Parece más que difícil, salvo eruditos en la lengua de Cervantes, que en Lawrence (Kansas) conozcan aquel libro que Antonio Gala publicó en 1993 con un título que lo explica todo: La pasión turca.
La selección de Argelia, pese a su derrota en el debut frente a Messi, logra una ‘victoria’ por la acogida en Kansas
Parece más que difícil, salvo eruditos en la lengua de Cervantes, que en Lawrence (Kansas) conozcan aquel libro que Antonio Gala publicó en 1993 con un título que lo explica todo: La pasión turca.
Pero en esta localidad están viviendo la pasión argelina durante esta Copa del Mundo, a pesar de la política de Donald Trump de sembrar el miedo hacia los visitantes de determinados países y de la amenaza de los agentes fronterizos del ICE.
La bienvenida a los africanos se ha convertido en viral, con numerosos vídeos de vecinos felices
Los futbolistas argelinos han sido acogidos con fervor y ha surgido una inesperada historia de amor entre la ciudad y la selección de ese país islámico, que tiene ahí sus base mientras siga vivo en el Mundial.
Mientras las autoridades de Estados Unidos maltratan a los iraníes, que han tenido que concentrarse en Tijuana (México) en lugar de en Tucson (Arizona) y cada partido han de hacer el mismo día largos viajes de ida y vuelta, los argelinos están como en casa entre los maizales.
No hay mucho en común entre las colinas onduladas de Lawrence y los desiertos de Argelia. Más de 8.000 kilómetros y enormes diferencias culturales les separan. Lawrence, ciudad universitaria de casi 100.000 habitantes y un remanso azul (demócrata), es una región interior como lo es un lugar sin playa, en tanto la mayoría de los argelinos viven a lo largo de la costa mediterránea.
Y, sin embargo, en las redes corren historias entrañables y virales de vídeos de residentes de esas ciudad del estado del girasol abriendo los brazos a los zorros del desierto , aprendiendo sus cánticos, llenando los entrenamientos y vistiendo la camiseta de los hospedados.
Otras localidades han mostrado su cordialidad, como Foxborough (Massachusetts) con los escoceses –la cerveza une–, o Chattanooga (Tennessee) con España. Nada similar a la gente de Lawrence –desde los ciudadanos de a pie hasta el alcalde Brad Finkeldei, quien realizó una rueda de prensa luciendo un pañuelo argelino–, ha dado la bienvenida al equipo magrebí y a sus aficionados de una forma exagerada y típicamente estadounidense. “Quiero que se sientan como en casa”, dijo un jefe de la policía en una conversación colgada en las redes. “Nunca pensé que vería esto, nunca pensé que conocería a personas tan maravillosas como ustedes. Estoy muy feliz por ello”, terció otro lugareño.
La banda de la Universidad de Kansas aprendió el himno nacional argelino para tocarlo al equipo visitante. El artista Stan Herd creó incluso la bandera argelina más grande del mundo en un campo. Un vídeo en el que un vecino de Lawrence, presente en la inauguración de ese símbolo, explicó que rodeó la bandera caminando por su perímetro en lugar de cruzarla para no faltarle al respeto, cosa que emocionó en internet a muchos argelinos.
Como recalcó Franklin Leonard, un productor de cine estadounidense: “Lawrence, Kansas, está haciendo que Estados Unidos se sienta orgulloso”.
De esa acogida a los argelinos se deduce, como subrayó The Washington Post , que “esto es un buen recordatorio de lo que es el país en su esencia, un lugar completamente complejo, a veces extraño y, con frecuencia, exageradamente acogedor, donde muchos estadounidenses están dispuestos a recibir con entusiasmo a las personas que deciden visitarlos”.
Y todo eso, a pesar de la retórica xenófoba que impone la Casa Blanca, que convierte en sospechoso a cualquiera que no sea blanco. La gente de Kansas lo ha dicho claramente. Se sienten halagados de que Argelia los haya elegido. “Queríamos hacer que se sintieran realmente bienvenidos”, dijo el alcalde Finkeldei. “Están muy emocionados con su equipo”, añadió en referencia a los aficionados, “y nosotros estamos muy emocionados de tenerlos con nosotros en Lawrence”, proclamó.
No son Antonio Gala, pero los vecinos de Lawrence están escribiendo su pasión argelina.
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