Si la primera parte impactó, la segunda promete no dejar a nadie indiferente. La entrevista que Silvia Bronchalo ha concedido al programa ¡De viernes!, cuya continuación podrá seguirse esta misma noche, supone el primer gran relato mediático de la madre de Daniel Sancho tras la sentencia. En el espacio, la exactriz se ha enfrentado a las preguntas de Santi Acosta para desgranar no solo el dolor que arrastra desde agosto de 2023, sino también la realidad que rodea a su hijo en el centro penitenciario de Surat Thani.
La madre del joven madrileño, que esta noche reaparecerá en ‘¡De viernes!’ con la segunda parte de su esperada entrevista, detalló en su primera aparición las precarias condiciones de vida de su hijo, condenado a cadena perpetua en la prisión tailandesa
Si la primera parte impactó, la segunda promete no dejar a nadie indiferente. La entrevista que Silvia Bronchalo ha concedido al programa ¡De viernes!, cuya continuación podrá seguirse esta misma noche, supone el primer gran relato mediático de la madre de Daniel Sancho tras la sentencia. En el espacio, la exactriz se ha enfrentado a las preguntas de Santi Acosta para desgranar no solo el dolor que arrastra desde agosto de 2023, sino también la realidad que rodea a su hijo en el centro penitenciario de Surat Thani.
La empresaria, que mantiene una postura firme ante la cadena perpetua impuesta por el asesinato de Edwin Arrieta, ha querido despojar de mitos la estancia del chef en Tailandia. Lejos de las informaciones que apuntaban a tratos de favor, Bronchalo retrata a un hombre que se adapta a un entorno hostil donde el hacinamiento y la falta de recursos marcan el ritmo del reloj. “La cadena perpetua me parece excesiva”, afirma Silvia, reconociendo además su creencia en la existencia de una relación sentimental entre su hijo y el cirujano colombiano.
Con callos de rezar
Hacinamiento en Surat Thani y una rutina marcada por la disciplina religiosa tailandesa
La vida en Surat Thani, una de las cárceles más pobladas y estrictas del país asiático con más de 5.000 internos, comienza antes del alba. Según relataba Bronchalo en la emisión del formato de Telecinco la pasada semana, los presos se levantan a las cuatro de la mañana para iniciar los rezos en sánscrito y cantar el himno nacional. Es una disciplina innegociable que se repite al final del día. “Tienen callos en los laterales de los pies de sentarse mañana y tarde a rezar”, explicaba Silvia sobre las consecuencias físicas de estas costumbres religiosas.

Tras los actos comunitarios, la higiene se reduce a lo básico. Sancho no dispone de una ducha privada, sino que utiliza un “baño turco” situado dentro de la propia celda. Silvia describía el proceso como rudimentario: “Tienen una especie de piscina con la que se bañan con un cazo”. Este espacio, compartido con otros 13 reclusos, carece de cualquier atisbo de privacidad, estando el baño abierto al resto de la estancia donde el grupo convive y descansa.
El descanso nocturno tampoco ofrece alivio. Daniel Sancho duerme directamente sobre el suelo, utilizando únicamente mantas o finas colchonetas. La seguridad en el centro es tan extrema que incluso el tabaco y los encendedores están prohibidos para evitar altercados o incendios. “No veo ningún privilegio”, sentenciaba su madre, desmintiendo así los rumores sobre supuestas memorias que el joven estaría redactando desde su celda de máxima seguridad.
Entre trueques
Relaciones personales entre internos y la asistencia económica desde el exterior
La comunicación de Sancho con su entorno se limita a una videollamada semanal de 40 minutos. En estos contactos, el español relata sus intentos por aprender tailandés para comunicarse con los guardias, aunque su núcleo de confianza lo forman otros presos europeos. “Los europeos que hay allí hacen piña”, comentaba Bronchalo. El idioma es una barrera, por lo que el uso del inglés con otros extranjeros se ha convertido en su único refugio social dentro del patio.

Cabe destacar que la subsistencia en Surat Thani depende en gran medida del apoyo económico familiar. Silvia ingresa cada 15 días unos 400 euros que se traducen en productos de higiene y alimentación básica. En un entorno donde solo se sirven tres comidas al día, el café se ha convertido en la moneda de cambio oficial. “Se cambian café por agua porque la mayoría de la gente no tiene dinero”, explicaba, detallando el sistema de trueque que impera entre los muros.
Físicamente, el cambio es drástico. Sancho ya no luce su melena característica, sino el pelo muy rapado y el uniforme reglamentario de camiseta azul y pantalón corto. Silvia admitía que la falta de gimnasio y la dureza del encierro han mermado su envergadura física. “No es la mirada tan alegre que tenía antes”, concluía también, subrayando que la expresión de su hijo refleja ahora la severidad de la condena que ha transformado su vida para siempre.
Gente
