Por el sonido ensordecedor y ferviente de las gradas del Allwyn Arena se entendió que era un partido de fútbol de competición oficial, con árbitro y porterías, vestimentas oficiales y algo cuantificable en el juego. Por la manera de jugar de ambos equipos no: podían haber borrado las líneas del campo y poner las sudaderas como porterías, incluso jugar contra la pared y que el tiempo pareciese infinito hasta que el dueño del balón se marchase a casa a cenar. O lo llamase su madre. Porque el AEK Atenas-Real Madrid (2-3) fue un correcalles, un encuentro trepidante, de idas y venidas, de sorpresas, parido desde el comienzo desde lo irracional.
El Real Madrid cuenta sus partidos por victorias en la Champions después de remontar un 1-2 con goles de Mbappé y del uruguayo, que volvió al mediocampo
Por el sonido ensordecedor y ferviente de las gradas del Allwyn Arena se entendió que era un partido de fútbol de competición oficial, con árbitro y porterías, vestimentas oficiales y algo cuantificable en el juego. Por la manera de jugar de ambos equipos no: podían haber borrado las líneas del campo y poner las sudaderas como porterías, incluso jugar contra la pared y que el tiempo pareciese infinito hasta que el dueño del balón se marchase a casa a cenar. O lo llamase su madre. Porque el AEK Atenas-Real Madrid (2-3) fue un correcalles, un encuentro trepidante, de idas y venidas, de sorpresas, parido desde el comienzo desde lo irracional.
Parece que el Madrid se está acostumbrado a estas locuras. Ya pasó en Roma (del 3-1 al 3-4 en seis minutos) y ahora en Atenas, donde nada fue lo que pareció al comienzo. Un vendaval de los griegos, que atornillaron en su área a los blancos con un alto ritmo de juego, un Jovic diferencial y un Madrid algo desdibujado con los cambios que introdujo Mourinho: Militao debutó de titular tras su año de lesión, Vinícius volvió al extremo y Camavinga acompañó a Bernardo en la medular.
Tras una buena parada de Courtois abajo, a los 12 minutos llegó el 1-0. Koïta (que fue expulsado tras el encuentro por protestar) recibió en el perfil derecho, ya dentro del área, y con una cabriola le ganó un metro a Cucurella y batió de un zurdazo al belga. Medio empeine, medio puntera. Gol callejero, cómo no.
Tardaron en reaccionar los blancos. Vinícius siguió ofreciendo esa versión minimalista, Diomande estuvo más perdido con Dumfries en la derecha, mientras que solo Bellingham se echó al equipo a la espalda. El inglés está on fire. Marcó en el 27 pero cuando recibió de Vinícius estaba en fuera de juego. Cinco minutos más tarde, lo hizo con todas las de la ley. Cucurella centró fuerte y puso el tacón para cruzársela a Brignoli (1-1). El Madrid se había rehecho.
Y parecía, en el comienzo del segundo acto, que tenía el partido en la mano. Asedió al AEK, pero no atinó y ahí el juego en otra dimensión. Pérdidas, faltas, conducciones, ocasiones, adrenalina… Todo era caos y en el caos suceden situaciones inesperadas. Como el 2-1 del lateral izquierdo Pilios en un ataque fabricado al milímetro, como si fuera el PSG. Solo tardó Mbappé dos minutos en empatar a centro de Dumfries. Era el minuto 77 y cualquier desenlace estaba en el guion.
En el intercambio de golpes, el Madrid fue más peligroso. Mbappé lanzó al larguero, Endrick la estrelló contra el defensor y Valverde, en el minuto 92, metió un derechazo marca de la casa cerca de la escuadra del meta griego. Esta vez, Mourinho lo alineó en mediocampo; quería caos, conducciones, era un partido para él y lo resolvió.
El Madrid sigue a tope en Europa. A su manera, pero con cuatro victorias que lo sitúan en lo más alto.
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