Lejos de presentarse como un líder derrotado, utiliza el congreso para fijar una hoja de ruta política Leer Lejos de presentarse como un líder derrotado, utiliza el congreso para fijar una hoja de ruta política Leer
Viktor Orban fue reelegido este sábado presidente de Fidesz en el primer congreso celebrado por la formación desde la derrota electoral de abril, una reunión que marca el inicio de la reconstrucción política del partido que durante 16 años dominó Hungría y se convirtió en una de las fuerzas conservadoras más influyentes de Europa Central.
La continuidad del ex primer ministro había quedado en cuestión tras la victoria de Péter Magyar. Orban asumió públicamente la responsabilidad por la derrota y puso su cargo a disposición del partido. «Por eso dimití y por eso convoqué este congreso», explicó ante los delegados reunidos en Budapest. La dirección rechazó su salida y trasladó la decisión al congreso, donde concurría como único candidato.
Lejos de presentarse como un líder derrotado, Orban utilizó el congreso para fijar una hoja de ruta política. Prometió que para finales del verano Fidesz volverá a ser una comunidad «ordenada, fuerte y amistosa» y situó el otoño como el primer gran momento de confrontación con el Gobierno de Magyar. «En otoño se verá hasta dónde tolera el país que el Gobierno abuse continuamente», afirmó.
Orban seguirá al frente de Fidesz, pero no desde el Parlamento. Tras la derrota renunció a su acta de diputado y ha dejado claro que no pretende ejercer personalmente el liderazgo de la oposición parlamentaria. Su papel se asemeja más al desempeñado durante años por Jaroslaw Kaczyski en Polonia: dirigir la estrategia general del partido y pilotar su reconstrucción desde la organización antes que desde la primera línea institucional.
La principal herramienta para ello será una profunda reforma interna. Fidesz abandonará la estructura basada en circunscripciones electorales y pasará a organizarse mediante grupos municipales y comités provinciales. La dirección nacional se ampliará de cinco a 28 miembros e incorporará a los 20 presidentes provinciales, además de los responsables parlamentarios nacionales y europeos.
La reforma constituye la reorganización más importante del partido desde su llegada al poder en 2010 y apunta a una estrategia basada en reforzar la implantación territorial. Durante 16 años Fidesz fue un partido de gobierno; a partir de ahora aspira a reconstruirse desde el territorio y preparar una nueva mayoría electoral.
El propio Orban vinculó esa transformación a la necesidad de mantener unida a la derecha húngara. «Cuando no conseguimos mantener unidas las distintas corrientes del campo nacional, perdimos las elecciones», afirmó.
La reflexión ayuda a entender la reforma aprobada por los delegados. La ampliación de la dirección y la incorporación de los líderes provinciales buscan reforzar precisamente la cohesión de un espacio político que durante años funcionó como una amplia coalición conservadora, nacionalista y soberanista bajo el liderazgo de Orban.
En su intervención presentó además un diagnóstico en diez puntos sobre las causas de la derrota. Entre ellas citó un mensaje electoral que «no funcionó», la incapacidad para detectar a tiempo la ventaja del adversario, el éxito de las innovaciones de movilización introducidas por el movimiento Tisza de Magyar y una «derrota catastrófica» en el espacio digital. También reconoció errores propios, dificultades para conectar con parte de los jóvenes y una respuesta insuficiente a las acusaciones de corrupción.
Esa autocrítica convivió, sin embargo, con el relato geopolítico que ha caracterizado su discurso durante los últimos años. En el documento político distribuido antes del congreso, titulado ‘Misión’, sostuvo que «la mayor amenaza para una Hungría soberana es hoy la Unión Europea» y atribuyó la derrota a la acción combinada de «Soros, Bruselas, los ucranianos y las multinacionales».
El diagnóstico fue compartido por otros dirigentes del partido, que atribuyeron la derrota al desgaste acumulado tras 16 años en el poder, a errores de comunicación, a la pérdida de apoyo entre parte de la clase media y a una respuesta insuficiente ante los escándalos que erosionaron la credibilidad de la formación.
Pese a ello, el mensaje dominante de la jornada no fue el de la resignación, sino el de la reorganización. Orban presentó el congreso como el punto de partida de una nueva etapa política y vinculó la reconstrucción de Fidesz a un horizonte temporal muy concreto. El verano deberá servir para reorganizar el partido; el otoño, para volver a la confrontación política. «Si esto continúa así, llegará el momento de la resistencia y del gran movimiento nacional de los Patriotas», afirmó.
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