Hay jornadas en que Barcelona no se deja ni contar. Se cita y se explica a sí misma con una suficiencia casi modernista, que diría Gaudí si levantara la cabeza entre trecandissos y parábolas, y convierte toda crónica en un simple pie de página. Ayer pasó exactamente eso en un Godó que al mismo tiempo que perdía a Alcaraz ganaba la ilusión con este elegantísimo Jódar que a sus diecinueve años parece imparable.
Hay jornadas en que Barcelona no se deja ni contar. Se cita y se explica a sí misma con una suficiencia casi modernista, que diría Gaudí si levantara la cabeza entre trecandissos y parábolas, y convierte toda crónica en un simple pie de página. Ayer pasó exactamente eso en un Godó que al mismo tiempo que perdía a Alcaraz ganaba la ilusión con este elegantísimo Jódar que a sus diecinueve años parece imparable.Seguir leyendo…
Hay jornadas en que Barcelona no se deja ni contar. Se cita y se explica a sí misma con una suficiencia casi modernista, que diría Gaudí si levantara la cabeza entre trecandissos y parábolas, y convierte toda crónica en un simple pie de página. Ayer pasó exactamente eso en un Godó que al mismo tiempo que perdía a Alcaraz ganaba la ilusión con este elegantísimo Jódar que a sus diecinueve años parece imparable.
LA FOTO TIENE QUE SER DEL ACTO CON EL TOUR
Lo advirtió Jaume Collboni, con tono de quien no descubre nada sino que se limita a confirmar una intuición colectiva: Barcelona tiene el raro don de convertirse sin previo aviso en la capital mundial de lo que le convenga. De lo que quiera. Y ayer lo fue del tenis, claro, pero también del ciclismo en un acto en la central que hermanó el torneo de Pedralbes con el Tour de Francia para el que se ha inventado el maillot Barcelona tan amarillo como toca, con sus cuadrículas del Eixample y hasta los panots de nuestras calles. Pero también fue capital mundial del golf con la llegada de Denis O’Brien, propietario del inmejorable Camiral Golf & Wellness de Caldes de Malavella que acogerá ni más ni menos que la Ryder Cup 2031, para recibir de manos de Javier Godó, conde de Godó, el trofeo barcelonés en miniatura. Mientras se tomaban la foto de familia junto a Marisa Falcó, condesa de Godó, Carlos Godó, Josep Maria Coronas, Conchita Soucheiron, Catherine O’Brien y David Plana, irrumpió el indomable Joan Laporta haciendo gala de su épica resiliente que ni la Champions erosiona. Empresarios visionarios e imprescindibles en esta Barcelona cada vez más capaz de (casi) todo como Pau Relat, Francisco Reynés y Maite Barrera o las hermanas Rosa y Alba Tous (al frente ayer de la carpa de Rolex, la firma que controla el tiempo de los grandes torneos) dieron forma a esta ronda de emociones fuertes que también vivieron en primera línea Jordi Romañach( El Corte Inglés), Christoff Tessmar y Alberto Teichmann (Audi). La llegada ya casi en fuera de juego de uno de los Estopa –“¿Solo David?”, se quejaban muchos– y del Mago Pop les recordó a todos que la realidad siempre admite un truco más.
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