que los 929 millones que facturaron en el último Mundial de Qatar. “La Copa del Mundo es cada cuatro años y lo que recaudamos ese mes es lo que gastamos en los 47 meses que hay hasta la siguiente Copa del Mundo”, se defendió Infantino.
El presidente de la FIFA respondió a las duras críticas por los precios de las entradas asegurando que “los precios arrancan en 60 dólares. Es el precio más bajo en cualquiera de los deportes en Estados Unidos. Y el más alto es de 500 dólares, siendo también el máximo más bajo en todos los deportes. Uno no elige al azar el valor, hay muchos expertos que trabajan para eso”. “Si se vendieran a un precio más bajo, habrían acabado en el mercado secundario a precios mucho más elevados”, añadió.
Los precios dinámicos y la falta de transparencia de la FIFA, en el punto de mira
Lo cierto es que el sistema de tarificación de las entradas aplicado por la FIFA, sumado a la falta de transparencia sobre las ventas ha despertado no solo críticas, sino denuncias legales. Varias fiscalías estadounidenses han demandado a la FIFA por fraude en la venta de entradas. Una de las cuestiones más controvertidas ha sido el cambio de localidad sin previo aviso.
Por primera vez, en este Mundial el aficionado no elige asiento al comprar una entrada. Paga por una determinada zona del campo y es la FIFA la que posteriormente le asigna una localidad concreta. Dos meses antes de que arrancase el torneo muchos aficionados denunciaron haber adquirido una entrada de Categoría 1 pero recibido una localidad situada en una zona anteriormente atribuida a la Categoría 2, porque la FIFA había modificado los mapas sin previo aviso. Se incluyó por sorpresa una nueva categoría ‘Front Category’, mucho más cara, desplazando a aficionados a zonas peores que las que habían pagado.
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