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Zapatero se mostró suavón ante el juez Calama. Begoña Gómez, por el contrario, suele hacerlo estirada -cuando comparece- ante el juez Peinado. También suele criticarse al juez de las cuatro causas contra la emprendedora Gómez ciertas licencias. Calama dejó claro al ex presidente, cada vez que Zapatero puntualizaba o coloquiaba: «Acostúmbrese a que cuando yo hablo, tiene que guardar silencio». Una clave del buen funcionamiento de la Justicia es el debido respeto y la incuestionable autoridad de los magistrados, que Zapatero ha mostrado aunque quisiera engatusar a Calama, no así Gómez. Así que Peinado no se fía de Gómez; no porque emplee sus legítimos recursos sino de sus posibles trucos, consustanciales a sus aires y donaires.
La exquisitez de Calama no contrasta con las controvertidas decisiones de Peinado. Es la actitud de Gómez la que contrasta con las de un acusado convencional a las puertas de del juicio oral. Esto es, Calama ha tenido en cuenta, al valorar posibles medidas cautelares, la «pública notoriedad» de Zapatero. Sin embargo, si de Gómez se ha defendido tanto su autonomía e iniciativa propia para emprender negocios y tejemanejes, qué tipo y grado de «pública notoriedad» ha de considerársele para garantizar sus derechos. Cuanta más «pública notoriedad» se le reconozca, más se la aproxima a un posible tráfico de influencias, delito en el que es susceptible de incurrir «autoridad o funcionario» que se beneficie de su posición. Gómez suele bailar su posición a su antojo: de primera dama en China, a burbujeante experta en captación de fondos europeos. Gómez borra y repinta las líneas de sus roles.
En noviembre de 2024, las partes solicitaron al juez retirar el pasaporte a la esposa de Sánchez. Peinado no lo hizo. Cuando fue citada, ella manifestó su intención de no comparecer a declarar y recibir la querella de su última imputación. Lo justificó con una carta enviada desde Presidencia del Gobierno a la esposa de Lula confirmando que asistiría a la cumbre del G-20 para «avanzar hacia un futuro de una mayor igualdad y empoderamiento de la mujer». La ciudadana Gómez se autoinviste de notoriedad pública cuando le conviene y a su antojo.
Peinado ha cambiado de opinión en relación con la retirada de su pasaporte. Abre juicio oral contra Gómez, no quiere triquiñuelas, ni escapadas ocasionales ni interrupciones que conviertan el juicio en un Pekín Exprés. Peinado gira el papel que contiene el auto: Gómez dispone de escolta; pero en unos meses podría no tenerla [«la condición de presidente es algo efímero», recuerda Peinado], entonces el riesgo de fuga, huida o cambio de planes aumentaría, aunque no fuese por los delitos cometidos por Gómez.
Los sindicatos policiales critican con dureza la medida. Pero Peinado tiene muy calado a Marlaska. El propio Peinado rechazó escolta cuando acudió a tomar declaración a Bolaños; no se fiaba de los agudos oídos de los hombres de Marlaska, que ha ido poniendo y quitando escoltas a Gómez en función del showbusiness’ Peinado cita a Gómez cada 15 días, precisamente, para no perseguirla.
