A principios de junio, un grupo de futbolistas iraníes hizo cola en la embajada de Estados Unidos en Ankara para solicitar un visado. El trámite es rutinario en cualquier otra circunstancia, pero no en este caso: su país lleva meses en guerra con el país que va a recibirlos. El líder supremo ha muerto en un ataque. La liga doméstica está suspendida. Y ellos piden permiso para entrar, con el balón bajo el brazo, al territorio del enemigo.
El país iraní está en guerra con EE.UU., uno de los tres países organizadores del campeonato
A principios de junio, un grupo de futbolistas iraníes hizo cola en la embajada de Estados Unidos en Ankara para solicitar un visado. El trámite es rutinario en cualquier otra circunstancia, pero no en este caso: su país lleva meses en guerra con el país que va a recibirlos. El líder supremo ha muerto en un ataque. La liga doméstica está suspendida. Y ellos piden permiso para entrar, con el balón bajo el brazo, al territorio del enemigo.
El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron operaciones militares contra Irán que mataron al ayatolá Ali Jamenei y desencadenaron un conflicto regional que sigue activo, a pesar del frágil alto el fuego vigente desde abril. En ese contexto, el ministro de Deportes iraní, Ahmad Donyamali, declaró: “Considerando que este régimen corrupto ha asesinado a nuestro líder, bajo ninguna circunstancia podemos participar en el Mundial”. Pero la selección respondió, a su vez, con un comunicado en redes sociales. “Nadie puede excluirnos. El organismo que rige este torneo es la FIFA, no ningún país individual.” La FIFA de Gianni Infantino actuó como árbitro y confirmó que Irán jugaría.
La preparación de la plantilla iraní también diverge del resto de sus contrincantes. En Teherán, los 22 futbolistas convocados para la Copa del Mundo que juegan en clubs iraníes quedaron confinados durante semanas de bombardeos. La selección decidió entonces trasladar los entrenamientos a Anatolia, en la costa turca, y desde allí pedir los visados para una competición que por primera vez se juega en tres países distintos: México, Canadá y Estados Unidos.
A diferencia de otros equipos, los persas, concentrados en Tijuana, tendrán que pasar varias horas en un avión antes de cada partido
La base de entrenamiento oficial, que debería estar en Tucson, Arizona, fue trasladada a Tijuana después de que las trabas burocráticas con los visados hicieran inviable la estancia prolongada en territorio estadounidense. A diferencia de otros equipos, los persas tendrán que pasar varias horas en un avión antes de cada partido.
El seleccionador Amir Ghalenoei agradeció públicamente a México y a la FIFA su ayuda, aunque no pudo evitar señalar que la llegada se había producido “con una semana de retraso”, tiempo perdido para adaptarse a una diferencia horaria de doce horas. Además, 15 miembros de la delegación se quedaron sin visado y no pudieron viajar.
El conflicto también ha hecho mella dentro del vestuario. Sardar Azmoun, con 57 goles en 91 internacionalidades y uno de los mejores delanteros que ha dado el fútbol iraní, no estará en el Mundial. Los medios locales informaron de que fue expulsado de la selección por un supuesto acto de deslealtad hacia el Gobierno, a pesar de que el propio vicepresidente del país pidió públicamente su regreso.
En Francia 1998, los jugadores iraníes salieron al césped con ramos de flores blancas para sus rivales, un gesto imposible ahora mismo
“Seguimos las noticias de nuestro país y lo político, evidentemente, puede afectar a la mente de los jugadores”, declaró al medio catarí Al Yazira el centrocampista Saeid Ezatolahi, que disputa su tercer Mundial. Amir Ghalenoei, seleccionador, reconoció antes de salir de Turquía que no estaba “plenamente satisfecho con el nivel de preparación” de su equipo. La plantilla que llegará a Los Ángeles el 15 de junio para enfrentarse a Nueva Zelanda lleva meses sin competir.
Hay un partido que, aunque improbable, pondría a los enemigos en el mismo terreno de juego. Si Irán y Estados Unidos quedan segundos en sus respectivos grupos, se verían las caras el 3 de julio en Texas. Ha ocurrido dos veces, en Francia 1998 (2-1 para Irán) y en Qatar 2022 (1-0 para EE.UU.). En Francia los jugadores iraníes salieron al césped con ramos de flores blancas para sus rivales: un gesto imposible ahora mismo, cuando los misiles balísticos cruzan los cielos de todo Oriente Medio y el fútbol se ha convertido en guerra abierta.
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