En los últimos tiempos se ha institucionalizado una manera televisiva de entrevistar. Son entrevistas en el coche.
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En los últimos tiempos se ha institucionalizado una manera televisiva de entrevistar. Son entrevistas en el coche.
A veces, el entrevistador lleva el volante. Mientras se detiene en los semáforos y atraviesa los bulevares, le va lanzando preguntas al entrevistado. En otras ocasiones, ambos comparten la fila trasera. En todos los casos, el efecto es tan íntimo como generoso: entrevistador y entrevistado apenas se miran a los ojos, y por eso mismo las confidencias van surgiendo.
Por la mañana se entrena; luego, come; luego, siesta de dos horas y gimnasio; y de las 19 a las 00h, a la Play
Lector, usted ya habrá comprobado un efecto parecido: cuando nos acompañan en el coche, nuestros críos tienden a escucharnos y a sincerarse. Cuando no nos miran a los ojos, nos cuentan su vida, lo que pasa en el colegio.
Eso, siempre y cuando no anden distraídos con el móvil, claro, con los reels, el Roblox o el Tetris, el Insta, TikTok…
El efecto móvil y su capacidad cronófaga (se come nuestro tiempo, el nuestro, el de nuestras criaturas, el de nuestros amigos) me viene a cuento porque el otro día estuve contemplando una entrevista de coche: Ibai Llanos conversaba con Vinícius.
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Qué fascinación de charla, pues eso es lo que parecía la cosa: qué bien se llevaban ambos, que cercanía había a bordo. Ante la cámara, Vinícius se mostraba relajado y sonriente, nada que ver con el tipo tenso, rebelde y quejicoso que suele aparecer en el terreno de juego. Vini hablaba de su familia, sus amigos, la pasión por el fútbol, y todo iba bien hasta que el hombre se dejó ir demasiado.
Cuando Ibai Llanos le preguntó cómo era su día a día, Vinícius le contestó:
–Me entreno por la mañana, llego a casa normalmente a las dos de la tarde y entonces como con mis amigos. Luego hago una siesta de dos horas. Luego, gimnasio y, desde las 19h hasta las 00h, juego a la PlayStation con mis amigos.
E Ibai Llanos le rió el dato:
–¿A qué juegas normalmente?
–Al Call of Duty y al FIFA.
Ya.
Cinco horas diarias de PlayStation.
Y hasta las doce de la noche.
Y ahí ya no pude más con la entrevista. Abandoné la sala de visualizaciones y me dispuse a darle vueltas a la revelación de Vinícius. Su última actividad del día: cinco horas con la Play. Cierto, sospecho que, en eso, no es alguien especial, sino uno más entre tantos jóvenes. Pero mi perspectiva va más allá. El problema no es que pase cinco horas diarias ante la Play (y acostándose hiperexcitado, acaso confundiendo realidad y ficción). El problema es que nos lo cuenta como si nada. Como si fuera algo normal.
Y así, no nos ayuda.
A veces, la sinceridad está sobrevalorada.
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