Todo estaba preparado para los velocistas en una etapa 11 del Tour de Francia propicia entre Vichy y Nevers. Tras una jornada muy dura el martes, en la que sufrió para entrar en el tiempo de control, Tim Merlier se erigía este miercóles en el rival a batir. Olav Kooij creía “posible batir” al belga, mientras que Jasper Philipsen, aún sin triunfos parciales esta edición, abogaba “por seguir el plan”. Pero ninguno de los especialistas contaba con el protagonismo de Soren Waerenskjold, que a la postre fue el sorprendente ganador del día.
El noruego, que no es un sprinter, gana la etapa tras aprovechar la indecisión de los especialistas Philipsen, Kooij, Merlier y Girmay
Todo estaba preparado para los velocistas en una etapa 11 del Tour de Francia propicia entre Vichy y Nevers. Tras una jornada muy dura el martes, en la que sufrió para entrar en el tiempo de control, Tim Merlier se erigía este miercóles en el rival a batir. Olav Kooij creía “posible batir” al belga, mientras que Jasper Philipsen, aún sin triunfos parciales esta edición, abogaba “por seguir el plan”. Pero ninguno de los especialistas contaba con el protagonismo de Soren Waerenskjold, que a la postre fue el sorprendente ganador del día.
El noruego aprovechó la indecisión de los velocistas para hallar un resquicio por la derecha, casi en el margen de la carretera, que le catapultó hasta la meta. Cuando Kooij y Philipsen quisieron reaccionar, ya era muy tarde. Merlier, mal posicionado, no entró ni en la ecuación.
“De pronto estaba delante. Sabía que tenía corredores mejores que yo, pero si tenía suerte podía ganar. Tenía confianza en mí. Es increíble esta victoria. Ha sido raro. Se abrió un hueco y he cogido la rueda del corredor del Decathlon (Cees Bol)”, analizó el escandinavo, que además sufrió una caída sin consecuencias al principio de una etapa sin cambios en la general.
El escandinavo se impuso en la etapa más rápida de la historia del Tour con una media de 50,91 km/h
La etapa de 161, 3 km, con apenas dos colinas de cuarta categoría, acabó siendo la más rápida en las 113 ediciones de la Grande Boucle. El pelotón completó el recorrido con una media de 50,9 km/h. La historia estaba esperando en una jornada que comenzó en Vichy, capital de la Francia controlado por los nazis en la II Guerra Mundial, y acabó en Nevers, territorio clave en la Guerra de las Galias romanas. Julio César hizo de esta localidad un lugar donde guardar rehenes, dinero y caballos, pero el pueblo local traicionó al jerarca y quemó la ciudad. Ahora Waerenskjold ha dejado su pequeña huella a orillas del Loira.
De pronto estaba delante. Sabía que tenía corredores mejores que yo, pero si tenía suerte podía ganar. Tenía confianza en mí”
El pelotón dejó hacer en los primeros kilómetros a los cuatro fugados, que estuvieron siempre a merced del gran grupo con poco más de un minuto de margen. Le Berre, Oliveira, y Charmig aguantaron a falta de poco más de 5 km para el final, pero el doble campeón mundial Alaphilippe, ya lejos de sus mejores años, perdió la rueda ya en el Côte de Billy-Chevannes, de 1,4 km al 5% de media.
Ya entrando en Nevers, y antes de una curva traicionera, comenzaron los escarceos en los equipos de los sprinters en busca de la mejor posición. El NSN de Girmay inició las hostilidades con un cambio de ritmo. Mientras, el Alpecin de Philipsen conseguía por un momento agrupar un buen número de efectivos. Merlier y su Quick Step, en cambio, no lograban salir victoriosos de la guerra de guerrillas. Y Cees Bol, del Decathlon, parecía lanzar a Kooij a 400 metros del final, aunque en realidad solo fue la señal para que Waerenskjold se agarrara a su intuición. Contrarrelojista y rodador, lejos de ser velocista, la fe movió sus pedales más que sus piernas. Philipsen, con algún movimiento polémico, y Kooij le recortaron muchos metros en apenas un suspiro, pero a ambos les faltaron unos pocos centímetros para arrebatarle la mayor victoria de su carrera al ciclista del Uno-X.
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