El poder tractor de campeones nacionales como Factorial y Perk engorda las cifras de inversión de 2026 mientras Europa se entrega a IA y robótica y la alternativa del venture debt crece. Leer El poder tractor de campeones nacionales como Factorial y Perk engorda las cifras de inversión de 2026 mientras Europa se entrega a IA y robótica y la alternativa del venture debt crece. Leer
Una cifra resume la alegría que embargó al inversor especializado en startups durante aquel 2021 de champán, caviar y récords: 4.648 millones de euros se levantaron entonces, un listón nunca antes alcanzado y nunca después rebasado. Esta frontera numérica recuerda de algún modo los 36 años de plusmarquista mundial del pertiguista Sergei Bubka y esos 6,14 metros (al aire libre) que parecían imposibles de batir, aunque después irrumpiesen en las alturas el galo Renaud Lavilleine y, sobre todo, el sueco Armand Duplantis. Con las rondas y los dígitos del emprendimiento tecnológico ocurrirá algún día lo mismo, pero no será, salvo sonora campanada, en 2026.
Entre 2022 y 2025, con las cifras del Observatorio de Startups de Bankinter, se observa un decaimiento seguido de una lenta pero progresiva recuperación. En 2022 se levantaron 3.424 millones, en 2023, con el VC winter soplando fuerte y helando los ánimos, fueron 2.370 millones, y a partir de 2024 (3.204 millones) y 2025 (3.114 millones) se registró un acercamiento al estado primaveral anterior. En España, el curso actual avanzaba sin sobresaltos ni grandes atracones. Hasta el pasado 2 de junio, se ponían sobre la mesa 1.322 millones y tres verticales quedaban encumbrados: aeroespacial, gracias sobre todo a las rondas de PLD Space (118 millones) y EOS-X Space (120); edtech, donde despuntan Preply (128 millones) y Bcas (30); y biotech y salud, con las referencias de Universal DX (62 millones) y Biorce (44). El zambombazo llegó el día 3, cuando dos campeones nacionales, Factorial y Perk (antes TravelPerk), anunciaron sendas operaciones mastodónticas a escala nacional, 690 millones la primera entre equity y deuda, y 300 millones la segunda.
Ese poder tractor de los grandes nombres del ecosistema se deja ver también en el marco más amplio de Europa, macrorregión que, según PitchBook, se anota un primer trimestre estratosférico con 21.900 millones de euros movilizados, cifra sin parangón, y un 61,3% de las inversiones (13.400 millones) aterrizando en el fecundo jardín de la IA. Hay que introducir aquí un matiz. ¿Es un sector por sí mismo cuando se refiere a los grandes modelos de lenguaje de Google, OpenAI, Meta y Anthropic, o lo es también cuando se utiliza como capa adicional de software con usos mucho más especializados en legal, medicina…?
Incluye PitchBook en su boletín varios brochazos más: las megarrondas (IA, robótica) inflan notablemente el tamaño medio de las operaciones; los fondos de venture capital comprometieron 3.500 millones (+11,1% anual); y la modalidad del venture debt trepó hasta 5.900 millones gracias a Mistral y Nscale, adeptas hoy a esta fórmula. Aunque puede incluir warrants (la posibilidad del prestamista de comprar acciones de la startup a un precio fijo y durante un plazo acotado), el venture debt se diferencia del capital riesgo en que supone otorgar un préstamo con intereses sin dilución del capital de los fundadores.
Cuestión de perspectiva. Para tomarle el pulso al dinero se recurre a tres testimonios complementarios: los de Iñaki Arrola, managing partner y cofundador en K Fund, gestora pata negra por tamaño y recorrido; Enrique Penichet, socio fundador en Draper B1, la clase media inversora; y Rubén Ferreiro, homólogo de los dos anteriores en Lanai Partners, muy orientada a las fases más tempranas de la startup.
Con la doble y despampanante operación de Factorial (por la que K Fund apostó desde sus albores) y Perk, Arrola introduce ya un matiz: «Mostramos una dependencia muy acusada hacia este tipo de rondas protagonizadas por compañías grandes, pero eso no es el mercado». En la parte baja del levantamiento, con pesas de menos kilos/millones, observa el directivo de K Fund «mejores proyectos que nunca». «Algo ha cambiado en España. Este founder de fases pre-semilla y semilla ahora puede llamar a un inversor extranjero sabiendo que le va a hacer caso; es así de bueno. Esto recrudece la competencia de los fondos nacionales con los extranjeros. Por nuestros mejores emprendedores hay bofetadas». Se refiere también Arrola al desfase existente en Europa entre los recursos que insufla la Comisión Europea a través de distintos programas de refuerzo tecnológico y lo que pone en paralelo sobre la mesa el inversor privado.
Penichet resalta que los flujos de Draper B1 no se ven alterados por vicisitudes como la guerra de Irán. «Los grandes recortes se registran en las scaleups en fase growth. La huella sí puede notarse más en las desinversiones. En general, las gestoras españolas son, por tamaño, más anticíclicas, aunque la incertidumbre sí nos afecta a la hora de armar nuestros fondos porque se detecta menos alegría a la hora de atreverse con la inversión alternativa». Respecto a los huertos donde plantar, Penichet subraya que todos preguntan ahora a la posible invertida cómo utiliza la IA mientras a la vez crece el gusto por la robótica «y se vira hacia la deep tech cuando el SaaS parece haber cubierto todos los verticales». Es el llamado moat tecnológico, es decir, el foso que con tecnología propia y puntera protege la posición frente a la competencia.
Por último, Ferreiro señala que las rondas más bajas son ahora más altas. «Hay startups con preproducto y precliente capaces de levantar dos millones, lo cual antes era impensable. Es un cambio muy bestia porque muchas expectativas se apalancan en la IA y ahora se está movilizando dinero que llevaba uno o dos años en el mercado. El cribado de compañías, por otra parte, no se ha endurecido porque los equipos fundadores tienen más experiencia y suelen plantear sus proyectos en mercados que tienen sentido. Lo que hay es un efecto fomo (fear of missing out): si el capital no lo pones tú, lo va a poner otro».
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