Con el verano dando sus últimos coletazos, Venecia ya no necesitaba más visitantes. Pero durante los primeros días de septiembre el Lido, la alargada isla situada entre la laguna y el Adriático donde se celebra la Mostra, vuelve a concentrar todas las miradas para el festival de cine más romántico y glamuroso.
La ciudad se llena de celebridades, fiestas y glamour mientras avanza el festival
Con el verano dando sus últimos coletazos, Venecia ya no necesitaba más visitantes. Pero durante los primeros días de septiembre el Lido, la alargada isla situada entre la laguna y el Adriático donde se celebra la Mostra, vuelve a concentrar todas las miradas para el festival de cine más romántico y glamuroso.
Actores cruzando los canales en taxi acuático, paparazzi apostados frente a los embarcaderos, hedonistas comiendo pizza vestidos de esmoquin y curiosos que esperan, teléfono en mano, que alguna estrella aparezca entre los pasajeros de una u otra embarcación. La ciudad de los canales cambia de ritmo cuando llega la Mostra. Y, durante esta 83.ª edición del Festival de Cine de Venecia, el cine ha vuelto a mezclarse con la moda, el lujo y esa teatralidad que parece inevitable en esta ciudad tan especial.

El barcelonés Ramón Jordana, representante de Georgina Rodríguez y fundador de Angels Project, cuenta a La Vanguardia desde Venecia que el festival se percibe mucho antes de llegar al Lido. “Es una de las grandes semanas de Venecia y, durante estos días, la ciudad se transforma por completo. Hasta vienen personas de otras partes de Italia a trabajar solo por esta semana”.
Jordana participa en algunas de las puestas en escena de las espectaculares llegadas de las estrellas a la ciudad: “Aquí, el barco sustituye al coche como medio de transporte y eso hace que cada llegada se convierta en una pequeña escena cinematográfica. Cada estilismo, cada aparición y cada detalle están medidos al milímetro, porque todo funciona como una gran pasarela para las firmas de lujo y, precisamente por la expectación y el interés que genera, entiendes por qué este festival es uno de los acontecimientos más exclusivos del mundo”.

La fiebre de la Mostra también se deja notar en los hoteles de lujo. El Gritti Palace, uno de los establecimientos más emblemáticos de Venecia, se convierte estos días en punto de encuentro de invitados y profesionales del festival y encara el fin de semana con el cartel de completo colgado en la puerta.
En los palacios junto al Gran Canal y en los hoteles del centro los encuentros se alargan cuando terminan las proyecciones, pues, si el día pertenece al cine, la noche suele pertenecer a la moda. Las fiestas, cenas y encuentros de las grandes marcas forman parte del paisaje del festival casi tanto como las películas. Entre ellas, la noche del jueves se inauguró el nuevo museo de Pierre Cardin en el palacio veneciano que habitó el diseñador, quien era un habitual de las grandes fiestas venecianas y fue una de las figuras que contribuyeron a convertirlas en encuentros imprescindibles de la alta sociedad y el mundo de la moda. La marca celebró una fiesta con temática space age y sorprendió a los invitados con máscaras como obsequio, convirtiendo la cita en un auténtico viaje al universo futurista que siempre definió el imaginario de Cardin.

Entre los rostros que ponen estos días el glamour en las calles de Venecia está el de Susan Sarandon, que a sus 79 años ha vuelto a demostrar que la elegancia no tiene por qué pasar por un complicado conjunto en la alfombra roja. La actriz ha impuesto su naturalidad en el festival luciendo su característica melena pelirroja suelta, una sencilla camisa blanca con vaqueros y unas deportivas.
El conde Nicolás de Monpezat, expríncipe danés, nieto de la reina Margarita II, también se dejó ver en el festival junto a su pareja, la modelo Benedikte Thoustrup. La pareja, que mantiene una relación desde el 2018, protagonizó una de sus escasas apariciones públicas conjuntas, sumando un nuevo rostro conocido al desfile de invitados.

Por su parte, George Clooney es ya parte del paisaje de la Mostra. Este año ha regresado a Venecia por un motivo especial: recibir el León de Oro honorífico por toda su trayectoria durante la ceremonia inaugural. Su relación con el festival viene de lejos. Además Venecia también fue escenario de su boda con Amal en el 2014, y la pareja ha seguido vinculada a la ciudad.
Otro rostro habitual en la cita es el Georgina Rodríguez, quien desde su primera aparición en el 2020 no se ha perdido ni una edición. En esta ocasión visitó un conjunto a medida de Gucci por Demna Gvasalia y vistosas joyas de Pasquale Bruni.
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