En el encuentro, de apenas media hora, se celebró en los márgenes de la cumbre de ministros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) Leer En el encuentro, de apenas media hora, se celebró en los márgenes de la cumbre de ministros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) Leer
En los márgenes de la cumbre de ministros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), Estados Unidos y Rusia volvieron este jueves a sentarse frente a frente. La reunión entre el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, apenas superó la media hora. Pero ese tiempo, según apuntan algunos analistas, fue suficiente para confirmar una evidencia que lleva meses marcando la relación entre ambas potencias: el diálogo no está completamente roto, pero tampoco existe, por ahora, una vía real para desbloquear la guerra en Ucrania.
El encuentro se produjo en un escenario nuevo. Manila acogía una reunión regional centrada oficialmente en la seguridad y la cooperación en el Indo-Pacífico. Pero la invasión rusa de Ucrania volvió a colarse en la agenda, recordando hasta qué punto el conflicto sigue condicionando el equilibrio internacional, incluso a miles de kilómetros del frente europeo.
Según el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Lavrov «reafirmó la disposición de Rusia a una solución política y diplomática del conflicto» y trasladó a Rubio que Moscú continúa comprometido con las propuestas discutidas por Donald Trump y Vladimir Putin durante su reunión de agosto de 2025 en Alaska. Al mismo tiempo, el jefe de la diplomacia rusa insistió en las líneas rojas del Kremlin: calificó de «inaceptable seguir suministrando armas al régimen de Kiev» y volvió a acusar a los países europeos de perseguir una «derrota estratégica» de Rusia.
Washington, por el contrario, optó por un perfil bajo. El Departamento de Estado apenas ofreció detalles del encuentro y se limitó a señalar que ambos responsables «discutieron la relación entre Estados Unidos y Rusia y la necesidad de poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania». La escueta nota refleja el momento delicado que atraviesan unas negociaciones que llevan meses sin avances tangibles.
Más allá del lenguaje diplomático, las posiciones de ambos gobiernos permanecen prácticamente inalteradas. Moscú mantiene como condición para cualquier acuerdo que Ucrania acepte pérdidas territoriales y renuncie definitivamente a sus aspiraciones de ingresar en la OTAN. Kiev rechaza de plano esas exigencias al considerarlas una legitimación de la invasión, mientras reclama mayores garantías de seguridad occidentales antes de aceptar cualquier alto el fuego.
La reunión en Manila coincidió además con un nuevo intento de reactivar la vía diplomática. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, anunció este jueves que había mantenido «una buena e importante conversación sobre cómo revitalizar la diplomacia» con los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner. El mensaje buscaba trasladar la idea de que Washington sigue implicado en la búsqueda de una salida negociada, aunque la atención estratégica de la Casa Blanca haya girado en los últimos meses hacia la guerra en Oriente Próximo.
«Creo que la guerra en Ucrania ha obstaculizado, en muchos sentidos, la capacidad de Rusia y EEUU para encontrar puntos en común sobre otros temas», declaró Rubio a los periodistas antes de su encuentro con su homólogo ruso. «Eso no significa que no busquemos otras áreas de posible cooperación. Pero nos gustaría que esa guerra llegara a su fin». El secretario de Estado añadió que su país sigue dispuesto a desempeñar un papel en la resolución del conflicto «si se presenta la oportunidad».
Lavrov, por su parte, rebajó las expectativas antes de entrar en la sala. La reunión sería «útil en cualquier caso», afirmó. «Es bueno hacer preguntas y obtener respuestas», señaló, adelantando que preguntaría directamente a Rubio por las recientes declaraciones de Trump, quien ha asegurado en varias ocasiones que un acuerdo podría estar más cerca de lo que parece.
Ese optimismo contrasta con la evolución del conflicto sobre el terreno. Mientras las conversaciones permanecen congeladas, Rusia ha intensificado sus bombardeos contra ciudades ucranianas, incluido el ataque masivo con misiles y drones que a finales de junio dejó al menos una treintena de muertos en Kiev. Al mismo tiempo, Ucrania ha incrementado sus operaciones de largo alcance contra infraestructuras energéticas rusas, alcanzando refinerías y depósitos de combustible, en una estrategia destinada a elevar el coste económico de la guerra para el Kremlin.
La cita entre Rubio y Lavrov, según recogieron ambas partes, también sirvió para abordar otros focos de tensión, especialmente Oriente Próximo. Rusia ha condenado los ataques estadounidenses contra Irán, uno de sus principales socios estratégicos.
El encuentro en Manila no dejó anuncios ni avances concretos. Pero sí confirmó que, incluso en un momento de máxima confrontación, Washington y Moscú mantienen abiertos pequeños canales de comunicación. Aunque estos siguen muy condicionados por la guerra iniciada por Vladimir Putin, la cual impide cualquier intento serio de reconstruir la relación entre las dos mayores potencias nucleares del planeta.
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