Los domingos se llevó los premios a mejor película, directora, guion y dos actrices, pero la película más premiada fue Sirat, con seis premios técnicos. Al mismo tiempo, Sorda da la sorpresa con tres premios muy relevantes: actriz revelación, actor de reparto y directora novel. Leer Los domingos se llevó los premios a mejor película, directora, guion y dos actrices, pero la película más premiada fue Sirat, con seis premios técnicos. Al mismo tiempo, Sorda da la sorpresa con tres premios muy relevantes: actriz revelación, actor de reparto y directora novel. Leer
Fue noche de elecciones en los Premios Goya 2026. Había que elegir entre la gloria a la que aspira la novicia de Los domingos o el infierno al que son condenados los personajes de Sirat; entre seguir el entusiasmo de los académicos de Hollywood (y del mundo) por una historia disruptiva, violenta y enigmática –eso es la película de Oliver Laxe– o dejarse arropar por la certeza de un cine transparente y alabado por todos que se ha convertido en el sueño húmedo (y místico) de cualquier productor español –aquí, la propuesta de Alauda Ruiz de Azúa–; había que decidirse, decíamos, entre saludar emocionado a la madre o al padre (o a los dos incluso); entre Susan y Sarandon (o las dos incluso); entre protestar por el genocidio de Palestina o el bombardeo de Irán (o por los dos incluso). Y en esto que apareció el sabio Salomón y se decidió por trocear el palmarés de los Goya en dos. Hubo, finalmente, para todos. Cinco para uno, la ganadora, y seis para el otro, el no perdedor. Milagro.
Así las cosas, la edición número 40 de los Premios Goya celebrada en Barcelona cumplió el guion más o menos preanunciado y coronó en loor y olor (como se quiera) de multitudes a la que, sin duda, es la película de la temporada, pero sin descuidar a su rival, sin humillar, sin pecar, vamos. La historia de la adolescente que un buen día decide (o la deciden, según) dejarlo todo para hacerse monja de clausura ha sido capaz de convencer por igual al más fiero comecuras y al más beato obispo de Calahorra. El primero está convencido de ver en ella la ilustración de un secuestro perpetrado desde una escuela religiosa, en buena parte pagada por todos de manera completamente laica, y el segundo ve claro lo que en su ideario no es más que santa y muy beata claridad. Y así. Dice la directora que ella trabaja con ideas, no con ideologías, y que lejos de dictar al espectador lo que tiene que pensar, se conforma con simplemente hacerle pensar. Primero fue la Concha de Oro en San Sebastián, luego un triunfo en taquilla con más de 600.000 espectadores convertidos, a continuación los premios Forqué que otorgan los productores, más tarde los Feroz que votan los periodistas y, ahora, última parada, los Goya, que concede el triunfo sin más y sin apellidos. La gloria, vamos.
Para Los domingos fueron todos los premios mayores que cayeron en cascada al final de una gala larga, pesada, entusiasta hasta el cansancio con su propio aniversario (40 años) y pomposa más allá de la extenuación. Sí, los Goya de siempre que empezaron en febrero y acabaron en marzo, como dijo alguien. Menos mal que nos queda Gonzalo Suárez o, mejor, los cuentos de Gonzalo Suárez, todo un bisonte. Y para ella, para la cinta de Alauda, fue el premio mayor del año y, de seguido, los de la dirección, el guion, la actriz principal y la secundaria. Es decir, por orden, Alauda Ruiz de Azúa (los tres primeros galardones en primera persona), Patricia López Arnaiz y Nagore Aranburu. Aspiraba a 13 como clara favorita y logró la mitad, cinco, uno arriba uno abajo. La predestinación, aunque el ambiente de la película sea infinitamente más católico y apostólico que calvinista, tiene estas cosas.
Pero, como decíamos, Salomón (o el indeciso asno de Buridán, como se quiera) obró y la otra producción que se recordará cuando se piense en 2026 y en las declaraciones incomprensibles de su director también logró lo suyo. Sirat, al contrario que Alcarràs, Hable con ella o cualquiera de las películas anteriores de Albert Serra, no se fue de vacío. Es regla que si algo es premiado fuera con lo que sea –Oso de Oro, Oscar o lo que quiera que den en Cannes–, acto seguido sufre el castigo pertinente en los Goya. No fue así con la cinta de Oliver Laxe y las dos nominaciones a los Oscar con las que cuenta su película no fue óbice ni cortapisa, que dicen en misa, para que los 3.000 académicos españoles le otorgaran hasta seis premios. Sí, premios técnicos y quizá no tan importantes ni como el Premio Especial del Jurado de Cannes que ya tiene, ni como los de su directa rival, pero premios al fin y al cabo. Lo realmente triste es que ninguno de ellos fuera para el director directamente. Nos perdimos la que habría sido la más lírica, profunda y disparatada declaración de la noche.
