El presidente de los Estados Unidos se mostró dispuesto este martes a cortar el comercio e imponer un embargo a España por su postura con Irán Leer El presidente de los Estados Unidos se mostró dispuesto este martes a cortar el comercio e imponer un embargo a España por su postura con Irán Leer
El presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó este martes con «cortar todo el comercio con España» por su postura en relación a la ofensiva contra Irán e imponer un embargo comercial al país después de la negativa del Gobierno español a autorizar el uso de las bases de Morón y Rota en las operaciones militares contra Teherán.
«Podría parar todo lo relacionado con España, todos los negocios relacionados con España; tengo derecho a pararlo. Embargos. Hago lo que quiera con ellos, y podríamos hacerlo con España. Vamos a cortar todo comercio con España (…) España no tiene absolutamente nada que necesitemos, salvo gente estupenda. Tienen gente estupenda, pero les falta un gran liderazgo», dijo durante un encuentro con el canciller alemán, Friedrich Merz, en la Casa Blanca.
Imponer un embargo comercial a un país supone una prohibición o restricción oficial que limita el intercambio de bienes, servicios o inversiones con un país. Generalmente se aplica como una sanción política o económica para presionar cambios de comportamiento, castigar violaciones de derechos humanos o como medida de seguridad nacional. En la práctica, se traduciría en la prohibición expresa para las empresas estadounidenses, que no podrían comprar ningún producto o contratar ningún servicio procedente de España ni tampoco vender los suyos a nuestro país.
El Ministerio de Economía explica, al contextualizar la política comercial de la UE, que los embargos comerciales totales «no son muy frecuentes y la mayoría de las sanciones comerciales afectan normalmente a una cesta seleccionada de varios productos». Pueden dirigirse tanto a las importaciones como a las exportaciones del país al que se aplican. El objetivo de imponer límites a las importaciones procedentes del país sancionado suele ser el reducir sus ventas al exterior y limitar su capacidad de obtener divisas; y la razón del país sancionador para imponer límites a sus propias exportaciones suele ser el restringir o encarecer el acceso a productos fundamentales para el país sancionado. Entre esos productos suelen encontrarse las armas y los equipos militares de todo tipo, así como los bienes y tecnologías de doble uso (productos que pueden ser utilizados tanto para actividades civiles como militares).
Entre los países a los que EEUU ha aplicado este tipo de política comercial figuran Cuba, Irán, Corea del Norte, Siria, Rusia, Venezuela y las zonas ocupadas de Ucrania, pero hasta ahora no la ha utilizado con ningún país de la Unión Europea.
En teoría, no. Los embargos comerciales están destinados a países que violan los derechos humanos de forma sistemática o que suponen una amenaza para el Estado que los ordena. España no encaja en ninguno de los dos supuestos. De hecho, lejos de ello es miembro de la Unión Europea y socio de Estados Unidos en la OTAN. Donald Trump ya amenazó a España con subirle los aranceles cuando el Gobierno de Pedro Sánchez se negó a subir el gasto militar al 5% y todo quedó en nada. Los aranceles que se aplican en España son los mismos que se aplican en el resto de la Unión Europea, con lo que el anuncio podría quedarse en una amenaza.
Todos los presidentes norteamericanos de los últimos 50 años han firmado órdenes ejecutivas que implican embargos. La normativa que las ampara es la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) que faculta controles ante circunstancias sobrevenidas que afectan a la seguridad nacional. El presidente puede aplicarla sin pasar por el Congreso, aunque después debe notificarla. Es la ley que se aplicó en la crisis de Irán de 1977. El otro marco normativo lo constituye la Cuba Liberty and Democratic Solidarity Act, también conocida como Ley Helms-Burton, que es la que blinda el embargo total a Cuba. En todo caso, Estados Unidos dispone de un arsenal legislativo para embargar total o parcialmente productos. Es impensable que España tenga el más mínimo encaje en ellas.
Tiene pocas herramientas, aunque algunas las podría usar de forma temporal. Por un lado, puede adoptar medidas de emergencia por considerar a España una amenaza a su seguridad nacional. Es una posibilidad extremadamente improbable, pero la Casa Blanca puede interpretar la negativa española a usar sus bases como una acción hostil que va en menoscabo de la seguridad de sus ciudadanos. Por otra parte, puede imponer un control a las exportaciones de sus empresas a España bajo el mismo pretexto. Es una medida que emplea con China. Todas las compañías que vendan productos al gigante asiático deben contar con una licencia específica que entorpece los procesos. De nuevo, se trata de opción muy difícil de aplicar, pero en caso de hacerlo mermaría el acceso de España a algunos bienes y servicios críticos.
Sí, fuentes del Gobierno han señalado que España es un miembro clave de la OTAN, que cumple con sus compromisos y contribuye de forma destacada a la defensa del territorio europeo. También es una potencia exportadora de la UE y un socio comercial fiable para 195 países del mundo, entre ellos EEUU, con quien mantenemos una relación comercial histórica y mutuamente beneficiosa. «Si la administración norteamericana quiere revisarla deberá hacerlo respetando la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional, y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EEUU. Nuestro país cuenta con los recursos necesarios para contener posibles impactos, ayudar a los sectores que pudieran verse afectados, y diversificar cadenas de suministro. En todo caso, la voluntad del Gobierno de España es y será siempre trabajar por el libre comercio y la cooperación económica entre países, desde el respeto mutuo y el cumplimiento de la legalidad internacional. Porque lo que la ciudadanía pide y merece es más prosperidad, no más problemas».
Seguro que no. España es un mercado de 50 millones de habitantes enclavado en otro mayor de 400. Algunas compañías estadounidenses han mostrado predilección por las inversiones en España, especialmente en aspectos críticos relacionados con las nuevas tecnologías, como los centros de datos. Amazon, por ejemplo, ha invertido recientemente 33.700 millones en centros de datos en Aragón, mientras que Microsoft tiene en la misma comunidad inversiones por unos 10.000 millones. En un momento de profunda fragmentación de los mercados y de las cadenas de suministros, a ningún proveedor norteamericano le haría gracia perder un mercado fiable y, actualmente, en crecimiento como el español.
En 2025, España exportó a EEUU mercancías por valor de 16.716 millones de euros, lo que supone un 4,3% del total de las ventas de nuestro país al extranjero. Destacan la venta de petróleo y derivados, productos químicos, aceites y grasas. En ese ejercicio ya habían bajado un 8% interanual con motivo de los aranceles impuestos por Trump.
En cuanto a las importaciones, España compró bienes estadounidenses por valor de 30.174 millones de euros, el 6,8% del total de nuestra cesta de la compra al exterior y lo que supuso un incremento del 7% interanual. Sobresale la adquisición de gas, medicamentos y alimentos.
Esto supone que nuestro país mantiene un déficit comercial con EEUU de 13.458 millones de euros, que ha empeorado respecto al año anterior por la caída de las exportaciones.
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