En Momentos estelares de la humanidad, Stefan Zweig da cuenta de situaciones puntuales que cambiaron el destino del mundo. Fotografías literarias que recrean cómo el azar o una decisión tomada al tuntún provocaron un viraje de consecuencias notables en nuestro devenir histórico.
En Momentos estelares de la humanidad, Stefan Zweig da cuenta de situaciones puntuales que cambiaron el destino del mundo. Fotografías literarias que recrean cómo el azar o una decisión tomada al tuntún provocaron un viraje de consecuencias notables en nuestro devenir histórico.Seguir leyendo…
En Momentos estelares de la humanidad, Stefan Zweig da cuenta de situaciones puntuales que cambiaron el destino del mundo. Fotografías literarias que recrean cómo el azar o una decisión tomada al tuntún provocaron un viraje de consecuencias notables en nuestro devenir histórico.
El fútbol, un entretenimiento banal, no da para tanto. Pero también está hecho de latigazos que desnudan por completo la verdad. Relámpagos que graban en la piedra los hechos tal y cómo sucedieron para que nadie olvide cómo deben ser narrados.
Messi se hizo hombre y Cristiano permaneció en la adolescencia en la que todavía hoy sigue anclado
Así ha sucedido esta semana. El adiós de Messi a su selección y la trifulca de Cristiano Ronaldo con la suya, coincidentes en el tiempo, son un concentrado histórico que alumbra más de dos décadas de fútbol. El resumen exacto de dos maneras de estar y vivir en el campo y fuera de él durante más de veinte años.
El verbo que ha caracterizado a Messi durante este largo peregrinar es dar, el de Ronaldo, recibir. El pronombre que ha usado el argentino es nosotros, el del portugués, yo . El adjetivo que ha dibujado la trayectoria del exjugador del Barça es generoso, el que mejor define al exdelantero del Real Madrid, egoísta. Estas son las semillas que ambos han sembrado y a esta naturaleza responden los frutos que cada uno recoge en el ocaso de sus carreras. Por eso Leo Messi se está yendo por la puerta grande y Cristiano Ronaldo, por la de servicio.
Las discusiones inacabables del pasado sobre quién era el mejor, los intentos de desmerecer a Messi y engrandecer al luso han quedado en nada a medida que contábamos primaveras. Las piernas las gobierna siempre una cabeza. Y siempre se supo cuál de ellas era la mejor amueblada. Por eso Messi se hizo hombre y Ronaldo permaneció en la adolescencia en la que todavía hoy sigue anclado.
Si aún se estilase la literatura del pasado, ambas trayectorias podrían imprimirse en un mismo volumen, a la manera de las Vidas Ejemplares de Plutarco. El volumen sería de gran utilidad en las escuelas de fútbol para aprender, a través del ejemplo y su contrario, cuáles son las huellas que vale la pena dejar por los caminos que uno transita. También sacarían provecho jugadorazos ya hechos, como Lamine Yamal o Mbappé. A buen seguro se convencerían de que la condición de mejor jugador del mundo es un regalo de terceros y no un atributo que pueda adjudicarse uno a sí mismo, por muchas ganas y mucha prisa que tenga por ganar el Balón de Oro.
Messi, alegre y sonriente alzando la vista al cielo argentino, donde un enjambre de drones dibujó su rostro para decirle adiós. Ronaldo, con el rostro estreñido, escapando de la concentración de su selección y echándole un pulso a su propio país. Momentos estelares que encierran una lección. Apréndanla las estrellas que todavía tienen muchos años por correr.
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