Para Sirat fueron los Goya a la mejor música recogido de Kangding Ray; el sonido de Amanda de Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas (las tres flamantes nominadas al Oscar; el primer equipo íntegramente formado por mujeres que está ahí, en lo más alto); el montaje de Cristóbal Fernández; la dirección de producción de Oriol Maymó; la fotografía de Mauro Herce; la dirección de arte de Laia Ateca Font, y ya. En total como decíamos, seis, es decir, la mitad, uno arriba uno abajo, de los 11 a los que aspiraba. Un dato: a una hora del final de la gala, Sirat tenía ya su media docena y Los domingos, sólo uno. Solo es un dato. Ahora, a por los Oscar.
El resto del palmarés cumplió con lo esperado dejando alguna que otra sorpresa para lo otro, lo esperanzado y, por tanto, inesperado. De cajón fue que José Ramón Soroiz se coronara como el actor del año, el protagonista sobre todos los protagonistas. Lo que hace este hombre en Maspalomas se antoja de una sinceridad tan radical, siempre cerca del riesgo y sin dejarse asustar en ningún momento por el pudor o las frases hechas, que no hubo más remedio. En lo que va de temporada desde el Festival San Sebastián lo ha ganado todo y justo es, por tanto, que lo de ahora se interprete como el resumen perfecto del año, de la década y de una vida entera. Que el Goya al actor de reparto fuera para Álvaro Cervantes por su trabajo en Sorda, de Eva Libertad, gustó por la misma razón que gustan las rimas en consonante. Su nominación al lado de las de su hermana Ángela (que optaba por La furia) fue solo el segundo verso rimado. El tercero fue el Goya a actriz revelación para Miriam Garlo, su compañera en la película. El discurso de agradecimento de ésta última, por cierto, fue el más bello jamás escuchado en una gala. Y falta el cuarto verso en rima: la estatuilla por la dirección novel a Eva Libertad por su muy explícita y sonora puesta en escena en, precisamente, Sorda. Tres por tanto.
Por lo demás, emocionante el reconocimiento al jovencísimo Toni Fernández Gabarre como actor revelación por su descarnada interpretación de sí mismo (o casi) en Ciudad sin sueño, de Guillermo Galoe, una ficción localizada en el barrio madrileño de la Cañada Real vibrante por emocionante, y al revés. Oportuno que un proyecto siempre aplazado como la adaptación de La cena tuviera la opción de subir al estrado para recoger el Goya al guion adaptado (también lo hizo por el vestuario de Helena Sanchis) para Joaquín Oristrell, Yolanda García Serrano y el propio director Manuel Gómez Pereira según la obra de José Luis Alonso de Santos. Admirable Decorado, la película de animación de Alberto Vázquez, que se llevó lo suyo siendo como es una de las producciones del año. Y muy doloroso que, otra vez, Carla Simón completara el triste récord de cero de seis posibilidades con las que contaba Romería. Con sus cero de 11 por Alcarràs, ya lleva cero de 17. Cruel, injusto y muy disparatado.
¿Y la política? Regular. Hubo chapas contra el genocidio en Gaza, hubo admoniciones contra el genocidio en Gaza y hubo proclamas contra el genocidio en Gaza. Pero las hubo algo descolocadas, como confusas. Digamos que la guerra del día lo confundió todo. Alguno hubo que se atrevió a decir alto y claro no a la guerra, pero no sonó igual que aquel No a la Guerra (con mayúsculas) del mítico 2003, aquel que, obvio es recordarlo, vivió su mejor discurso en las palabras de Marisa Paredes. Susan Sarandon, eso sí, subió al escenario en calidad de Goya internacional, pidió, exigió incluso, un mínimo de cordura, un mínimo de optimismo, un mínimo de grandeza entre tanta locura, tanto pesimismo y tanta miseria y se emocionó. «Veo a vuestro presidente y a vuestros artistas y me da fuerzas para continuar», dijo. Y siguió: «La historia de la humanidad no es solo una historia de crueldad». Emociona ver emocionarse a un gigante. «Es un día nefasto y triste mientras siguen haciendo la guerra por ahí», añadió Luis Tosar como presentador al lado de una encantadora Rigoberta Bandini. «Vengo del futuro. No dejen que les pase a ustedes, lo que ya nos está pasando en Argentina», se sumó a la tristeza Dolores Fonzi, directora de Belén, ganadora a mejor película iberoamericana. Fue, decíamos, noche de elecciones y, entre un desastre y otro, no hubo manera de centrarse.
Así las cosas, ganó Los domingos y no perdió Sirat. Milagro. Amén.
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