Hay llamadas que lo cambian todo y que significan el principio de muchas cosas, incluso el de un final. Así lo refleja Miquel Valls (Móra d’Ebre, Tarragona, 1985), periodista y presentador de televisión, en su primera novela, ‘El ruido bajo la piel’ (Espasa), un thriller familiar que transcurre en Barcelona con el mundo del arte como telón de fondo y con una protagonista que se ve desbordada tras la llamada que le confirma la noticia que no quiere oír: el cáncer con metástasis de su padre. Valls, a quien podemos ver actualmente cada mañana en ‘Espejo Público’ en Antena 3, sabe perfectamente lo que es estar en la situación de su personaje ya que su padre falleció en 2024 a causa de la misma enfermedad. “Creo que nadie se pone en la piel del acompañante de una persona y más cuando te toca de primer grado. No tenemos un libro de instrucciones porque no nos educan para despedirnos de las personas. Poder narrar cómo te has sentido en cada momento, cómo cambian las palabras, las conversaciones, los silencios y los olores, hace que el lector se ponga en el lugar de un acompañante, que es muy necesario para el enfermo”, explica a La Vanguardia. Un proceso de escritura que “muchas veces ha sido catarsis y otras muchas, tristeza por recordar episodios, o sonidos, o sabores, que no quería volver a recordar”, confiesa.
El periodista publica su primera novela en la que refleja cómo se vive siendo el acompañante de una persona con cáncer
Hay llamadas que lo cambian todo y que significan el principio de muchas cosas, incluso el de un final. Así lo refleja Miquel Valls (Móra d’Ebre, Tarragona, 1985), periodista y presentador de televisión, en su primera novela, ‘El ruido bajo la piel’ (Espasa), un thriller familiar que transcurre en Barcelona con el mundo del arte como telón de fondo y con una protagonista que se ve desbordada tras la llamada que le confirma la noticia que no quiere oír: el cáncer con metástasis de su padre. Valls, a quien podemos ver actualmente cada mañana en ‘Espejo Público’ en Antena 3, sabe perfectamente lo que es estar en la situación de su personaje ya que su padre falleció en 2024 a causa de la misma enfermedad. “Creo que nadie se pone en la piel del acompañante de una persona y más cuando te toca de primer grado. No tenemos un libro de instrucciones porque no nos educan para despedirnos de las personas. Poder narrar cómo te has sentido en cada momento, cómo cambian las palabras, las conversaciones, los silencios y los olores, hace que el lector se ponga en el lugar de un acompañante, que es muy necesario para el enfermo”, explica a La Vanguardia. Un proceso de escritura que “muchas veces ha sido catarsis y otras muchas, tristeza por recordar episodios, o sonidos, o sabores, que no quería volver a recordar”, confiesa.
En su relato, Miquel homenajea con pequeños detalles a todo el equipo que atendió a su progenitor, ya sea con los apellidos de los doctores o con el nombre de la oncóloga, Elvira, que es el de la protagonista de la historia y que encarna la soledad y el vacío que muchas personas sienten, a pesar de aparentar lo contrario. “Creo que la sociedad cada vez utiliza más parches a modo de evasión para sentirse bien, aunque luego estos se caigan por completo. Ahora que hablamos de salud mental, mirar hacia adentro cuesta porque da miedo lo desconocido y lo que te puedas encontrar. Yo he ido durante tres años al psicólogo durante una época de mi vida y creo que tendría que estar recetado por la seguridad social desde pequeños para ayudarnos a todo”, comenta, a la vez que reflexiona sobre cómo se ve a la gente que, como él, trabaja en los medios: “Desde fuera te ven como un gran triunfador, que tienes una vida ideal, que todo es fantástico, que ganas mucho dinero, y al final, la realidad es completamente distinta a lo que pueda proyectarse”.

