El fichaje de Vitor Roque dejó una lección en el Barça que todavía está presente en los despachos de Arístides Maillol. El brasileño llegó con 18 años, una enorme expectación y la responsabilidad de justificar una inversión millonaria, 30 millones de euros más otros 31 en variables. Ocho meses después se marchó al Betis por la puerta de atrás, con apenas 353 minutos, dos goles y una sensación de fracaso para todas las partes. Su ejemplo, sin embargo, se ha convertido en una referencia para la captación de jóvenes promesas. El objetivo ahora es evitar que un futbolista con condiciones para triunfar acabe perdiéndose por una mala planificación.
La experiencia negativa con el brasileño ha hecho que se cambien los procesos de los ojeadores del club blaugrana
El fichaje de Vitor Roque dejó una lección en el Barça que todavía está presente en los despachos de Arístides Maillol. El brasileño llegó con 18 años, una enorme expectación y la responsabilidad de justificar una inversión millonaria, 30 millones de euros más otros 31 en variables. Ocho meses después se marchó al Betis por la puerta de atrás, con apenas 353 minutos, dos goles y una sensación de fracaso para todas las partes. Su ejemplo, sin embargo, se ha convertido en una referencia para la captación de jóvenes promesas. El objetivo ahora es evitar que un futbolista con condiciones para triunfar acabe perdiéndose por una mala planificación.
“Todavía hoy utilizamos el ejemplo de Vitor Roque para muchas de las decisiones que tenemos que tomar”, reconoció João Amaral, responsable del departamento de ojeadores blaugrana, en una entrevista en el podcast The Pitch Invaders. El Barça no solo quiere identificar a los mejores futbolistas, también necesita determinar cuándo están preparados para dar el salto y cómo afrontar su adaptación.
Creo que lo que acabó matando el proceso de Vitor Roque dentro del club fue el timing”
Amaral, que llegó al Barça después de la contratación de Roque y hoy es la mano derecha de Deco, no cuestiona las cualidades del delantero. “Es un jugador fantástico. Encajaba perfectamente en la idea de fútbol del Barcelona”, explicó. Entonces, ¿qué falló? El problema estuvo, según él, en el momento elegido para incorporarlo: “Creo que lo que acabó matando el proceso de Vitor Roque dentro del club fue el timing”.
El brasileño aterrizó en enero del 2024, con la temporada en marcha y sin apenas margen para adaptarse. “Llegó en una ventana de mitad de temporada, cuando el equipo estaba en un proceso totalmente diferente”, recordó Amaral. La presión, muy alta, terminó condicionando su rendimiento. “Esa presión era diaria y ni siquiera en los entrenamientos conseguía ser el Vitor Roque que él mismo conocía”.
Todavía hoy usamos su ejemplo para muchas de las decisiones que tenemos que tomar”
La principal enseñanza tiene que ver con los tiempos de adaptación. “Creo firmemente que un jugador que viene de Brasil, cuando no es un fuera de serie, necesita como mínimo cinco o seis meses para adaptarse”, sostuvo. Una idea que ahora sirve de referencia para evaluar nuevas incorporaciones. “Vitor Roque no tuvo tiempo para adaptarse y alcanzar su máximo rendimiento”, lamentó. La experiencia también ha reforzado la importancia de conocer al futbolista más allá del terreno de juego. “Cuando llegamos a la última fase del reclutamiento, es importante conocer más profundamente al jugador, a su familia y a su entorno”, explicó. La calidad deportiva no basta para triunfar en el Barça. “La propia plantilla, qué tipo de jugadores tienes, el entrenador, el momento del equipo… Todos esos contextos van a determinar el éxito o el fracaso de un jugador”.
El portugués, que detalló que trabaja coordinado con la dirección deportiva, los responsables de formación y el primer equipo, ha introducido cambios en la metodología de los ojeadores desde su llegada en el 2025. El departamento ha abandonado las puntuaciones numéricas del cero al diez para apostar por informes descriptivos. Además, reivindica la observación presencial. “Nos apoyamos en exceso en los números y en el inmenso mar de datos”, advirtió. “Lo que más les pido a mis scouts es que, cuando vean a un jugador y sientan de corazón que tiene algo especial, lo escriban y lo identifiquen”.
Hamza es un delantero centro, un nueve, que llegó en el momento adecuado, cumplió los procesos del club y tiene una mentalidad que ayuda”
Amaral presenta el caso de Hamza Abdelkarim como ejemplo de un proceso correcto . “Es un perfil que la Masia normalmente no produce. Es un delantero centro, un nueve, que llegó en el momento adecuado, cumplió los procesos del club y tiene una mentalidad que ayuda mucho a que su desarrollo sea eficaz”, explicó.
En paralelo, el Barça está adaptando los perfiles que busca. “Identificamos que era importante desarrollar dentro del club una mayor variedad y diversidad de perfiles por posición”. Y pone ejemplos. “Quizá los extremos que produce la Masia son demasiado de juego interior. Buscamos perfiles que ataquen más los espacios, que sean más verticales”, señaló. La defensa es otro de los grandes objetivos. “Ya hemos reclutado a algunos jugadores (el alemán Mikael Baza y el ecuatoriano Josué Caicedo son ejemplos de ello) para las categorías inferiores. Era una posición en la que teníamos cierto déficit”, señaló.
Nos apoyábamos en exceso en los números y en el inmenso mar de datos”
La dirección deportiva quiere anticiparse a los grandes clubs europeos en la detección de jóvenes promesas, pero teniendo margen para planificar su desarrollo con su debido tiempo. “Si no aprendemos de los errores, no evolucionamos”, reflexionó Amaral. El caso Vitor Roque no explica todos los cambios del scouting blaugrana, pero sí ha enseñado que no basta con fichar al presunto próximo crack, también hay que saber cómo ayudarlo a crecer.
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