El wide reciver de los New England Patriots, Mack Hollins, fue el único jugador de su equipo que ganó algo en la Superbowl: el protagonismo a su llegada al estadio. Hollins se presentó en el acceso a vestuarios vestido de prisionero, descalzo, con una máscara de plástico cubriéndole el rostro a la manera de Hannibal Lecter y esposado.
El ‘wide reciver’ de los Patriots, habitual de las salidas de tono, llemó la atención con su particular atuendo
El wide reciver de los New England Patriots, Mack Hollins, fue el único jugador de su equipo que ganó algo en la Superbowl: el protagonismo a su llegada al estadio. Hollins se presentó en el acceso a vestuarios vestido de prisionero, descalzo, con una máscara de plástico cubriéndole el rostro a la manera de Hannibal Lecter y esposado.
Hubo quien trató de buscar un sentido político al gesto de Hollins —la proximidad de la cárcel Alcatraz parecía dar sentido a su elección—, pero, además de por su juego, el Patriot es conocido por sus excentricidades. El mensaje, simplemente, no existía.
Hollins entró al estadio con un mono beige Range 13, una aparente referencia al ala de máxima seguridad del ADX Florence, la prisión federal a menudo descrita como el “Alcatraz de las Rocosas”, un centro penitenciario que ha contenido a criminales notorios. La camiseta que portaba en la mano parecía hacer referencia a The Warriors, una película de 1979. Si quería notoriedad, Bad Bunny le ganó, de lejos, la partida.
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Todo apunta a que el atuendo es solo una más de las boutades de Hollins, un jugador que, dice, evita las verduras y prefiere comer sin usar cubiertos. Su atuendo fue lo único que celebró el domingo en California.
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