«¿A dónde has ido, Yahya?…» Es el inicio de la carta de un familiar que está a la espera de saber de su ser querido. Yahya es una de las 72.000 personas que cruzaron la frontera de España por Ceuta. Uno de los desaparecidos, a los que ponemos rostro. No se sabe si está en el mar, en la saturada morgue o en las calles de la ciudad autónoma… Van ya más de 140 muertos Leer «¿A dónde has ido, Yahya?…» Es el inicio de la carta de un familiar que está a la espera de saber de su ser querido. Yahya es una de las 72.000 personas que cruzaron la frontera de España por Ceuta. Uno de los desaparecidos, a los que ponemos rostro. No se sabe si está en el mar, en la saturada morgue o en las calles de la ciudad autónoma… Van ya más de 140 muertos Leer España // elmundo
«¿A dónde has ido, Yahya? Oh, hijo de mi hermano y de mi corazón: una presencia fugaz que rozó mi alma, dejando entre nosotros el desconcierto de quien anhela y la añoranza de quien espera. Aquí permanecemos, en el umbral de la espera, aguardando tu regreso tal como el fiel espera el despuntar del alba tras una larga noche; sabemos que toda ausencia encierra una sabiduría divina conocida solo por Dios, y que el anhelo es el sagrado depósito que llevan consigo quienes aman». De esta forma plasma su dolor Younes Al-Omrani, tío del joven Yahya Al-Omrani, una de las 72.000 personas que cruzó la frontera desde Marruecos hacia Ceuta a nado la semana pasada. Desde entonces, no tienen noticias suyas. Su familia ha publicado su foto en todos los foros y redes sociales que tienen a su alcance buscando a alguien que lo haya visto o pueda dar alguna información sobre su paradero. Rezan porque se encuentre entre las más de 50 personas que se consideran desaparecidas y no entre los 82 cuerpos que han llegado a las instalaciones del antiguo Hospital Militar, donde un equipo de seis forenses -dos del Instituto de Medicina Legal de Ceuta y otros cuatro de refuerzo llegados desde la Península Ibérica- trabajan sin descanso.
Una vez efectuadas la autopsias, el servicio de Criminalística de la Guardia Civil envía las huellas dactilares digitalizadas para su identificación. También se recogen muestras biológicas para poder cotejarlas con familiares y que exista otra posible vía de identificar a las personas fallecidas. Al cierre de esta edición, hay dos personas identificadas por sus huellas al estar registrados en España. También se ha identificado a dos cuerpos mediante estudios biológicos. Se confía poder hacer lo propio con otras 28 personas más gracias al AND aportado por sus familiares.
«Oh Dios, tú que reunirás a la humanidad un día, únenos a Yahya en el bien y tráelo de vuelta sano y salvo, bajo tu protección y cuidado; pues nuestros corazones no han perdido la esperanza y nuestras almas aguardan con anhelante deseo. Reúne a cada ausente con sus seres queridos», pide Younes. Como la suya, decenas de familia no han perdido la esperanza, aunque cada día que pasa juega en contra.
Redes sociales como Facebook e Instagram están plagadas de fotos de niños, mujeres y hombres llegados de Marruecos a los que buscan su familia después de hacer decenas de llamadas a sus teléfonos, que permanecen apagados o fuera de cobertura en medio de la mayor tragedia humanitaria vivida en Ceuta en toda su historia y una de las más graves registradas en España.
Mohamed Afasi es uno de los desaparecidos. Con apenas nueve años de edad, este vecino de Tetuán apenas sabía nadar cuando intentó bordear el espigón con su madre. Su familia cree que pudo haberse agarrado a uno de los flotadores que quedó a la deriva en la orilla tras la marea humana que se propagó por la playa de El Tarajal. A Fátima Zahra, de 20 años, se le perdió la pista en la madrugada del viernes 31 de julio. Vestía unos vaqueros azul claro. Montasser El Hassani y Houssam Ben Brik son dos tunecinos que trabajan en Marruecos y acudieron a la frontera atraídos por el run-run que aseguraba que se podría cruzar el espigón «de forma sencilla». Mohamed Ahram no ha dado señales desde el 30 de julio. En su hogar le espera su hija, de menos de un año…
El Gobierno marroquí mantiene un perfil bajo y evita asumir cualquier responsabilidad por la crisis migratoria. Mientras eluden explicar cómo decenas de miles de personas pudieron alcanzar la frontera al mismo tiempo sin encender las alarmas, las familias de los desaparecidos lanzan su SOS de diferentes maneras. Algunas elaboran carteles de «se busca» con inteligencia artificial . En ellos detallan la edad, la ropa y cualquier rasgo de la persona en paradero desconocido que pueda ayudar a su reconocimiento. Otros usuarios simplemente muestran una imagen de la persona desaparecida -muchas veces un pantallazo o una foto de una foto- con una llamada de auxilio escrita en árabe y un número de móvil al que dirigirse.
