Dos años después de los Juegos de París y dos antes de los de Los Ángeles es el momento idóneo para experimentar. Saber hasta dónde está el límite y si se pueden abrir otros caminos, más pedregosos pero más ambiciosos, con el riesgo que eso conlleva en un Europeo que ha ganado exigencia con al regreso de Rusia a su mejor nivel (aunque sea aún como equipo neutral). Por eso, que España, la gran sensación de los últimos Mundiales de Singapur con Andrea Fuentes a los mandos, se haya ido de vacío de la primera jornada en París se debe coger con pinzas.
En la final de dúo técnico, Iris Tió y Lilou Lluís fueron octavas tras una ‘base mark’ en un híbrido, mientras que Dennis González, que ha sufrido un año muy duro, se quedó a las puertas del bronce en el solo técnico
Dos años después de los Juegos de París y dos antes de los de Los Ángeles es el momento idóneo para experimentar. Saber hasta dónde está el límite y si se pueden abrir otros caminos, más pedregosos pero más ambiciosos, con el riesgo que eso conlleva en un Europeo que ha ganado exigencia con al regreso de Rusia a su mejor nivel (aunque sea aún como equipo neutral). Por eso, que España, la gran sensación de los últimos Mundiales de Singapur con Andrea Fuentes a los mandos, se haya ido de vacío de la primera jornada en París se debe coger con pinzas.
Uno de esos asteriscos es el de Dennis González, doble campeón mundial en solo y dúo mixto, que se prepara para ser olímpico en 2028 pero que ha aprovechado el año para pasar por quirófano y arreglarse el destrozo que tenía en uno de sus hombros. “Vivió uno de los años más duros de su vida. Tenía tres problemas: en el supraespinoso, el bíceps y el labrum. Se lo han reconstruido. Fue todo muy atropellado, le tuvimos que decir que tuviera paciencia y lo forzamos a parar. Es un animal que no se detiene con dolor, es como Rafa Nadal. Creo que hemos hecho una inversión para los Mundiales y los Juegos”, explicó Andrea Fuentes.
Por eso, Dennis González salió en la rutina de solo técnico con una dificultad muy baja (30.500), siete y ocho puntos menos que el británico Ranjuo Tomblin (249.3951), que fue oro, y siete que el nadador ruso Zakhar Trofimov, quien se colgó el bronce (235.7858) y adelantó por solo cuatro décimas al nadador de Rubí (235.3858). La plata fue para el italiano, joven pero con medallas mundiales y europeas, Filippo Pelati (241.7008).
“Es un animal que no para con dolor, como Nadal, tuvimos que forzarle a descansar”
Dennis bailó en el agua la misma pieza que en los Mundiales de Singapur, cuando fue plata mundial, ‘Lovely’ de Billie Ellish y Khalid, pero en esta ocasión su estado físico no le permitió aumentar el nivel y le impidió alcanzar esos 241 puntos que si le hubieran dado la plata o el bronce europeo. “Pensé en dejarlo y no lo hice gracias a Andrea”, explicó a Efe el solista, quien entendió que debía escuchar más su cuerpo y descansar. Todavía le queda un dúo mixto y el acrobático.
Si por la mañana, en la preliminar del dúo libre, Iris Tió y Lilou Lluís habían conseguido la mejor puntuación (316.3850) con la misma coreografía con la que un año antes en Singapur se colgaron el oro mundial (‘Esencia de la feminidad’), por la tarde en la primera final, la del dúo técnico, se toparon con la amarga realidad del sistema de puntuación que cubre la sincro desde los Mundiales de Fukuoka, en 2023. Esa palabra maldita que hunde sueños, la ‘base mark’. Las españolas la escucharon en el banco donde esperan la nota, con las caras de circunstancias de Andrea Fuentes y Judith Requena, quienes le comunicaban la mala noticia.
En el primer híbrido de la coreografía, una sincronización de piernas en una apena de 40 segundos bajo los acordes de Vivaldi, hubo un error que fue penalizado. Eso se traduce en que la puntuación final se reduce un pellizco, demasiado para una prueba tan equilibrada con otras potencias como Rusia (que compite como equipo neutral) o Grecia. España, que con 129.1000 consiguieron la mejor puntuación del parcial artístico, cayeron en los elementos a 144.9117 para un total de 274.0117, finalmente en octava posición.
”Nos vestimos de Rusia pero a la española”, definía Andrea Fuentes la coreografía del libre. Acostumbrada a innovar desde las músicas, optó en esta ocasión la seleccionadora por Vivaldi para cuadrar un ejercicio muy técnico con la parte artística española. Pero esa penalización fue determinante. El oro fue para las hermanas Alexandri, griegas que compitieron 12 años con Austria, donde ganaron múltiples medallas, pero que ahora tras un año de ausencia regresan para defender los colores de su país. Y debutaron a lo grande (311.4308). En segundo lugar se colocó el equipo neutral (Rusia), con la ex nadadora Svetlana Romashina a los mandos del equipo (302.9950). Gran Bretaña le arrebató el bronce a la anfitriona (297.9108).
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