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El serial de la ‘sorpresa oval’ de la Casa Blanca sumó este jueves un nuevo episodio. Quince días después de que el Gobierno español mostrara su «sorpresa» porque el canciller alemán no defendiera a España cuando el presidente de EEUU arremetió contra nuestro país junto a él en la Casa Blanca, Pedro Sánchez se dirigió directamente a por Friedrich Merz en Bruselas. En pleno Consejo Europeo, rodeados de 25 mandatarios de la UE, ambos líderes se miraron cara a cara desde sus respectivos 1,90 de altura e hicieron gala de diplomacia comunitaria en un intento conjunto de cerrar filas y pasar página.
Pero no todo es tan sencillo y hay mucha geopolítica la que subyace tras este triángulo protagonizado por Donald Trump, Pedro Sánchez y Friedrich Merz.
Desde el corazón de Europa existe un plan de cara a una determinada celebración: la cumbre de líderes de la OTAN los días 7 y 8 de julio en Ankara (Turquía). Para Berlín, esta cita es clave para el devenir de la actual relación Washington-Bruselas. Según fuentes diplomáticas, Europa debe salir del encuentro en territorio turco habiendo lanzado con éxito a EEUU un «mensaje estratégico». Este consistiría en «demostrar al presidente Trump que estamos verdaderamente comprometidos con la defensa transatlántica, aumentar rápidamente nuestras capacidades europeas y, de este modo, mantenerlo involucrado en la seguridad europea», precisan las mismas fuentes.
Para cumplir esta misión, no se puede irritar de aquí al verano a Donald Trump, lo que encaja con la escena de un Friedrich Merz en Washington sin intervenir en público en defensa de un socio europeo al que el presidente de EEUU amenazaba con un embargo. A su vez, coincide con que cada vez más líderes se suman al nuevo ‘lenguaje’ del actual Despacho Oval: no enfrentarse al presidente republicano, no hacerle perder los estribos y no dejar aflorar las emociones, por mucho que estén criticando a tu propia ‘casa’ (la UE, en el caso de Merz). Algo que hasta el propio Volodimir Zelenski, primer conejillo de indias de las encerronas ‘ovales’, aprendió y asumió.
La famosa expresión «la hora de Europa» pasa también por mantener a los estadounidenses implicados en la seguridad del Viejo Continente. Y si eso cuesta un «altibajo» en la relación entre la Cancillería y la Moncloa, ya habrá encuentros como el del pasado jueves en Bruselas para reconducir todo de la manera más práctica (una característica muy germana). Sin necesidad de pedir armonía a Pedro Sánchez con Donald Trump, e incluso sin exigir que Madrid llegue ya mismo al 5% del PIB en Defensa, pero sí dejando bien claro que no se entorpezca el camino del buen entendimiento que se persigue con Estados Unidos. Al menos, hasta el 9 de julio, cuando las potencias europeas podrán ya respirar… o poner sus barbas a remojar.
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