Las centralitas de los servicios funerarios de la ciudad autónoma siguen colapsadas. Ocurre igual con medios locales como El Faro de Ceuta, Sada Tetouan, Tetuán Tube o Larache 24, los más vistos por los vecinos a un lado y otro de la frontera. En sus redes sociales recopilan los rostros de los desaparecidos y cuando tienen un poco más de información, le añaden nombre y apellidos a los protagonistas de la tragedia más silenciosa.
Pero cada día que pasa, la desesperación aumenta. Mientras el Gobierno español trata de paliar su falta de anticipación ante una movilización masiva que desbordó la frontera con devoluciones rápidas y coordinación diplomática, la cifra de fallecidos aumenta a 145 según la ONG Caminando Fronteras, 63 de los cuales fueron recuperados en territorio marroquí. La Liga Marroquí para la Defensa de los Derechos Humanos señala que se han recibido 32 cuerpos y se han atendido a más de 400 personas. Pero estos datos corresponden únicamente a la información obtenida en dos hospitales, el de Castillejos y otro centro sanitario de Tetuán. Marruecos no ha actualizado la lista de fallecidos, que cifró en 11 en las primeras jornadas. Tampoco ha ofrecido una cronología oficial de lo ocurrido.
Paradójicamente, lo que ya se ha convertido en motivo de disputa política en España, la tutela de los menores no acompañados, es un rayo de luz para las familias. Los Ejecutivos autonómicos de Castilla y León, Extremadura y Aragón, todos ellos una coalición PP- Vox, ya han anunciado que se opondrán al reparto de menores migrantes no acompañados llegados a Ceuta. Pero conforme sube el número de niños y niñas registrados e incorporados al sistema de acogida aumentan las posibilidades de que su familiar esté entre ellos.
La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, dice que hay 1.342 menores no acompañados en la ciudad autónoma. También anuncia que el 16 de agosto llegará a Ceuta un equipo técnico permanente de su departamento para acelerar la identificación, acogida y posterior derivación de los niños y adolescentes a otras comunidades autónomas. Distintas asociaciones vecinales, en cambio, elevan el número de menores presentes en la ciudad hasta los 4.800 solo en la barriada de El Príncipe.
El jueves, durante su encuentro con el Rey Felipe VI en el palacio de Marivent, el presidente ceutí Juan Jesús Vivas señaló que la ciudad «aún no ha recuperado la normalidad». La ministra, por su parte, reconoce que la situación continúa siendo «muy complicada» debido al elevado volumen de llegadas, aunque asegura que el sistema «vuelve progresivamente a la normalidad».
«Mi intención era que las derivaciones fueran inmediatamente y espero que los traslados puedan comenzar en pocas semanas», afirma Rego. Además, muchos menores siguen escondidos, sin acudir a centros de acogida por miedo a ser expulsados. A ese respecto, la ministra asegura que el Gobierno trabaja para que «todos sean atendidos», aunque admite que el procedimiento requiere tiempo por el volumen de expedientes pendientes.
Se da prioridad a los perfiles más vulnerables, especialmente niñas y menores de 13 años, al considerar que el perfil migratorio ha cambiado respecto a la crisis de 2021. En esta ocasión han llegado más niñas no acompañadas y más niños «muy pequeños».
