500 personas han amanecido este domingo en la Puerta del Sol de Madrid tras pasar la noche en un centenar de tiendas de campaña Leer 500 personas han amanecido este domingo en la Puerta del Sol de Madrid tras pasar la noche en un centenar de tiendas de campaña Leer España // elmundo
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La movilización social suele anticipar los cambios de ciclo. Basta un chispazo, un motivo que dispare el malestar colectivo hasta que se rompa a protestar. Y ese es el desahucio de Maricarmen Abascal. «Gobierno progresista, hipócrita y rentista», exclamaron algunos de los miles de ciudadanos que ayer salieron a la calle enarbolando el drama de esta mujer como símbolo de los problemas de acceso a la vivienda y que desembocó, 15 años después del 15-M, en una acampada en Sol. Una crisis que ahora le estalla a un Gobierno de PSOE y Sumar presionado para sacar adelante un decreto para que no haya «ni una Maricarmen más», como reclamaba el lema central de la movilización. La llamada a la acampada, distribuida de móvil en móvil, elevó el tono:«O cae el rentismo, o cae el Gobierno». 500 personas, según la Delegación del Gobierno, han amanecido este domingo en la Puerta del Sol de Madrid tras pasar la noche en un centenar de tiendas de campaña.
«No toleramos ni un desahucio más», «Urbagestión culpable, Gobierno responsable»; «Esta situación es insostenible y aquí nadie mueve un dedo», clamaban los manifestantes, que llegaron a 300.000 según sus convocantes y fueron 25.000 en cifras de la Delegación del Gobierno en Madrid.
Tras una semana de intensa polémica y de choques de cuernas en el plano político después de que se ejecutara el lanzamiento de esta mujer de 87 años en el distrito madrileño de Retiro, una multitud expresó ayer su hartazgo contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez y también contra el autonómico de Isabel Díaz Ayuso y el alcalde José Luis Martínez Almeida. La sensación es de dejadez total de funciones: «Nadie mueve un dedo».
Pero si la crisis le ha explotado a alguien de forma particularmente amarga es al PSOE. Su base social lo acusa de «institucionalizarse» y de «abstenerse de las propuestas de vivienda», en mitad de su negociación con Junts para sacar adelante el Real Decreto Ley en el que trabaja y que el socio minoritario, Sumar, quiere aprobar en el Consejo de Ministros del próximo martes. Las peticiones de los neoconvergentes aún no terminan de casar del todo con lo que piden a la izquierda del PSOE, donde por su parte avisan: «Sin excusas ni rebajas».
Y es que tanto la formación magenta como Podemos han presionado con las tareas pendientes del Gobierno en materia de vivienda. Ayer Sumar marcaba distancias con el PSOE amenazando con no acudir al próximo Consejo de Ministros si no se aprueba el decreto. Y en declaraciones durante la manifestación convocada por la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, la secretaria política de Podemos y candidata a las elecciones generales, Irene Montero, aprovechó para ahondar en la brecha que separa a las izquierdas: «El Gobierno está negociando con Junts para hacerle un trágala a toda la gente que hoy está aquí defendiendo el derecho a la vivienda, y no lo vamos a aceptar. Esta vez el trágala tiene que ser para los rentistas y para los especuladores. Las casas son para vivir», añadió.
«Ministra, rentista, estás en nuestra lista». Los manifestantes lanzaron gritos contra la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, y el Gobierno central. Le achacaban ignorar las peticiones de la ciudadanía y unirse a los «rentistas», a los que culpan de la crisis actual. Los jóvenes lideraron la movilización, muestra de que son uno de los grupos más afectados, pero la protesta fue transversal a muchas generaciones. Todos reclamaban medidas contra los lanzamientos y la especulación inmobiliaria, manifiestamente soliviantados.
La emergencia residencial es uno de los motivos que suscita cierta presión emocional sobre la ciudadanía. Una indignación general que, parafraseando a Simone Weil, es la energía de que disponen los partidos para convertir el caso Maricarmen en munición política. Y es que la masiva concentración, en la que se encadenaron gritos de «¿Dónde está el Gobierno progresista?» o «Ministra, trabaja, defiende nuestra casa», estuvo enclavijada en un contexto preelectoral en el que las luchas partidistas, y especialmente en el espacio político de la izquierda, ponen de manifiesto que el caso trasciende el drama de un desahucio.
Tanto Podemos como Sumar -ya inmerso en un proceso de transformación de la marca para concurrir a los próximos comicios generales- han empleado la crisis de vivienda para ir al choque con el PSOE y ahondar en la brecha de la izquierda, rebañando el apoyo de las bases socialistas descontentas con la inacción del Gobierno.
Además de las críticas a Ayuso, la presión al Gobierno ha sido la tónica de todo el recorrido, que ha discurrido desde la Puerta del Sol y la entrada al Congreso. «Es un punto de no retorno», señaló la portavoz del Sindicato de Inquilinas Alicia del Río. La cabecera de la manifestación cargaba contra Ayuso y Almeida. «Señora Ayuso, entérate: si no tengo casa, tu casa ocuparé», exclamaban. «No es mi competencia, bulo de mierda», rezaba la misiva que portaba una persona disfrazada de la presidenta.
El malestar con la compra del polémico ático en Chamberí por la Comunidad de Madrid se volvió a hacer patente, como se vio el miércoles cuando 15.000 personas se concentraron frente al inmueble. Ayer la protesta tomó Sol, ante la sede de la presidenta madrileña. «O nos sacan a palos, o nos quedamos aquí», declaraban los presentes.


