A Biel Duran (Gelida, 1984) le sigue acompañando una frase desde hace más de 30 años: “Te hemos visto crecer”. Y es que varias generaciones de espectadores lo han visto pasar de niño prodigio a uno de los rostros más sólidos de la interpretación catalana. Él lo acepta con naturalidad, aunque reconoce que ese crecimiento acelerado tuvo un precio que solo ha comprendido con el paso de los años.
El actor, de 42 años, reflexiona sobre el precio de empezar a trabajar siendo un niño
A Biel Duran (Gelida, 1984) le sigue acompañando una frase desde hace más de 30 años: “Te hemos visto crecer”. Y es que varias generaciones de espectadores lo han visto pasar de niño prodigio a uno de los rostros más sólidos de la interpretación catalana. Él lo acepta con naturalidad, aunque reconoce que ese crecimiento acelerado tuvo un precio que solo ha comprendido con el paso de los años.
El actor acaba de participar en el rodaje de El triplete , el cortometraje ganador de la sexta edición de Audi Future Stories, dirigido por el joven cineasta Rodrigo Olmedo con el respaldo del realizador Kike Maíllo. La historia, protagonizada por Karra Elejalde y Kandido Uranga, aborda la amistad, la vejez y el valor de cumplir las promesas, y se estrenará en septiembre en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Duran interpreta al director de la residencia de donde se han escapado los protagonistas.

Biel tenía nueve años cuando su cara se hizo mundialmente conocida con el cartel de la película La teta y la luna. Bigas Luna le dio su primera oportunidad en el cine. “Yo hacía castells con los Minyons de Terrassa y Bigas Luna necesitaba una enxaneta. Me dijeron que hiciera una prueba y, sin esperarlo de ninguna manera, me cogieron”, recuerda. Aquella experiencia, que imaginaba única, acabó marcando toda su vida.
Mientras sus padres le pedían paciencia para decidir su futuro cuando fuera mayor, era él quien insistía en seguir actuando. “Fui yo quien estiró de la cuerda para que me dejaran hacerlo”, explica. “Creces muy deprisa en algunas cosas y, en muchas otras, dejas de crecer, es un contrasentido”, reflexiona.

Habla de una madurez precoz adquirida al convivir constantemente con adultos, mientras otras experiencias propias de la adolescencia quedaban suspendidas. “Te crees que eres mayor, pero hay etapas de la infancia que no vives como todo el mundo. Estás viviendo cosas que no te corresponden”.
Mirando atrás, identifica un sacrificio por encima de todos: no haber podido relacionarse con normalidad con los chicos de su edad. “Estaba en mi pueblo, pero no estaba. Vivía muchas vidas al mismo tiempo”. Esa intensidad tiene una cara luminosa –conocer a mucha gente, acumular experiencias poco comunes–, pero también una menos visible. “A veces, siendo muy joven, tienes la sensación de estar agotado porque te han pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo”.
El actor reconoce que ha necesitado terapia para poner orden a todo lo vivido: “Hubo épocas en las que el trabajo se convirtió en una obsesión, y eso es muy negativo. Ahora lo vivo de una manera mucho más sana”
Duran reconoce que ha necesitado ayuda profesional para poner orden a aquellas vivencias y comprenderlo todo. “Es un tema que he tenido que trabajar en terapia”, afirma sin rodeos. Hoy asegura que mira su profesión desde un lugar mucho más saludable que hace unos años. “Hubo épocas en las que se convirtió en una obsesión, y eso es muy negativo. Ahora lo vivo de una manera mucho más sana. Me habría gustado vivirlo de pequeño como lo vivo ahora”.
Pese a todo, no cambiaría el camino recorrido. Si pudiera volver atrás, volvería a aceptar aquel casting improvisado para Bigas Luna. “No me arrepiento de nada. A mí me ha ido muy bien”, resume.

Su serenidad actual también se refleja en decisiones personales importantes. Hace poco decidió que no quiere tener hijos. “Me parece muy complicado y creo que la vida tampoco nos acompaña demasiado”. Sin embargo, su pareja tiene dos hijas y él ha encontrado un papel con el que se siente cómodo. “Soy un referente adulto para ellas y estoy acompañando a alguien a crecer. Es una cosa muy bonita”.
Si algún día tuviera que aconsejar a un niño que quisiera dedicarse a la interpretación, no lo desanimaría, aunque pondría condiciones. “Elegiría muy bien los proyectos y las personas con las que trabaja. Creo que a mí, a veces, me hicieron hacer demasiadas cosas”.

Mientras participa en Com si fos ahir, una de las series más consolidadas de TV3, Duran atraviesa uno de los momentos más intensos de su carrera. Ha estado en el Grec con Somni d’una nit d’estiu, con todas las entradas agotadas, continúa la gira teatral de Perfectes desconeguts y prepara nuevos proyectos tanto en teatro como en audiovisual. “Tengo mucho trabajo, estoy muy contento y muy agradecido por poder dedicarme a lo que más me gusta”, afirma.
Se define como “un melómano obsesivo”, disfruta leyendo y consume cine y teatro con la misma pasión con la que los interpreta. “Al final, el hobby se convierte en trabajo y el trabajo, en hobby”, resume.
A los 42 años y con más de 30 de carrera no contempla una jubilación temprana. “Esta profesión es tan maravillosa que cuando llega la edad de jubilarse quieres seguir trabajando”. Quizá por eso acepta con naturalidad la falta de horarios y la inestabilidad permanente que caracteriza a los actores. “No tenemos rutinas ni estructuras fijas. Cada proyecto exige una versión distinta de ti”. Una forma de vivir que, bromea, tiene una consecuencia compartida por buena parte del gremio: “Creo que por eso casi todos acabamos yendo a terapia”.
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