Como los políticos no pueden asumir que su mala gestión haya causado muertes o pérdidas millonarias, prefieren distorsionar la realidad Leer Como los políticos no pueden asumir que su mala gestión haya causado muertes o pérdidas millonarias, prefieren distorsionar la realidad Leer
En un programa de la Revuelta después de la famosa entrevista a Pedro Sánchez de los 4,4 millones de espectadores, Broncano le decía a Candela Peña: «Fíjate que le insistí en varias cosas, pero son incapaces de decir: hombre, sí, esto lo hicimos mal», «y se agradecería por parte del pueblo». Que hubiera tantos espectadores ese día significó que la gente estaba dispuesta a escuchar. Que hoy las encuestas hayan amanecido con medio millón de votos menos para el bloque de la izquierda significa que la gente ha dejado de querer escuchar.
En el ensayo Se han cometido errores (pero yo no fui) (Capitán Swing, 2025), los psicólogos sociales Carol Tavris y Elliot Aronson desgranan los mecanismos de la autojustificación en política. Hablan de la disonancia cognitiva que tienen los políticos cuando ocurre una catástrofe. Como no pueden asumir que su mala gestión haya causado muertes o pérdidas millonarias, prefieren distorsionar la realidad. Es un mecanismo de supervivencia que tiene el cerebro, pero que aleja a cualquier ser humano que esté enfrente.
Hay gente que creemos que Óscar Puente no es el culpable directo del horrible accidente de Urda. Faltaría más. Yo creo que esto, además, tiene mucho de herencia de uno de los peores ministros que ha habido, el putero y corrupto Ábalos. Pero también creo que la gente necesitamos que alguien se haga responsable de su cargo, que dimita y que asuma que no se hicieron todas las cosas posibles para evitar la catástrofe. Es una cosa de justicia simbólica. Cuando ocurre algo tan terrible como el accidente de Urda o el de Adamuz, todos esperamos que se acabe el mundo. Si no se va a acabar, al menos que haya una acción reparativa. Una acción a la que la gente se pueda acoger para que eso le devuelva la esperanza (si es que es posible). Todos cometemos errores, pero en política asumirlos es lo único decente.
La liberalización de la red ferroviaria se ha cargado el monopolio de Renfe, el problema es que ese monopolio era dominio de una empresa pública que funcionaba muy bien. La liberalización no es una práctica muy socialista que digamos, es una práctica que huele a derecha liberal. Y por eso es el talón de Aquiles de este Gobierno que se dice progresista. Ese es el error. Privatizar los sistemas públicos lleva a la muerte.
El año pasado hubo más de 40 millones de viajeros de alta velocidad en España. Para que la gente pueda tener una vivienda, tiene que tener antes una vida. Y la vida no puede ser algo que esté en juego.
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