Miquel Valls lleva dos décadas dedicándose a los medios de comunicación. Primero en canales locales, pasando por TV3 y Catalunya Ràdio, para luego dar el salto a programas nacionales como ‘El programa de Ana Rosa’, ‘Ya es mediodía’ o ‘En el punto de mira’, entre otros. Desde 2023 copresenta ‘Espejo público’, siendo uno de los rostros reconocibles de Atresmedia. No obstante, asegura que “vivo de una manera muy normal. Conservo a todos mis amigos desde hace muchísimos años. Esto es lo mejor porque al final la tele es una gran descubridora de idiotas. Tiene mucha facilidad de que te conviertas en un idiota, y yo creo que cuando lo haces pierdes la noción de dónde estás”. Puede que parte del secreto de no caer en esta trampa sea la de mantener sus puntos de anclaje: irse al pueblo de su madre, viajar a Barcelona y no vivir de fiesta en fiesta. “Llevo una vida muy normal, no voy a eventos a no ser que me obligue la cadena. Madrugo mucho todas las mañanas y hay una exigencia que es grande. A mí esto me llena mucho como para dejar lo otro en segundo plano. No soy de prodigarme en saraos ni de publicar dónde viajo o con quien estoy”, admite.

En ‘El ruido bajo la piel’ la ciudad de Barcelona se convierte en una protagonista más de la historia y el lector puede sumergirse en un mundo, el del coleccionismo de arte por parte de familias acomodadas, que no está al alcance de todos. “He conocido todas las caras posibles de Barcelona, a cualquier hora, la del barrio más noble al barrio más humilde. Durante muchos años me he movido aquí y he contado todo lo que pasaba, y al final yo creo que Barcelona es una ciudad a la que siempre gusta volver, pero creo que hay que cuidarla y proteger a los pequeños comercios, a los barrios, a la gente que hace comunidad y asociación. Yo sigo teniendo casa en Barcelona y en mi barrio nunca había visto tantos turistas como ahora. Pero por otra parte también pienso que eso es un impulso y un motor para la ciudad. Siempre se ha dicho que Barcelona tiene los índices de criminalidad más altos y que todo pasa aquí, pero también creo que hay mucha gente que envidia que se esta ciudad pueda mirar al mar cada mañana sin grandes infraestructuras”, sentencia.
Con una vida asentada en Madrid, Miquel Valls ha trazado grandes amistades que se dieron cita en la presentación del libro en Madrid. En una misma sala, consiguió reunir a Belén Esteban, Carlota Corredera, Susanna Griso, David Valdeperas (quien es, además, su pareja) o Christian Gálvez, entre muchos otros. “Junté a toda la competencia”, dice entre risas y añade que “he trabajado con todos ellos. Me quedé muy sorprendido porque muchos de ellos no me contestaron a la invitación porque me querían dar una sorpresa. Para muchos implicaba a lo mejor al día siguiente encontrarse con un mal rollo con un equipo porque al final estamos todos compitiendo por lo mismo, pero se lo agradecí muchísimo y saben que ellos me tienen para lo que me necesiten. Yo tengo grandes amigos en la televisión y siempre llegamos al a misma conclusión: que las guerras estén en los despachos y no en los platós ni en la calle”. Para la presentación en Barcelona contó con Josep Cuní y Mayka Navarro en el escenario, con quienes compartió que su acercamiento al universo del arte vino de la mano de Carmen Thyssen: “Ella me descubrió que aquí en España tenemos muy buenas obras de arte, que es un mundo del que se habla muy poco y al que solo pueden acceder las grandes fortunas de este país”.
Miquel Valls confiesa que no se siente “escritor” sino “un contador de historias. La diferencia es que cada mañana tengo cuatro minutos para contar una y aquí he tenido 400 páginas donde he podido ser yo quien dirigiera y decidir qué pasaba en cada capítulo y con los personajes. Esa libertad me ha gustado muchísimo”. Por ahora, no se plantea sumergirse en un nuevo libro ya que, tal y como dice, “voy a seguir centrado en el programa. Llegan las vacaciones de verano, me va a tocar trabajar, me voy a ir a la boda de Susanna, tengo un montón de planes… De momento no, pero nunca se sabe”.
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