Toda presión es autoinfligida
“De crío, me desencanté: el atletismo se puso serio, ya no era un juego; lo dejé por un tiempo”, dice el mediofondista del On Athletics Club; en estos días, disputa el 800m en el Mundial short track
Toda presión es autoinfligida
Sir Sebastian Coe
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Pasa la vida y atrás van quedando los Mundiales de Tokio, los del pasado septiembre, pero Moha Attaui (24) no se ha olvidado de aquello, conserva el regusto amargo:
–A mi actuación en Tokio le pongo un tres sobre diez. Peor no pude correr.
Y me deja boquiabierto, pues había sido quinto en el 800m, quinto del mundo.
–¿Tan mal le sentó? –le pregunto.
–Estuve jodido unos días. Piense que en los Juegos de París 2024 ya había sido quinto, pero entonces lo había hecho corriendo a la perfección y dándolo todo. En Tokio, en cambio, lo hice mal.
Los amantes del atletismo recordarán aquellos días tokiotas. En las semifinales, Moha Attaui (un pequeño de 1,77m entre grandullones como Emmanuel Wanyonyi, Navasky Anderson, Bryce Hoppel o Marino Bloudek, tipos que rondan el 1,90m) se había merendado a todos sus rivales, les había superado con una facilidad pasmosa en la última curva, y de repente los analistas, en la tribuna de prensa, cuando pensábamos en la final empezamos a decirnos: “¿Y si…?”.
Y dos días más tarde vino la final.
Y el Y si… se convirtió en un interruptus.
En el vértigo de la carrera, el pequeño Moha Attaui se enredó entre los gigantes, quiso pasar por dentro en la contrarrecta, le cerraron la puerta y todo se fue al garete.
Quinto.
Y por eso, me dice:
–En aquella final fui tonto. Por empeñarme en ahorrar metros, me equivoqué. Aunque es cierto que mi agente me dijo que los otros favoritos habían ido a por mí. Wanyonyi (oro) salió a romperlo todo. Pasamos el 400 en 49s y eso me hizo daño.
Ahora solo pienso en correr y descansar en el sofá; es aburrido, pero todo ese aburrimiento me hace rendir”
–¿Y ahora, en Torun?
–No volverá a pasar.
En Torun (Polonia), en estos días, se disputan los Mundiales short track, y este viernes en la primera ronda del 800, Moha Attaui se ha manejado como ha querido para acabar segundo de su serie (1m45s75) y alcanzar por puestos la semifinal del sábado (13.08h).
–Llego bien. Si hago bronce estaré contento, pero quiero ser campeón –me contaba días atrás durante una videollamada en exclusiva para La Vanguardia.
Entonces se encontraba en Castelló, afilando la forma tras los inviernos de Saint Moritz, el cuartel general europeo de su club, el On Athletics Clubs (OAC), y tras un abanico de resultados sorprendentes: en estas semanas, Attaui se ha exhibido en el Campeonato de España y también ha acariciado el récord del mundo de los 1.000m, distancia atípica (en Madrid firmó 2m14s52, a un paso de los 2m14s20 de Ayanleh Suleiman).
–Desde que fiché por On, en el 2023, mi vida ha cambiado mucho –me dice.
Y me habla de su vida.
Pues no ha sido fácil.
Moha Attaui viene de Beni Melal, 200 km al este de Marrakech, donde vivía con sus padres y sus cuatro hermanos, y luego el padre vino a España y se trajo a un hermano y se dedicó a la obra y alquiló un piso en Torrelavega, y cuando tuvo papeles se trajo al resto de la familia, Moha incluido, que tenía seis años. El crío era inquieto y futbolista y buen atleta, y ya en las escuelas de Cantabria ganaba carreras, así que se puso a ello.
–Lo que pasa es que a mis trece años murió mi padre, y el atletismo se ponía serio, ya no era un juego y ya no me gustaba. Y lo dejé por un tiempo.
–¿Y qué le hizo volver?
–Me insistían los amigos y mi primer entrenador, Raúl (Gutiérrez), que influyó mucho en mí y me decía: ‘Tú vales, vuelve’.
Así que volvió.
Y el técnico tenía razón y Moha Attaui era realmente bueno.

Tanto, que con el tiempo llegó On y un contrato como profesional y un nuevo entrenador, Thomas Dreissigacker.
–Lo que me ha dado la firma… Paso semanas en Saint Moritz combinadas con semanas en Torrelavega. En invierno, cuando nieva en Suiza, vamos a Sudáfrica. Otra veces, a Sierra Nevada. Y tengo dos fisioterapeutas y un sistema pautado, con quince compañeros. No como antes, en Torrelavega, donde no tenía ninguna pista de atletismo ni un grupo que me exprimiera, y me entrenaba siempre demasiado fuerte. Ahora es distinto. Meto mucho más volumen, voy más tranquilo y profundizo en el gimnasio. Y solo pienso en correr, me entreno mañana y tarde y el resto del tiempo lo paso descansando en el sofá.
–¿No se aburre?
–Por supuesto. Pero el aburrimiento me hace rendir: me entran ganas de entrenarme porque no tengo nada más que hacer.
(Y bien que le va; lector, sígale en Torun).
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