Las eliminaciones en la Champions, tradicionalmente vividas con dramatismo en el Barcelona, suelen dar pie a análisis alarmistas o poco constructivos. El equipo de Flick, sin embargo, se ha ganado la comprensión de su gente y de los especialistas que le acompañan, en unos casos por convicción, ya que son incuestionables sus méritos futbolísticos, su insistencia alrededor de una idea atractiva y su espíritu inconformista, y en otros porque hay un acompañamiento dócil (y mayoritario) hacia la institución haga lo que haga que tiene como consecuencia colateral mimar el equipo de fútbol como si fuera porcelana.
Las eliminaciones en la Champions, tradicionalmente vividas con dramatismo en el Barcelona, suelen dar pie a análisis alarmistas o poco constructivos. El equipo de Flick, sin embargo, se ha ganado la comprensión de su gente y de los especialistas que le acompañan, en unos casos por convicción, ya que son incuestionables sus méritos futbolísticos, su insistencia alrededor de una idea atractiva y su espíritu inconformista, y en otros porque hay un acompañamiento dócil (y mayoritario) hacia la institución haga lo que haga que tiene como consecuencia colateral mimar el equipo de fútbol como si fuera porcelana.Seguir leyendo…
Las eliminaciones en la Champions, tradicionalmente vividas con dramatismo en el Barcelona, suelen dar pie a análisis alarmistas o poco constructivos. El equipo de Flick, sin embargo, se ha ganado la comprensión de su gente y de los especialistas que le acompañan, en unos casos por convicción, ya que son incuestionables sus méritos futbolísticos, su insistencia alrededor de una idea atractiva y su espíritu inconformista, y en otros porque hay un acompañamiento dócil (y mayoritario) hacia la institución haga lo que haga que tiene como consecuencia colateral mimar el equipo de fútbol como si fuera porcelana.
Más allá de los merecidos aplausos a un grupo de jugadores jóvenes que emocionan por su manera de entender el fútbol, su compromiso con el club y su carácter ganador (una Liga y tres cuartos de otra son un botín extraordinario), la fotografía ampliada observada con una mirada menos chovinista de las derrotas (un ombliguismo excesivo, que lo hay y creciente, alejará al Barça de la mejora) conduce a un momento crucial para avanzar o estancarse. Esta temporada, por ejemplo, el equipo no está siendo mejor que el de la anterior, una tendencia que no debería repetirse.
Ha llegado el momento de dar a esta generación única la cobertura y los fichajes que merece
El sistema Flick, idóneo por cuanto dota al Barça de un estilo que conecta con su cultura y querencia por el fútbol de ataque, es arriesgado y por tanto imperfecto cuando el grupo sufre bajones físicos (los ha habido en exceso y, recordémoslo, sin disputar el Mundial de clubs) o pierde elementos clave. En el trayecto por la presente Champions, finiquitada en cuartos de final, no ha habido ningún partido en el que no haya encajado algún gol, una anomalía asumida como si fuera un castigo divino pero que requiere de una delantera demoledora para compensarla. En este curso, lesionado Raphinha y prejubilado Lewandowski, Lamine ha jugado muy solo. Las plantillas de PSG y Bayern, las mejores de la competición, son más amplias y tienen cada una más de un delantero top, incluido Dembélé, jugador despreciado en Barcelona por la tribu del ombliguismo. Hasta el Atlético duplica a Julián Álvarez con Sorloth y ha fichado a Lookman. Y tampoco pasa nada por recordar que la última Champions del Barça (2015, han pasado 11 años y ni una sola final) tenía como trío de ataque a Messi, Luis Suárez y Neymar, los tres en el apogeo de sus carreras. La crisis financiera dura demasiado y condiciona la competencia contra otros clubs.
El Barça, entendido como maquinaria, posee un chasis valiosísimo. La generación de canteranos que ha emergido gracias al trabajo de mucha gente de la que no se habla, es fabulosa. Lamine Yamal, Gavi (qué satisfacción verle de vuelta), Fermín, Eric Garcia, Cubarsí, Olmo, Bernal y compañía sumados a puntales como Pedri y Joan Garcia garantizan los cimientos del proyecto. Es esa una oportunidad que los gestores del club no pueden desaprovechar. Los equipos que hicieron historia en el club mezclaron producto de proximidad excelente con futbolistas referenciales venidos del extranjero. La primera parte está más que hecha, faltan ahora los acabados.
Un delantero centro y un central de primer nivel mundial adaptable al estilo de juego son perentorios. A poder ser comprados y no cedidos, una costumbre normalizada que transmite precariedad. Subir un peldaño los laterales, también.
En cuanto a los árbitros, dejando claro que ocuparse mucho de ellos resta mucha energía, la eliminatoria del Atlético ha plasmado una evidencia: pitarle en contra el Barça cuesta tanto como hacérselo al Brujas. La política internacional ha sido abandonada e intercambiada por gestos vacuos de cara a la parroquia local. Eso no sirve de nada. Este equipo merece mejor cobertura en el césped y fuera. Sólo así volará en Europa como en España.
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