¿Por qué, como paso en The Bear, han convertido a un tipo decente en un cretino? La era de los tíos de mierda ha pasado… O debería Leer ¿Por qué, como paso en The Bear, han convertido a un tipo decente en un cretino? La era de los tíos de mierda ha pasado… O debería Leer
Escribo a unas horas de que acabe la segunda temporada de The Pitt, la mejor serie del momento (me niego a añadir un ridículo «para mí»; cada vez que das una opinión y algún Capitán Obvio responde que «eso será para ti», la democracia se tambalea). Volviendo a las urgencias del hospital de Pittsburgh, esta entrega es casi tan buena como la perfecta primera. Casi. Pero los guionistas han caído en el error de moda con los protagonistas masculinos: confundir sensible con atormentado, complejo con tóxico e intenso con gilipollas. Y van camino de cargarse al doctor Robby.
En la primera temporada, el personaje de Noah Wyle también tiene traumas. Muchos. Y asoman constantemente, pero jamás son la razón de ser de la trama ni la esencia del hombre. Son circunstancias y vive con ellas, como puede, mientras lidera con empatía y madurez. La última escena del capítulo final, cuando sólo quiere una cerveza para el camino e irse a dormir, sin aspavientos ni grandilocuencia, emociona justo por eso. Es un héroe a pesar de todos sus problemas y no necesita gritarlo a cámara. Basta con que ponga música en los auriculares y eche a andar, agotado, por un parque. Es, por encima de todo, un buen tío.
En esta segunda, sin embargo, han decidido que pase de ser el hombre que aspiramos a ser al viejo canon del que parecía que escapábamos. El genio al que se le permite ser cruel, el jefe que usa el látigo y no el ejemplo. Evitaremos spoilers, pero todo gira alrededor de su humor y, para qué engañarnos, está insoportable. Este Robby, irascible y borde, inmaduro y obvio, no es nuestro Robby. Pretendiendo hacerle complejo, lo han hecho más simple, lo han hecho peor y, a ratos, duele. La serie aguanta de sobra porque el resto es brillante, pero hacer progresivamente odiable al protagonista es el camino más rápido hacia el fracaso.
Miren The Bear, otra gran serie que cayó en lo mismo y, a base de forzar el cliché de tipo atormentado, convirtió a Carmy en un niñato insoportable, transformando al tío que todos nos queríamos tirar en un idiota del que hasta sus amigos huyen. Y con ellos, los espectadores.
La era de los hombres de mierda ha pasado. La Edad de Oro de las series [para señores] nos empujó a apreciar a escoria como Tony Soprano, Walter White o Don Draper, pero ahora sabemos ser mejores y no necesitamos esa testosterona rancia. Los tíos podemos admirar a un buen tío. Dejen a Robby ser Robby como Leo McGarry dejó a Bartlet ser Bartlet en El Ala Oeste de la Casa Blanca (Sorkin siempre ha sabido que los malotes son trampantojos para simples). Salven al hombre decente, salven The Pitt.
Cultura // elmundo