«Cada día que pasa sin que se solucione esta situación y sin que se busque un espacio digno de acogida, lo que estamos haciendo es dejar que estos chavales, y sobre todo estas chicas, puedan ser víctimas de todo tipo de abusos. Hablamos de verdaderos niños y niñas, chiquillos de 10 años e incluso menos. Los menores de 14 años son muchísimos», destaca José Miguel Morales, director de Fundación Sur Acoge.
Este periódico ha recogido diversos sucesos que muestran que Ceuta se ha convertido en un lugar muy peligroso para las mujeres, adolescentes y niñas que no tienen un techo bajo el que dormir. Sabah, una mujer con una propiedad que ha transformado en vivienda social narra la historia de una madre y su hija que, tras atravesar la frontera, fue acogida por un hombre que pasó de buen samaritano a demonio. «Trató de abusar de la menor. Cuando la madre se enfrentó a él, el hombre la golpeó y las expulsó», cuenta Sabah.
Rajaa, una abuela de El Príncipe, acogió durante una noche a Yuli, una adolescente procedente de Agadir, después de oír a las tres de la madrugada gritos de auxilio frente a su casa. Al principio pensó que se trataba de una pelea, pero su hija le advirtió de que «varios hombres estaban abusando de una niña». Eran cinco hombres adultos, de entre 30 y 35 años conocidos del barrio.
Todavía se ven grupos de jóvenes migrantes, muchos de ellos procedentes del África subsahariana, reunidos en zonas boscosas o playas. Su principal entretenimiento es improvisar partidos de fútbol y rezar. Algunos duermen donde pueden usando sus mochilas como almohadas, rodeados de sus objetos personales a la espera de un hueco en los saturados centros de acogida.
En zonas como el Polígono de El Tarajal, muchos menores peregrinan pidiendo un teléfono móvil para poder llamar a sus padres o entrar a los perfiles de sus redes sociales y tranquilizar desde ellos a sus familias. Se dan casos como el de Ayoub, un menor de Tetuán. Su madre está desesperada al creer que ha fallecido, pero el joven logró cruzar la frontera y se encuentra en Ceuta esperando que alguien contacte con él. El anuncio con la buena nueva -y un móvil de contacto- ya recorre internet.
Un mensaje similar es el que esperan los padres de Nada Al-Shiba, joven de 14 años a la que perdió el rastro la noche del jueves 30 de julio, cuando en las calles de Castillejos ya se alentaba el cruce de miles de personas informándose de que habría un nulo control marroquí en su frontera. Ocurre lo mismo en la casa de los hermanos Ikram y Mohamed Trabak, de 16 y 13 años. Desaparecieron de su domicilio en Marruecos durante los días en que miles de personas cruzaron la frontera hacia Ceuta. Según ha relatado su madre, varios testigos le han asegurado que vieron a los dos menores caminando por las calles de la ciudad autónoma, aunque desde entonces no ha podido confirmar su localización. El hermano de Omar Bourras, de 17 años, también espera noticias de él, que se lanzó al agua con otros cuatro compañeros de trabajo.
También esperaban noticias positivas los allegados de Faten Ben Amar El Azizi. Pero no fue así. «No buscaba fama ni aventura sino una vida mejor y un futuro que creía que le esperaba al otro lado de la frontera», comunicó el equipo de fútbol femenino en el que jugaba, el Maghreb Atlético Tetuán tras conocer su muerte.
El club de Faten lamenta el alto precio «pagado por muchos jóvenes» que migran y ven como «los sueños se convierten en pesadillas y la alegría en lágrimas». La Unión Marroquí de Futbolistas Profesionales también ha lamentado la muerte de Faten en redes y ha transmitido sus condolencias a la familia.
Ella es una de las cuatro personas que ya han sido identificadas. Un jardinero de 50 años que durante años trabajó en una casa terrera de Ceuta es otra de ellas. La pandemia del Covid le cogió en Marruecos y nunca pudo volver a cruzar la frontera. Tras varios intentos de retomar su trabajo en Ceuta, intentó cruzar el espigón durante el mayor asalto a la frontera registrado en la ciudad autónoma.
La mayor parte de los fallecidos perecieron ahogados o aplastados. «¿Has visto a mi hijo?, ¿Lo conoces?», es el grito desesperado de decenas de madres marroquíes que en la última semana han acudido a la frontera con para recabar noticias sobre el paradero de sus vástagos días después de la entrada masiva. Apoyan las manos en la malla metálica del paso fronterizo y miran al horizonte con la esperanza de distinguir la silueta de un hijo retornando por el espigón, día tras día.
