El líder norcoreano está renovando villas, puertos deportivos y su gran balneario de Wonsan, símbolo del lujo de una élite que vive al margen de la realidad del país Leer El líder norcoreano está renovando villas, puertos deportivos y su gran balneario de Wonsan, símbolo del lujo de una élite que vive al margen de la realidad del país Leer
Las playas privadas de la familia Kim nunca aparecen en las fotografías oficiales de Corea del Norte. Tampoco las piscinas olímpicas, las pistas ecuestres, los embarcaderos para yates o las mansiones escondidas entre pinares. Son lugares que el régimen intenta mantener fuera del foco porque contradicen el relato con el que durante décadas se ha presentado a Kim Jong-un: el líder que comparte las penurias de su pueblo.
Pero las imágenes por satélite cuentan otra historia. Mientras millones de norcoreanos sobreviven con escasez crónica de alimentos, el verano del dictador transcurre entre reformas de residencias de lujo y visitas a un gigantesco complejo turístico levantado para proyectar la imagen de un país próspero que solo existe para unos pocos.
En la costa oriental, junto a la ciudad de Wonsan, obreros trabajan desde hace semanas en la cubierta de una de las villas favoritas de Kim. Muy cerca suele permanecer atracado su yate de recreo, valorado en unos siete millones de dólares. En Pyongyang también avanzan las obras en otro complejo residencial. Lo mismo ocurre en un refugio junto a un lago y en una inmensa finca familiar que dispone incluso de plataformas para pruebas de misiles.
Según un análisis reciente de imágenes satelitales realizado por NK Pro, un medio especializado en monitorizar todo lo que sucede en territorio norcoreano, al menos nueve residencias vinculadas al líder comenzaron trabajos de remodelación entre finales de mayo y principios de junio. Los expertos calculan que Kim posee más de una docena de propiedades repartidas por todo el país.
Son residencias de las que apenas existen fotografías exteriores. Sin embargo, durante años, el análisis satelital ha permitido localizar instalaciones que incluyen piscinas, pistas de aterrizaje, establos y embarcaderos para los yates. El ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, apareció el pasado verano en imágenes oficiales navegando junto a Kim a bordo de un yate de dos plantas y 29 metros de eslora. Unos años antes, el ex jugador de la NBA Dennis Rodman, amigo del dirigente norcoreano, comparó un paseo en esas embarcaciones con unas vacaciones de lujo en Hawái o Ibiza.
Mientras la economía norcoreana continúa sometida a sanciones internacionales, Kim sigue encontrando vías para acceder a productos de lujo prohibidos. Ha sido fotografiado luciendo relojes suizos de alta gama, desplazándose en vehículos Mercedes-Maybach y, según reveló hace años la inteligencia surcoreana, él y su esposa instalaron saunas de fabricación alemana en varias de sus residencias.
Un informe publicado en 2024 por un centro de estudios vinculado al Ministerio de Defensa surcoreano calcula que el régimen ha destinado hasta 1.800 millones de dólares a mantener los privilegios de la élite gobernante mediante automóviles, artículos de lujo, viviendas exclusivas y atención médica preferente.
Igual que hacía su padre, Kim Jong-il, que utilizaba relojes caros, coñac francés o vehículos importados para recompensar la lealtad de los altos cargos, el actual dictador mantiene cohesionada a la élite repartiendo privilegios inaccesibles para el resto de la población.
Uno de los sus proyectos más personales en estos momentos del líder supremo es el complejo turístico de Wonsan-Kalma, bautizado por la prensa desde hace años como el «Benidorm de Corea del Norte».
El gigantesco balneario ocupa varios kilómetros de costa y está formado por hoteles, apartamentos, parques acuáticos, instalaciones deportivas, centros comerciales y playas artificiales con capacidad, según el régimen, para recibir hasta 20.000 visitantes al año.
La idea nació hace más de una década, cuando una delegación norcoreana viajó discretamente a la costa mediterránea española para estudiar complejos turísticos en Benidorm y parques temáticos como Terra Mítica.
La pandemia frustró los planes iniciales. El complejo, que debía inaugurarse en 2020, quedó durante años convertido en una ciudad fantasma de edificios vacíos. Algunos medios especializados llegaron a informar de que muchas de aquellas construcciones abandonadas habían terminado siendo refugio para personas sin hogar.
Kim logró finalmente inaugurar el proyecto el año pasado entre grandes celebraciones retransmitidas por la televisión estatal. Rodeado de altos cargos y acompañado, como ya es habitual, por su hija Kim Ju-ae (la niña de unos 12 años que Pyongyang presenta cada vez con mayor frecuencia como heredera del linaje familiar), el líder calificó el complejo como «una de las mayores hazañas del año» y aseguró que marcaría el nacimiento de una nueva cultura turística norcoreana.
Kim regresó a principios de julio a su balneario para inspeccionar personalmente las nuevas infraestructuras. Según informó la agencia oficial KCNA, revisó la estación ferroviaria construida para dar servicio al complejo, elogió la rapidez con la que se había levantado, aunque criticó algunos acabados, y ordenó utilizar ese modelo para modernizar estaciones en otras provincias.
Pero todo este escaparate turístico convive con una realidad mucho más sombría: una gran parte de la población continúa sufriendo inseguridad alimentaria crónica. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura lleva años advirtiendo de déficits persistentes en la producción agrícola, agravados por las sanciones, los desastres naturales y el cierre de fronteras durante la pandemia.
«El régimen invierte enormes recursos en proyectos propagandísticos mientras las necesidades básicas de la población siguen sin cubrirse«, resume el investigador surcoreano Hong Min, del Korea Institute for National Unification. En la misma línea, el especialista estadounidense Andrei Lankov sostiene desde hace años que «las grandes construcciones impulsadas por Kim buscan reforzar la legitimidad del régimen mediante símbolos de prosperidad destinados principalmente a la élite y a la propaganda exterior, no a mejorar el nivel de vida de la mayoría de los ciudadanos».
Mientras el país más aislado del planeta continúa pidiendo sacrificios a una población sometida al racionamiento y a una férrea represión, su dictador dedica el verano a renovar villas frente al mar e inspeccionar playas artificiales inspiradas en la costa española.
Internacional // elmundo
