Llevaba casi un año sin competir. Casi un año en la sombra. Casi un año sin dar señales de vida con un dorsal y sobre una pista de tartán. Un tiempo eterno desde el fiasco en los Mundiales de Tokio, donde había sufrido de lo lindo por sus problemas físicos. Después paró y se operó del tendón de Aquiles. Llegó el momento de recogerse, de dejarse de bravuconerías y de recuperarse para entrenar. Hace dos meses, en junio, se le vio en la pista barcelonesa de la Mar Bella haciendo series, sin camiseta, casi como un atleta amateur más. Pero no era ni es un cualquiera. Se trata del noruego Jakob Ingebrigtsen, que este lunes en Birmingham se coronó por cuarta vez consecutiva como campeón de Europa de los 5.000 metros. Nadie tiene tantos títulos en el continente en la distancia.
Cuarto título europeo consecutivo del noruego en los 5.000 metros tras una carrera maravillosa
Llevaba casi un año sin competir. Casi un año en la sombra. Casi un año sin dar señales de vida con un dorsal y sobre una pista de tartán. Un tiempo eterno desde el fiasco en los Mundiales de Tokio, donde había sufrido de lo lindo por sus problemas físicos. Después paró y se operó del tendón de Aquiles. Llegó el momento de recogerse, de dejarse de bravuconerías y de recuperarse para entrenar. Hace dos meses, en junio, se le vio en la pista barcelonesa de la Mar Bella haciendo series, sin camiseta, casi como un atleta amateur más. Pero no era ni es un cualquiera. Se trata del noruego Jakob Ingebrigtsen, que este lunes en Birmingham se coronó por cuarta vez consecutiva como campeón de Europa de los 5.000 metros. Nadie tiene tantos títulos en el continente en la distancia.
Lo hizo con una carrera maravillosa, en la que tuvo una sangre fría descomunal, en la que arrancó como suele ser habitual en él en el furgón de cola, estudiando el panorama, tomando nota. Detrás suyo el otro favorito, el francés Jimmy Gressier, vigente campeón del mundo de los 10.000 metros. Los dos detrás. Delante, el ritmo se iba acelerando. 2m45s el primer kilómetro. 2m41s el segundo. 2m40s el tercero.
El nórdico puso el turbo en la recta final tras casi un año ausente por una lesión en el tendón de Aquiles
El primero en perder la paciencia fue Gressier, que se fue hacia adelante, a rebufo del suizo Lobalu, que sacudió la carrera. Ingebrigtsen aguantó. No entró al trapo y esperó a que quedaran cuatro vueltas para ir adelantando por la calle tres. Haciendo metros de más pero de manera progresiva. Hasta que tomó la cabeza e invitó a Gressier a que le pasara. El francés mordió el anzuelo mientras el noruego se quedaba por dentro. Parecía que no tenía una salida clara y además el alemán Bremm irrumpía con fuerza, como el francés Daguinos, a la postre plata y bronce. Ingebrigtsen ni se inmutó, aguantó, esperó y recurrió a una inteligencia propia solo de los mayores campeones, como él.
No fue hasta la última recta cuando puso el turbo, cuando adelantó a todos sus competidores y cuando atravesó la línea de meta en primer lugar. 13m15s29 para el noruego. 13m15s60 para Bremm. 13m16s09 para Daguinos.
Dos años justos hacía desde que en otro 5.000, en la final olímpica de París, se había alzado también con el oro, aquella noche francesa con un dominio mucho más insultante. Desde entonces, prácticamente el abismo para Jakob. Sí, dominó la pista cubierta del 2025 pero a partir de ahí el tendón de Aquiles se convirtió en su mayor rival. Por eso su rendimiento en Birmingham era una incógnita. Solo se sabía de él que ya no sentía dolor y que llevaba cuatro meses preparándose. “A mí lo que me gustan son los campeonatos”, afirmó hace unos días cuando le preguntaron por qué no se había probado en algún mitin. Las marcas se baten pero las medallas quedan para siempre. Ya está de aquí de nuevo. Solo tiene 25 años. Un gran pasado en su álbum de recuerdos y un gran futuro por delante. Uno de los mejores atletas de la última década ha resucitado.
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