La ONU ratifica que, a pesar de los cambios limitados tras la caída de Nicolás Maduro, la opresión y crímenes de lesa humanidad continúan intactos en Venezuela bajo la cúpula de Diosdado Cabello Leer La ONU ratifica que, a pesar de los cambios limitados tras la caída de Nicolás Maduro, la opresión y crímenes de lesa humanidad continúan intactos en Venezuela bajo la cúpula de Diosdado Cabello Leer
Muchos cambios, pero en absoluto suficientes. El último informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos de Naciones Unidas para Venezuela, dado a conocer hoy en Ginebra, ha ratificado que el aparato represivo del chavismo, protagonista de crímenes de lesa humanidad que parecen de otras épocas históricas por su brutalidad, permanece «intacto». Como si se tratara de una bestia salvaje a la que se ha puesto bozal y encadenado, pero permanece dispuesta a «morder» cuando reciba órdenes para ello y porque esa es su naturaleza.
Los expertos de la ONU constataron los avances limitados acaecidos en el país petrolero desde la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Al frente del aparato represivo permanece Diosdado Cabello, ministro de Interior y jefe del ala radical de la revolución, quien se ha convertido en la mano izquierda de Delcy Rodríguez, fundamental para mantenerse en el poder. Sobre Cabello permanece una recompensa de 25 millones de dólares por su captura, ofrecida por las autoridades estadounidenses, aunque el capitán favorito de Hugo Chávez forma parte del tutelaje puesto en marcha por la administración de Donald Trump.
«La reducción de algunas de las formas más severas de represión es significativa, pero de ninguna manera constituye una transformación del sistema que las hizo posibles. Mientras no se desmantelen las estructuras represivas, se garantice la independencia judicial y se investigue y sancione debidamente a los responsables de violaciones de derechos humanos, cualquier apertura seguirá siendo frágil y reversible. Los venezolanos merecen cambios reales y significativos en materia de derechos humanos, no avances tentativos e incompletos», subrayó Sofía Macher, presidenta de la Misión.
«Ratificaron lo que todos los venezolanos sabemos: todo el aparato represivo del régimen se mantiene intacto y funcional», reaccionó el antiguo fiscal Zair Mundaray, exiliado hoy en Colombia.
Una de las denuncias más graves de la Misión de la ONU, cuyos informes sirvieron para medir la verdadera dimensión de la violación de derechos humanos en Venezuela, es que las torturas se mantienen en centros de reclusión como Rodeo 1 y Fuerte Guaicaipuro, en cuyas instalaciones permanecen parte de los militares perseguidos por la revolución. Los investigadores confirmaron al menos 64 casos de tortura: en el Rodeo 1, donde sigue encarcelado el preso hispano venezolano Fernando Noya, no se ha dejado de practicar la «intubación forzada» y el confinamiento prolongado en «la máquina del tiempo», una cisterna subterránea que sirve como celda de castigo. Familiares confirmaron a EL MUNDO que la primera práctica se lleva a cabo en el patio de forma ejemplarizante.
En el fuerte militar son conocidas sus celdas bajo el suelo, excavadas como si fueran fosas, donde los carceleros pasean sobre las cabezas de los presos. Entre las prácticas degradantes que se llevan a cabo destacan la exposición al frío y la privación de alimentos.
Las detenciones arbitrarias, otro crimen de lesa humanidad, se han reducido, incluso transformado, pero siguen formando parte del modus operandi de las autoridades. En el último año, organizaciones de la sociedad civil registraron al menos 214 detenciones arbitrarias por motivos políticos, en su gran mayoría antes de Navidad. Después del 3 de enero, «la Misión identificó un patrón recurrente de arrestos arbitrarios de corta duración destinados a intimidar a activistas de la oposición, periodistas y otros actores de la sociedad civil», sostiene el informe.
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