El posible fichaje de Julián Álvarez por el Barcelona monopolizó el mercado de fichajes el pasado verano. Todo se precipitó cuando el jugador, a medio Mundial, pidió al Atlético de Madrid que le dejara salir para cumplir su “sueño”. No verbalizó el equipo, pero todo el mundo sabía que se trataba del Barça. El club blaugrana presentó una oferta de 100 millones de euros, pero el club colchonero no solo no la aceptó, sino que se mofó de ella a través de sus redes sociales. Aquel episodio fracturó las relaciones entre ambos clubs, hoy en vías de pacificación, y abrió una brecha emocional entre el delantero y su afición, que sigue sin perdonarle su intento de huida. El Metropolitano, estadio caliente de por sí, arde ante el partido de esta noche. El Atlético, aún de Julián, se las ve con el Barça.
El argentino se mide al Barça, al que quiso ir, en un Metropolitano ardiente
El posible fichaje de Julián Álvarez por el Barcelona monopolizó el mercado de fichajes el pasado verano. Todo se precipitó cuando el jugador, a medio Mundial, pidió al Atlético de Madrid que le dejara salir para cumplir su “sueño”. No verbalizó el equipo, pero todo el mundo sabía que se trataba del Barça. El club blaugrana presentó una oferta de 100 millones de euros, pero el club colchonero no solo no la aceptó, sino que se mofó de ella a través de sus redes sociales. Aquel episodio fracturó las relaciones entre ambos clubs, hoy en vías de pacificación, y abrió una brecha emocional entre el delantero y su afición, que sigue sin perdonarle su intento de huida. El Metropolitano, estadio caliente de por sí, arde ante el partido de esta noche. El Atlético, aún de Julián, se las ve con el Barça.
Atlético de Madrid
Una herida curada pero no cicatrizada
Hay heridas que cicatrizan, se olvidan y no dejan señales. Otras, en cambio, siguen ahí, curadas pero a flor de piel, a la espera de que cualquier rasguño haga brotar de nuevo una gota de sangre. El caso del Atlético y Julián Álvarez es de los segundos. “Está muy bien, muy bien”, zanjó Diego Simeone preguntado sobre la Araña, como aquel que resuelve con un monosílabo una pregunta existencial.
“Está muy bien, muy bien”, zanjó Diego Simeone
Todavía se le recuerda al argentino, cada vez, eso sí, de forma más tenue, su desamor de verano, cuando en el Mundial pronunció aquellas palabras de “lo mejor es un traspaso” para “cumplir mi sueño” y dejó claro entre líneas que se veía vestido de blaugrana y no de rojiblanco. En los partidos del Metropolitano, los aplausos unánimes se detienen en su nombre y aparece un runrún. Julián se ha disculpado (“mis palabras fueron una equivocación, entiendo a la gente”), ha cambiado de agente y ha recuperado por momentos el olfato goleador y el juego que le hacían diferencial, pero sus números aún distan de lo que se espera de él: dos goles en 641 minutos disputados.
Una vez superado el trauma del cierre del mercado, a Julián se le exigía primero que diera un paso. Que dejara de tener esa actitud arisca, como el que vive amargado. Para superar esa situación ha sido clave el mate, donde encontró refugio. Los Giuliano Simeone, Cuti Romero o Juan Musso, los otros argentinos del equipo junto con el técnico, se han encargado de estar encima de él, mimarle y ayudarle poco a poco a recuperarse emocionalmente. Hasta Simeone bajó su exposición al comienzo, para aislarle de los juicios en pleno ruido.

Julián es un hombre de familia y de viejas costumbres. Llegó a Madrid, entre otras cosas, por sus hermanos, quienes no podían seguir en Manchester por el visado e hicieron de avanzadilla. Ambos juegan en un equipo en Alcalá de Henares llamado Club Argentino, un grupo que también teje lazos con el delantero atlético. Crearle una pequeña Calchín (su ciudad natal en la provincia de Córdoba) en Madrid ha sido siempre uno de sus objetivos.
Los capitanes también le arroparon una vez se disculpó, condición indispensable para sanar su relación con la hinchada. Y el club ha decidido partir de cero con el cambio de agente.
Ahora el fútbol y el mercado harán el resto. Todos saben que, cuando finalice el año, se volverá a hablar de él.
FC Barcelona
Raphinha, la calma tras la tormenta
Meses de declaraciones cruzadas, acusaciones e incluso denuncias pueden derivar en situaciones irreconducibles en cualquier ámbito negociador. Pero puede que el fútbol sea la excepción, y para muestra está el caso de Julián Álvarez y cómo el Atlético y el Barça, clubs presididos por Enrique Cerezo y Joan Laporta, han limado asperezas. Hoy, a las 15 horas, en el conocido restaurante madrileño De María-Félix Boix, volverán a sentarse alrededor de una mesa en la tradicional comida de directivas antes de un partido.
En esa comida no estará Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado y máximo accionista del Atlético, poco habitual en este tipo de encuentros, salvo en ocasiones especiales, como las comidas que comparte con la Real Sociedad por su amistad con Jokin Aperribay. Con el Barcelona, el acercamiento llegó en Dinamarca, durante la cumbre de la ECA. “Gil Marín y yo hemos limado asperezas y hemos aprendido a reanudar la relación”, reconoció Laporta.

Mateu Alemany, director deportivo del Atlético y con pasado blaugrana, tampoco estará. Ese es otro capítulo, aunque tampoco suele acudir a estas comidas. Con Enrique Cerezo la situación siempre ha sido más sencilla. Cerezo siempre se refirió a Laporta como un “buen amigo”. De hecho, cuando Laporta estuvo ingresado en el hospital, fue uno de los primeros en enviarle un mensaje de apoyo.
“No se habla ya de Julián Álvarez”, resumen en los despachos del FC Barcelona. Los 19 goles que suma Raphinha entre todas las competiciones contrastan con los dos que acumula Julián en el Atlético. “Para mí, Julián es un jugador fantástico, pero juega para el Atlético y yo me centro en mi equipo. Estoy muy contento con la situación actual”, sentenciaba Flick ayer. A Julián le prometieron esperarle hasta el último día del mercado veraniego. Y, aunque en el Barça consideran que es un gran jugador, no sienten que estén en deuda con él.
Lo único que ha cambiado al respecto es el agente de Julián Álvarez, que decidió prescindir de Fernando Hidalgo por cómo llevó la negociación. Su nuevo representante es Pablo Barquero, agente de Rodri, que sí ha podido “cumplir su sueño”.
En el Barça de Raphinha y Lamine Yamal nadie echa de menos a Julián y, para enero, priorizan un central.¿En el futuro? Quién sabe. Deco no hace planes a largo plazo y Julián tiene contrato hasta el 2030.
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