«A mi hijo no le faltaba de nada; comía, bebía y tenía dónde dormir. Pero aun así se le metió en la cabeza lo de emigrar, porque escuchaba a gente que contaba que se había marchado y que, al poco tiempo, había mejorado su situación», cuenta la madre de un niño de 17 años que logró contactar con ella con el teléfono de otra persona para anunciarle que regresaría.
Para ayudar a las familias marroquíes en la localización de sus allegados, las autoridades destacan la importancia de seguir el protocolo oficial de búsqueda más allá de las redes sociales, lo que incluye denunciar formalmente la desaparición ante la Guardia Civil o dependencias policiales para facilitar la identificación, cosa que ya han hecho 32 familias. En el caso específico de menores de edad, se ha habilitado el número telefónico [690 332 028] destinado a resolver dudas y brindar la asistencia necesaria durante el proceso.
La Delegación del Gobierno en Ceuta y la Guardia Civil también han abierto una oficina destinada a «recoger todos los datos e información posible» sobre el paradero de personas desaparecidas. Está situada en el edificio de Aduanas de El Tarajal.
«Muchos familiares aportan datos pero no los suficientes, de ahí que sea un trabajo arduo de ir rebuscando. Y para hacer la compatibilidad se necesita una relación consanguínea cercana», explica Sergio Munguía, comandante de Criminalística de la Guardia Civil.
Tras identificar a cuatro cadáveres con el cotejo de huellas dactilares y pruebas de ADN, se confía en hacer lo mismo con otras 28 personas en un corto espacio de tiempo. Del mismo modo, se ha habilitado un correo electrónico para agilizar la recepción de información de forma confidencial [ce-cmd-ceuta-pjlaboratorio-identificacion@guardiacivil.org]. En su buzón, cualquier detalle es clave. «Todos los datos son bienvenidos, desde tatuajes o cicatrices a la ropa que llevaban o si tenían anillos», ha dicho el comandante de Criminalística.
También se han mandando huellas dactilares a Marruecos por si hubiera la posibilidad de que algunas de las personas que se buscan pudiera haber fallecido en sus aguas. «No sólo prestamos atención a los familiares de desaparecidos sino que también está el personal de la Cruz Roja y se dispensa apoyo psicológico», asegura Mungía.
Todos los cadáveres localizados y rescatados en aguas españolas se concentran en la macro morgue improvisada a toda velocidad en el Hospital Militar. En ella se han instalado varias cámaras frigoríficas con paneles y compresores con capacidad para albergar y conservar los cuerpos hasta que puedan ser todos examinados por los forenses y, en el mejor de los casos, identificados y devueltos a sus familias o, en caso contrario, inhumados en el cementerio musulmán de Ceuta, que ya han arrancado las obras de ampliación con carácter de urgencia.
Mientras, las playas como la del Trampolín son el refugio de los inmigrantes subsaharianos adultos que no tienen techo ni familiares que busquen contactar con ellos. Proceden de Sudán, Yemen, Malí, Palestina o Argelia y duermen alrededor de las hogueras que rodean una mezquita construida con piedras, maderas y botellas.
Mussa, de 20 años, salió de Malí con cuatro amigos con la intención de llegar a España. Hoy sólo vive él. «Mis cuatro amigos murieron nadando tratando de llegar a Ceuta» cuenta sin dejar de vigilar sus pocas pertenencias. Lleva una camiseta de Los Angeles Lakers y un cortavientos ajado que le regaló un vecino al ver que no paraba de tiritar. Mussa aprovecha la presencia de periodistas para preguntar cómo puede solicitar asilo o protección.
Es lo que esperan que también estén haciendo, aunque ellos no lo sepan, los familiares de Nizar Ben Zayed, de Fouad, de Omar Akdi, de Hasna El Hichou, de Ayman Al-Raboun, de Faodiua Rouidi y de tantos otros que ahora mismo son fantasmas errantes esperando ser incluidos en una lista que le aparte de la condición de «desaparecidos».








