El presidente chino impulsa un programa de adoctrinamiento para oficiales y generales que combina estudio de la ideología del líder, disciplina política y análisis de casos de corrupción en plena purga de la cúpula militar Leer El presidente chino impulsa un programa de adoctrinamiento para oficiales y generales que combina estudio de la ideología del líder, disciplina política y análisis de casos de corrupción en plena purga de la cúpula militar Leer
Los oficiales permanecen sentados en silencio, con la espalda recta y un cuaderno abierto sobre las rodillas. Nadie toma la palabra hasta que una funcionaria del Departamento de Trabajo Político de la Comisión Militar Central entra en el aula. No lleva armas ni da instrucciones sobre maniobras de combate. Durante las siguientes horas habla de disciplina, de lealtad absoluta al Partido Comunista (PCCh) y de los discursos de Xi Jinping.
Uno a uno, los militares leen en voz alta fragmentos de la obra ideológica del presidente chino, anotan los pasajes subrayados y debaten después sobre las líneas rojas que nunca deben cruzar. Repasan las normas disciplinarias que, según la dotrina, deben inmunizar al ejército contra el enemigo que más preocupa al presidente chino: la corrupción.
«Este año ya hemos recorrido varias provincias impartiendo cursos sobre disciplina política y lealtad al Partido», explica a este periódico una de las funcionarias del departamento que ejerce como guardián ideológico de las fuerzas armadas. Su trabajo consiste en supervisar la educación política de los militares, controlar la propaganda interna, gestionar la red de comisarios políticos y garantizar que el Ejército Popular de Liberación (EPL) mantenga una fidelidad absoluta al Partido antes que a cualquier otra institución del Estado.
La escena podría parecer heredada de la vieja China de Mao Zedong. Sin embargo, pertenece a la China más tecnológica y militarizada de Xi Jinping, un país que invierte miles de millones en portaaviones, cazas furtivos, misiles hipersónicos e inteligencia artificial, mientras recupera métodos clásicos de adoctrinamiento político para intentar extirpar un problema que lleva décadas lastrando a sus fuerzas armadas: la corrupción enquistada entre sus altos mandos.
El presidente chino repite desde hace años que un ejército corrupto jamás podrá ganar una guerra, por muy sofisticadas que sean sus armas. Un mensaje que alcanzó este año una mayor dimensión con la puesta en marcha de un gigantesco campamento de reeducación política dirigido a cientos de generales y altos oficiales del EPL. La iniciativa, impulsada personalmente por Xi, comenzó el 8 de abril y se prolongó durante diez semanas.
Según reveló posteriormente el Diario del Ejército Popular de Liberación, el periódico oficial del EPL, el propio líder chino inauguró el curso reclamando a los oficiales que fomentaran un ambiente para «combatir las injusticias dentro del ejército».
La rutina diaria del campamento se parecía más a una mezcla entre academia militar y escuela del PCCh que a unas maniobras convencionales. Cada jornada comenzaba con ejercicios físicos y marchas en formación. Después llegaban los juramentos de fidelidad al Partido y los cánticos sobre la disciplina militar.
El grueso del día transcurría en las aulas, donde los participantes asistían a más de 40 clases teóricas y una decena de seminarios intensivos dedicados al Pensamiento de Xi Jinping -la doctrina política oficial- sobre el fortalecimiento del ejército, las principales normas disciplinarias y los discursos pronunciados por el presidente.
Durante el programa, los instructores distribuían confesiones escritas de antiguos dirigentes caídos por corrupción y organizaban grupos especializados para analizar casos reales, elaborar listas de riesgos y proponer mecanismos destinados a evitar nuevos escándalos.
Toda esta ofensiva ideológica coincide con una de las mayores purgas militares desde la llegada de Xi al poder en 2012. Solo desde 2023 han desaparecido de la escena pública decenas de generales, responsables de la industria militar y altos dirigentes vinculados a los programas de armamento.
Entre ellos figuran varios miembros de la poderosa Comisión Militar Central, el órgano que ejerce el mando supremo de las fuerzas armadas chinas. De los siete integrantes nombrados durante el Congreso del Partido de 2022, únicamente permanecen Xi y Zhang Shengmin, responsable de la disciplina interna del ejército.
La caída más espectacular llegó este año. Pekín anunció la investigación del veterano general Zhang Youxia, vicepresidente de la Comisión Militar Central y durante años uno de los militares más influyentes del país, acusado de «graves violaciones de la disciplina del Partido y de las leyes estatales», la fórmula habitual utilizada antes de una condena por corrupción.
Casi al mismo tiempo fue apartado el general Liu Zhenli, jefe del Estado Mayor Conjunto y considerado uno de los escasos mandos chinos con experiencia real de combate. Ambos habían desempeñado un papel fundamental en la ambiciosa modernización del Ejército Popular de Liberación y en los preparativos para un eventual conflicto en torno a Taiwán o el mar de China Meridional.
Antes ya habían caído el ex vicepresidente militar He Weidong, el general Miao Hua y los ex ministros de Defensa Li Shangfu y Wei Fenghe. Estos dos últimos fueron condenados en mayo a pena de muerte suspendida -que se convertirá en cadena perpetua sin posibilidad de reducción de condena- en una sentencia extraordinariamente dura incluso para los estándares de la justicia china.
Xi insiste en sus discursos que la corrupción constituye una amenaza existencial para el ejército. Durante el último cónclave político anual, celebrado el pasado marzo, el líder recordó que «las fuerzas armadas son quienes empuñan las armas» y advirtió de que no puede haber lugar «para quienes son tibios con el Partido ni refugio alguno para los corruptos».
Esta campaña anticorrupción se desarrolla mientras el país acelera la producción armamentística con el objetivo declarado de completar la modernización del EPL antes de 2027, fecha que coincide con el centenario de las fuerzas armadas. Por ello, mientras el resto del mundo observa los nuevos cazas invisibles o los destructores que salen de los astilleros chinos, dentro de los cuarteles el régimen sigue recurriendo a una táctica mucho más antigua: la convicción de que la fidelidad ideológica es el primer sistema de armas de cualquier ejército comunista.
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