A unos cien kilómetros de la turística isla de Koh Samui, la prisión donde Daniel Sancho cumple cadena perpetua se encentra en territorio continental, en la provincia de Surat Thani, al sur de Tailandia. La Prisión Central de Surat Thani es un complejo de alta seguridad que empezó a funcionar en 2023, construido para sustituir a la antigua cárcel, más pequeña e integrado en una zona urbana. El nuevo recinto se encuentra en Phaiwat, en el distrito de Kanchanadit (a 600 Km de Bangkok) y fue diseñado precisamente para hacer frente al aumento de la población reclusa. Los presos se levantan al amanecer para el recuento, después cantan el himno nacional, realizan un rezo budista y comienza de nuevo el día más aburrido de su vida. Así es la rutina diaria en Surat Thani.
En pie a las 6:50 am, recuento, himno nacional y rezo budista, cuencos de arroz con caldo, hacinamiento, dormir en el suelo y nada de gimnasio, biblioteca ni internet
A unos cien kilómetros de la turística isla de Koh Samui, la prisión donde Daniel Sancho cumple cadena perpetua se encentra en territorio continental, en la provincia de Surat Thani, al sur de Tailandia. La Prisión Central de Surat Thani es un complejo de alta seguridad que empezó a funcionar en 2023, construido para sustituir a la antigua cárcel, más pequeña e integrado en una zona urbana. El nuevo recinto se encuentra en Phaiwat, en el distrito de Kanchanadit (a 600 Km de Bangkok) y fue diseñado precisamente para hacer frente al aumento de la población reclusa. Los presos se levantan al amanecer para el recuento, después cantan el himno nacional, realizan un rezo budista y comienza de nuevo el día más aburrido de su vida. Así es la rutina diaria en Surat Thani.

En 2023, la administración penitenciaria tailandesa cifraba en 3.446 los reclusos, 3.161 hombres y 285 mujeres. El Gobierno provincial explicó que la nueva instalación pretendía reducir el hacinamiento y mejorar las condiciones de vida y los programas de rehabilitación pero en febrero de 2025, la agencia EFE dio la cifra de 5.200 internos. Y es de prever que el dato haya crecido durante este año y medio. Tras pasar más de un año en la cárcel de Koh Samui, Daniel Sancho llegó a esta otra y pasó las primeras semanas en una zona de adaptación para ingresar a continuación en el módulo 6, de alta seguridad y reservado para presos con condenas superiores a 25 años.
“Las cárceles en Tailandia están hechas para que no quieras volver a delinquir. No se hacen actividades ni se puede estudiar como en España. Allí dentro tienen mucho tiempo para pensar porque no tienen nada que hacer y habrá días que piense que tiene que estar ahí mucho tiempo y se le venga el mundo encima”, dijo su madre, Silvia Bronchalo, en un plató de televisión. Daniel duerme en el suelo, sobre un puñado de mantas y comparte espacio con otros 16 internos. “El ambiente es opresivo, no dejan de oírse gritos, megafonía y ruidos de televisor que vienen del pasillo”, explicaba Sancho a la agencia EFE. “Nunca me he sentido amenazado. No hay una mafia en la cárcel. Hay muchos guardias y los presos saben que el buen comportamiento es lo que les va ayudar a reducir las penas”, añadía.

Aunque su madre dijo en televisión que los presos estaban en pie a las 4 am, la agencia EFE habla de las 6:50 h. Un exconvicto entrevistado en televisión daba esa misma hora. A las ocho son llevados al patio para el recuento, cantan el himno nacional y el del rey, participan en un rezo budista y escuchan las veinte normas de obligado cumplimiento del centro. No hay actividades programadas, así que se entretienen leyendo –lo que les traigan del exterior– o haciendo ejercicio. A las 16 h vuelven a ser contados y tras cenar, regresan a las celdas hasta el día siguiente. Como extranjero, Sancho no puede trabajar, así que lee y hace deporte por sus medios. No hay gimnasio ni internet y el acceso a medios de información está muy limitado. Dispone de una videollamada semanal. El menú, de tres comidas diarias, no es muy suculento (cuencos de arroz con caldo de verduras) pero quienes disponen de dinero pueden comprar alimentos adicionales en el economato –también café, que se usa en la prisión como medio de cambio– o encargar platos preparados por las internas del módulo femenino.
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