Mientras el mundo contiene la respiración ante la escalada de conflictos internacionales, en París la maquinaria de la moda sigue en marcha. En este tramo final de la temporada otoño/invierno 2026 de la semana de la moda francesa, los diseñadores parecieron lanzar un mismo mensaje desde la pasarela: el espectáculo debe continuar.
Louis Vuitton y Chanel cierran la temporada de ‘fashion weeks’ con un mensaje claro: el espectáculo debe continuar
Mientras el mundo contiene la respiración ante la escalada de conflictos internacionales, en París la maquinaria de la moda sigue en marcha. En este tramo final de la temporada otoño/invierno 2026 de la semana de la moda francesa, los diseñadores parecieron lanzar un mismo mensaje desde la pasarela: el espectáculo debe continuar.
Nicolas Ghesquière lo sabe bien. Tras más de una década al frente de la dirección creativa femenina de Louis Vuitton, se ha convertido en uno de los diseñadores más longevos en una gran maison de la industria actual. Un maestro del espectáculo que entiende que para mantenerse no basta con seguir un legado, sino que hay que sorprender siempre.




Empezó por la escenografía interior con un paisaje montañoso futurista, representado en tonos verdes intensos, que hacía referencia a los orígenes de Louis Vuitton y al arte de viajar, trazando un itinerario desde el Jura a París antes de la fundación de la maison en 1854. La ropa evolucionaba a partir de reacciones e interacciones instintivas con el clima y el entorno para resistir, protegerse y moverse con libertad. Todo fluía hasta convertirse en moda, en un “nuevo folklore para el futuro”, como lo llamó Ghesquière tras el desfile.
Trajes tradicionales reinterpretados dentro del contexto digital. La flora y fauna dejaban su huella en las prendas, inspirando tejidos capaces de integrarse con el entorno. Los estampados animalier se tejían en lona y denim. El concepto de collage en la colección funcionaba como un guiño a la memoria y una suma de historias y de épocas superpuestas. Una manera de mirar al pasado para imaginar un futuro más humano y comprometido con el planeta.




Un manifiesto de futuro fue también el que planteó Chanel, la firma que tradicionalmente se encarga de cerrar la semana de la moda de París. Todas las miradas estaban puestas en la colección ready-to-wear de Matthieu Blazy, la segunda desde que dejó Bottega Veneta para convertirse en director creativo de la maison francesa. La invitación al desfile consistía en una caja que guardaba un colgante con forma de regla de patronaje, similar a la que utilizan desde hace siglos las petites mains de las casas de costura. Partiendo de ese pasado, Blazy convirtió el Grand Palais en una colorida zona de construcción para simbolizar que este nuevo Chanel está siempre en constante transformación.
“La moda es a la vez oruga y mariposa. Durante el día puede ser una oruga, y por la noche transformarse en mariposa. Necesitamos vestidos para reptar y otros para volar”. Esta célebre metáfora, a la que solía recurrir Coco Chanel cuando los periodistas le preguntaban qué significaba para ella el estilo, es la misma que ha evocado Blazy al reflexionar qué representa hoy la casa francesa. “Chanel es paradoja y ficción. Sensibilidad y seducción. Noche y día. Representa la libertad de elegir en cualquier momento”, expresó en un comunicado.




En esta colección otoño/invierno 2026, el creativo rindió homenaje a ambas dimensiones con una explosión de colores y adornos en los vestidos de fiesta; y una extraordinaria simplicidad para los uniformes de día. Pero, sobre todo, Blazy se divirtió diseñando esta nueva era de Chanel y consiguió que todo el público se emocionara y enloqueciera a ritmo del Just dance de Lady Gaga. La propuesta atravesó el tiempo como un hilo que cose distintas épocas, recorriendo siluetas relajadas y desenfadadas que van de los años veinte a los treinta, de los cincuenta a los sesenta, hasta llegar a nuestro presente.
En el centro de todo aparece el arquetipo del traje de Chanel, que se reinventó como un lienzo en blanco preparado para impresionar a cualquiera. Entre las modelos que desfilaron destacó Laura Ponte, consagrada ya como musa de Blazy tras debutar con él en la alta costura; Alex Consani, icono y primera trans en ganar el premio a Modelo del año; y Anok Yai, la segunda negra en abrir un show de Prada después de Naomi Campbell. En el front row , Margot Robbie fue la más ovacionada, seguida de la reina del soul Olivia Dean y Teyana Taylor, nominada al Oscar por Una batalla tras otra . Porque, al fin y al cabo, el espectáculo debe continuar.




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