Su cantina digital es ahora también física para empresas de gran tamaño que contratan sus servicios. Pero la idea es la misma: ¿y si comer fuese algo más que un trámite? Leer Su cantina digital es ahora también física para empresas de gran tamaño que contratan sus servicios. Pero la idea es la misma: ¿y si comer fuese algo más que un trámite? Leer
Es posible que, ordenadores y sus periféricos aparte, uno de los objetos que más se repite en las oficinas de España sea algo tan poco empresarial como el táper. En el país de las pymes, allí donde no hay una cantina y se trabaja de 09.00 a 17.00, los empleados tienen que comer y hacerlo fuera todos los días no es posible para muchos. Ahí entran estos recipientes, pero también propuestas como la de Nora Real Food, una empresa creada en 2019 para digitalizar la cantina que ya supera los 10 millones de euros en facturación.
El proyecto nace de las dos Noras que dan nombre a la empresa: Nora Barata (madre) y Nora Vallcorba (hija). Vallcorba estudiaba ADE y se le ocurrió como proyecto de final de carrera en 2018. Barata, mientras, quería sumarse, pero «no querían hacer un restaurante como tal, porque decía que se aburriría», explica Albert Solé, cofundador y CEO de la empresa.
«El momento de la comida es un pain point«, ilustra Solé en la cantina que gestiona Nora Real Food en la sede de Barcelona de Novartis. «A veces no hay soluciones rápidas, sino de una hora y media en un restaurante de menú. ¿Por qué no puedo comer en la oficina rápido y bueno?», incide. Porque sin salir, explica, la oferta muchas veces se reduce a «la ensalada mala de turno o el bocadillo malo de turno». En 2018 se sumaban también las primeras aplicaciones de delivery, aunque Solé tampoco considera que sean su competencia: «Al final es algo más de pecado y no tanto del día a día».
Dado que «realmente no había una solución de comida saludable para el día a día en la oficina a un precio asequible», comenzaron a trabajar para dar esta solución a las empresas. En un principio, concede, «con cosas muy prémium» a las que sus clientes únicamente recurrían una vez a la semana. «Vimos que estaba gustando, pero quizás era demasiado caro». En 2019 hubo dos hitos relevantes: Solé entró en Nora Real Food y la empresa nació como tal de la mano del formato menú, de precio más reducido. También cerraron una ronda de financiación –family, friends and fools– que les permitió cambiar en dos ocasiones la cocina central desde la que suministran ese servicio de cantina digital. Entonces llegó la pandemia: «Paró cualquier negociación y nuestra facturación pasó de 100 a 0 de un día para otro».
«Fuimos subsistiendo, aguantando», rememora Solé. Se aferraban a que las mejoras que hacían en su web, servicio y producto «tenía sentido de cara a futuro». Con todo, 2020 cerró igual que 2019, así que, aunque no crecieron lo que deseaban, lograron «salvar los muebles».
En cualquier caso, a partir de la pandemia fueron creciendo en facturación y, sobre todo, en concepto: a la cantina digital se le sumó en octubre de 2022 la física, cuando empezaron a operar la de Mango. Una vuelta de tuerca que convirtió el giro original de 180 grados en uno, paradójicamente, de 360. De llevar tápers a ofrecer un servicio de restauración in situ. Eso sí, siguiendo el resto de principios que establecieron en sus inicios, como la comida sana. Aquí es Vallcorba quien toma la voz: «Muchas veces comes por comer«, dice, y ellos quieren ir más allá del clásico «pollo a la plancha».
Todo esto, de todos modos, se adapta a las empresas para las que trabajan. Si dan servicio en la sede una compañía que fabrica chocolatinas, entienden que deben ofrecer su producto a sus trabajadores, aunque no sea la alternativa más saludable. En los últimos años han ido incorporando clientes a esta rama, el rizo se ha seguido rizando y el giro de 360 grados marea ya: uno de sus clientes es, precisamente, Glovo. «Esa línea física está creciendo casi más incluso que la parte digital, que sigue siendo importante y nuestro core«, explica Solé.
Esto ha supuesto que hayan pasado de facturar 600.000 euros en 2019 a cerrar 2025 con 10,3 millones, un 43% más que en 2024 y un 1.600% más que en ese primer año. Por el camino, los también 600.000 euros de 2020; 1,3 millones en 2021; 2,9 millones en 2022; 5 millones en 2023 y 7,2 millones en 2024. De cara a 2026, apunta Solé, «la idea es seguir con un crecimiento sostenido, quizá del 20%». Su plantilla roza los 120 trabajadores y su cartera de clientes está en el entorno de los 140, aunque las cantinas físicas no llegan a la decena.
Aunque la parte logística está subcontratada y supone «un reto», Solé presume de su apuesta por el dato: «Nos ha ayudado a ser más eficientes». El volumen, apunta, es bastante estable de lunes a jueves (los viernes bajan los pedidos), y, al tener esta información, pueden planificar las rutas con eficiencia. En las cantinas físicas, mientras, utilizan un sistema de IA que escanea los platos al cobrar. Una cámara detecta qué están vendiendo casi en tiempo real, lo que permite saber qué prefieren los clientes y qué platos gustan menos.
De momento, todo esto ocurre en Barcelona y alrededores, aunque con la vista puesta en la capital: «Siempre habíamos tenido como objetivo en el plan de crecimiento ir a Madrid y lo seguimos teniendo en nuestros planes a corto o medio plazo». La duda es cómo. Antes de que surgiese la pata física del negocio, se plantearon incluso enviar la comida desde la central catalana. Ahora, sin embargo, ven más fácil aterrizar con el servicio físico e ir creciendo. «Nos gustaría tener las dos a futuro y si hemos de plantear algo sí que vemos los dos servicios, pero quizá inicialmente, viendo los recursos que se necesitan, empezaríamos más por la física», afirma.
Su propia propuesta es otro factor que repercute en su crecimiento. No quieren cambiar el concepto, incide Solé, y esto tiene pros y contras. Por un lado, asegura que cada vez ven más demanda de este tipo de producto en las empresas. «Platos más internacionales como el pollo teriyaki quizá en los 80 tampoco hubieran encajado tanto», ilustra el directivo. Su foco siempre han sido «empresas que valoren la calidad», por lo que prefieren no trabajar con compañías que busquen algo mirando exclusivamente el precio: «Aunque sean 400 personas les decimos que no, porque no es nuestro concepto gastronómico ni la oferta de servicio que queremos mostrar». Así, es consciente de que trabajan para «un nicho», pero también de que los jóvenes «están empujando hacia arriba». Prefieren dedicar menos tiempo a comer y el concepto de la cantina digital ayuda: «Ni me desplazo, como y sigo trabajando y me puedo ir antes para combinar el trabajo con la vida personal».
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