El 77% de los encuestados reconocieron que no lo usarían de estar disponible hoy Leer El 77% de los encuestados reconocieron que no lo usarían de estar disponible hoy Leer
Todo se vuelve digital, también el dinero. Cada vez más consumidores recurren al móvil para pagar y ya resulta poco habitual encontrar un comercio que no acepte pagos electrónicos o inmediatos. Por eso, el proyecto del euro digital avanza en Europa, aunque su comprensión y aceptación entre los ciudadanos todavía distan de acompañar el ritmo institucional. En España, aunque la mitad de personas afirma haber oído hablar de esta propuesta del Banco Central Europeo (BCE), solo el 25% entiende de qué se trata. Estos datos pertenecen a una encuesta de Funcas, realizada por Imop a finales de diciembre de 2025.
«El debate sobre el euro digital ha sido muy institucional y técnico, centrado en documentos del BCE o foros especializados, pero con poca traducción al lenguaje cotidiano del ciudadano», detalla Francisco Rodríguez, Catedrático de Economía de la UGR y director del Área Financiera y Digitalización de Funcas, como uno de los factores que provoca la brecha entre el conocimiento y la comprensión.
Por esto, este desconocimiento es un limitante para su uso. De hecho, el 77% de los encuestados reconocieron que no lo usarían de estar disponible hoy, mientras que la mitad considera que no lo emplearía para ninguna operación concreta en su día a día. Rodríguez achaca este resultado a que «la narrativa pública ha oscilado entre expectativas muy ambiciosas y temores difusos -privacidad, desaparición (sin sentido) del efectivo- sin aterrizar en casos de uso concretos».
Precisamente, el euro digital también compite con los medios de pago que ya está activos ahora y son mucho más frecuente entre los españoles. Por esto, el 69% cree que este dinero digital no ofrecería beneficios claros respecto otros como las tarjetas o pagos móviles. Recientemente, Bizum se unió a los otros Bizum europeos en un acuerdo para permitir pagos personales transfronterizos entre sí y para 2027 prevén lanzar la posibilidad de pagar en comercios electrónicos y puntos de venta.
Para Rodríguez, no neceariamente hay un rechazo activo al euro digital, pero «hay ausencia de una propuesta de valor clara frente a tarjetas o soluciones móviles»: «Cuando los sistemas existentes funcionan bien, el coste psicológico de cambiar es alto». Al mismo tiempo, la falta de información práctica alimenta respuestas «conservadoras» en las encuestas.
En cuanto al riesgo que supone para el efectivo, una amplia mayoría (68%) asegura que su introducción reduciría el uso del medio de pago tradicional, lo que podría considerarse un riesgo relevante para su aceptación. «Si el euro digital se asocia a una pérdida de opciones de pago, especialmente para colectivos que valoran el efectivo como herramienta de autonomía o inclusión, la aceptación social puede verse limitada«, señala Rodríguez.
En cualquier caso, los planes para sacar adelante el euro digital siguen en marcha. A finales de 2025, el BCE y las instituciones europeas completaron una fase preparatoria y avanzan hacia la adopción de un reglamento que permitiría una posible primera emisión en 2029 en caso de llegar a acuerdos en la regulación este año.
En cuanto al diseño y el alcance del euro digital, el Parlamento Europeo ha acumulado un elevado número de enmiendas que «reflejan posiciones diversas sobre el modelo técnico y funcional a establecer, lo que ha ralentizado la consolidación de una posición común», explica el think tank.
«El euro digital no debería competir en la misma lógica que las soluciones privadas, sino ofrecer aquello que el mercado no provee por sí solo»; menciona Rodríguez, es decor, «un activo público, seguro y universalmente aceptado, capaz de funcionar incluso en situaciones de estrés financiero o fragmentación tecnológica».
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