En condiciones normales este primer artículo post vacacional iría dedicado a los perpetradores del inicio de la Liga española un 15 de agosto con un cautivador programa doble formado por un Alavés-Getafe y un posterior Sevilla-Rayo Vallecano. Con todos los respetos hacia los clubs mencionados, y escasísimos hacia los ideólogos de semejante apertura, solo dos apreciaciones que unidas deberían llevar a una reflexión que no se hará: 1) en España en estos momentos la temperatura ambiente general sirve para hornear pizzas; y 2) en Alemania, país situado bastante al norte, la Bundesliga empieza de aquí a dos semanas.
En condiciones normales este primer artículo post vacacional iría dedicado a los perpetradores del inicio de la Liga española un 15 de agosto con un cautivador programa doble formado por un Alavés-Getafe y un posterior Sevilla-Rayo Vallecano. Con todos los respetos hacia los clubs mencionados, y escasísimos hacia los ideólogos de semejante apertura, solo dos apreciaciones que unidas deberían llevar a una reflexión que no se hará: 1) en España en estos momentos la temperatura ambiente general sirve para hornear pizzas; y 2) en Alemania, país situado bastante al norte, la Bundesliga empieza de aquí a dos semanas.Seguir leyendo…
En condiciones normales este primer artículo post vacacional iría dedicado a los perpetradores del inicio de la Liga española un 15 de agosto con un cautivador programa doble formado por un Alavés-Getafe y un posterior Sevilla-Rayo Vallecano. Con todos los respetos hacia los clubs mencionados, y escasísimos hacia los ideólogos de semejante apertura, solo dos apreciaciones que unidas deberían llevar a una reflexión que no se hará: 1) en España en estos momentos la temperatura ambiente general sirve para hornear pizzas; y 2) en Alemania, país situado bastante al norte, la Bundesliga empieza de aquí a dos semanas.
Dicho lo cual, hablemos de Ferran Torres, delantero que es desde ayer oficialmente jugador del PSG y cuya subida de humos posterior a su decisivo gol en la final del Mundial ha sido de época. No discutiremos aquí la importancia de su logro, ahí queda eso, pero tampoco la falta de consonancia entre la percepción que el mundo tiene de uno y la de ese uno hacia sí mismo, que en el caso de este futbolista alcanza alturas andinas. La autoconfianza es esencial para crear costra ante la presión que deben soportar los deportistas de élite, pero errar en el cálculo por exceso puede llevar a la caricatura, a no ser que seas el número uno de tu disciplina, que no es el caso que nos ocupa.

La carrera de Ferran Torres es destacable, pero no fue titular en el Manchester City, tampoco lo logró en el Barça tras cinco temporadas como tampoco en la selección, donde el nueve por méritos es sin duda Oyarzabal. El héroe de la final lo hubiera sido doblemente aceptando su papel con una mezcla de reivindicación personal y humildad pero, como ha sido habitual a lo largo de la irregular carrera de este delantero, venció por goleada el cobro de facturas.
Entre los barcelonistas, y aquí, créanme, es demostrable la generalización, la marcha de Ferran Torres a cambio de casi 50 millones de euros ha sido celebrada hasta el punto de reunir en un mismo rellano imaginario a culés de todas las sensibilidades, y mira que hay. Un milagro equiparable al del gol de la final de Nueva York.
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