El sol nos achicharra a mediodía en la pista Rafa Nadal, y en los palcos vip se advierten las ausencias pero poco a poco, conforme se enreda el Musetti-Moutet, esos mismos palcos se van llenando.
El talento italiano, único Top 10 que queda en pie en el RCTB, se mantiene impertérrito ante el show del volcánico Corentin Moutet, un incordio para los rivales (6-3 y 6-4, en 1h41m)
El sol nos achicharra a mediodía en la pista Rafa Nadal, y en los palcos vip se advierten las ausencias pero poco a poco, conforme se enreda el Musetti-Moutet, esos mismos palcos se van llenando.
Ha corrido la voz: no está jugando el lesionado Carlitos, el prodigio murciano que en la víspera nos contaba que “con esta muñeca, no estoy en condiciones de seguir jugando en Barcelona”, pero Moutet es un zurdo travieso y jugón y le está complicando la vida a Musetti (24), el único Top 10 que sigue en el torneo, y el partido se está poniendo interesante.
Cómo manipula el escenario este francés estajanovista. Jamás ha alzado el vuelo (es 31.º del mundo, vive en su ránking más alto), tampoco tiene títulos ATP, pero como rival es un incordio.
Es un bad boy de manual.
En Madrid, cuando se medía a Mayot, abandonó la pista porque la parroquia le descosía a silbidos. También se peleó con Bublik. También insultó a Jarry:
–¡Patético!
Moutet abre el partido con un saque en cuchara. Y no sirve fuerte (sobre 165 km/h), pero sus golpes son revueltos y su juego es tan variado como impredecible y Musetti tarda 40 minutos en metabolizarlo y desactivarlo. Lo hace en el octavo juego, cuando al fin rompe el servicio del francés y ya acelera hacia el primer set y también hacia la victoria.
–¡No me sale nada! –empieza a vocear ahí Moutet, que también es temperamental y malcarado, y ahora arroja la raqueta sobre la tierra, o se golpea con las cuerdas en la frente. O lanza la bola más allá de las tribunas más altas.
¡Home run!
Qué fantástico es el espectáculo de Moutet: se maldice, pide aplausos, firma globos, se desquicia
Ante el show de Moutet, Musetti ni se inmuta.
Este italiano es un tenista experimentado y reformulado.
Él mismo nos lo contaba días atrás en La Vanguardia:
–Si he ganado en algo en los últimos cuatro meses, desde que José Perlas se unió a mi equipo técnico, es en la confianza.
Además, es terrícola. Basta con echarle un vistazo a su 2025: semifinales en Roland Garros, Madrid y Roma. Y final en el Masters 1.000 de Montecarlo.
Aunque de galones no se vive, y ojo que Moutet, entrados en el segundo set, vuelve a carburar: se ha rehecho, vuelve con los ángulos extravagantes y suelta un amplio repertorio de dejadas, globos y pasadores que tensa a Musetti.
–No es fácil jugar contra él. Recuerde que el primer saque lo ha hecho desde abajo. Ahí me ha puesto en alerta. Te quema energías mentales y físicas. Pero he jugado otras veces con él y ya estaba preparado –dice luego.
Ahora Moutet le rompe el servicio, se colocan 1-1 en la segunda manga, Musetti tiene que reconducir esto. El espectáculo es asimétrico. Musetti no abre la boca. Moutet hace aspavientos. Celebra los puntos como si no hubiera un mañana. Tras apropiarse de un intercambio, se lleva una mano a una oreja, pide aplausos.
–¡Vamos! –grita cuando salva su saque y se va al 1-2.
Musetti da rienda suelta a su consistencia: tal y como va el torneo, se perfila como gran favorito
Su voz sobrevuela el escenario, llega hasta el Camp Nou, y la parroquia lo celebra, ¡se lo están pasando bien!
Nada. Ni mu. Nada hace ni dice Musetti, que sigue a lo suyo y solo se comunica con su equipo, con Perlas, que le dirige desde su box como en otros tiempos dirigía a Moyà, Albert Costa, Ferrero, Almagro, Coria, Fognini o Tipsarevic, y codirigía a la España que ganó dos Copas Davis, así hasta el golpe final, cuando Moutet, acaso harto de sí mismo, transige.
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