La contrarreloj no engaña. 42 kilómetros eran suficientes para cambiar el transcurso del Giro de Italia, pero el deseo de Jonas Vingegaard para hacerse con la maglia rosa quedó a 27 segundos de producirse en la décima etapa. Las expectativas eran máximas. Las dos finales en alto llevaban su nombre y el danés quería más tras la segunda jornada de descanso. El cautivador ambiente costero se convirtió en una oportunidad para acercarse al liderato de la general.
El ciclista danés se queda a 27 segundos de Alfonso Eulálio, líder de la clasificación general del Giro de Italia
La contrarreloj no engaña. 42 kilómetros eran suficientes para cambiar el transcurso del Giro de Italia, pero el deseo de Jonas Vingegaard para hacerse con la maglia rosa quedó lejos de producirse en la décima etapa. Las expectativas eran máximas. Las dos finales en alto llevaban su nombre y el danés quería más tras la segunda jornada de descanso. El cautivador ambiente costero se convirtió en una oportunidad desperdiciada para amarrar la general.
El maillot de líder lo vestía con orgullo Alfonso Eulálio, sabedor de que la gloria de lucirlo ya había sido su gran victoria. Pero las oportunidades de retenerlo pasaban por mantener los 2 minutos y 24 segundos respecto al jefe de filas del Visma, quien desaprovechó la ocasión de acabar con el sueño del portugués.
Vingegaard se quedó lejos de ser el gran animador de la jornada en una modalidad que, lejos de ser su especialidad, ya le encumbró en el Tour de Francia 2023 al destrozar a Pogacar para amarrar la ronda francesa. Esta vez, el desafío no tenía la misma magnitud y la crono era su oportunidad ideal para proclamarse líder, antes de afrontar el reto en la segunda semana del Giro, con la llegada a los Alpes.
El danés nunca había afrontado una contrarreloj tan larga y trató de exprimirse para alejarse de la asfixiante presión ejercida por Felix Gall en la general -al que sacó un minuto y 22 segundos-. Esta vez no tenía que estrujarse en la montaña y sus dotes de escalador no marcaban la diferencia. En cada recta y en cada curva trató de apretar para arañar valiosos segundos a Alfonso Eulálio, que cedió un minuto y 57 segundos para resistir como líder y quedarse a 27 segundos de Vingegaard.
Filippo Ganna, el protagonista de la tarde
La tarde, lejos de ser redonda para el Visma, fue histórica para Ineos, que encabezó un doblete en la contrarreloj gracias al segundo puesto de Thymen Arensman y el gran triunfo de Filippo Ganna. El italiano era el favorito para ganar la única batalla en solitario de esta edición. Corría en casa y en un trazado que le iba como anillo al dedo. Tras ganar dos cronos esta campaña (Tirreno y Algarve), dio la talla y voló en un circuito completamente llano entre Viareggio y Massa.
Solo una sorpresa mayúscula podía evitar el triunfo del ciclista y, con una velocidad de récord, el ‘Gigante de Verbania’ marcó los 54,921 kilómetros por hora de media, la crono de más de 40 kilómetros más rápida de las Grandes Vueltas, que estaba en poder del exciclista británico David Millar con 54,351 km/h en el Tour de Francia del 2003.
El doble campeón del mundo de la modalidad fue un auténtico misil. Su superioridad fue evidente. Incluso desquiciante, llegando a adelantar a rivales que salieron hasta siete minutos antes. El ritmo exhibido se convirtió en un desafío inalcanzable para los hombres fuertes de la general, incapaces de reducir los 45 minutos y 53 segundos del italiano, que logró su octava victoria en el Giro de Italia, de las cuales siete han sido en cronos.
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