La ciudad reclama medios, además de gestos, para dejar de ser «rehén» de Mohammed VI y disipar la incertidumbre diaria mientras lamenta el daño causado a una economía que había conseguido despegar tras la crisis de 2021 y el cierre de fronteras Leer La ciudad reclama medios, además de gestos, para dejar de ser «rehén» de Mohammed VI y disipar la incertidumbre diaria mientras lamenta el daño causado a una economía que había conseguido despegar tras la crisis de 2021 y el cierre de fronteras Leer España // elmundo
A Ramesh Chandiramany le ha cogido lo peor de esta última crisis migratoria fuera de casa. Ceutí, aunque nacido en Pune (India), escogió irse de vacaciones justo antes de que se registrase la peor avalancha migratoria en la historia de la ciudad autónoma (y en la de toda España), además de la más trágica, con cerca de un centenar de muertos. Pero la ha sufrido como si estuviese aquí. No en vano ha vivido todas y cada una de las crisis que, periódicamente, sacuden la ciudad autónoma.
Se jubiló hace una década y durante muchas más dirigió una empresa de distribución de productos electrónicos. Era entonces, y sigue siendo ahora, el presidente de la Comunidad Hindú en Ceuta, una de las cuatro comunidades religiosas -junto a la hebrea y las mayoritarias cristiana y musulmana- que conviven en una ciudad en la que la multiculturalidad no es un eslogan vacío.
Ramesh se asentó con su familia en la ciudad hace tanto tiempo que no tiene otro recuerdo que el del Mediterráneo que baña sus orillas y ha sido testigo de su historia reciente, a ratos convulsa. A lo largo de todos estos años, más allá de la llegada de los más de 60.000 migrantes que asaltaron la frontera entre el jueves y el viernes, dice que ha sentido cada día la amenaza marroquí. «La frontera y el país que nos rodea nos condicionan en el día a día, en todo», afirma.
Incertidumbre es, afirma, la palabra que mejor define la vida diaria de los ceutíes y, también, «nuestro futuro cercano». Porque, explica, «Marruecos deja claro que te puede arrebatar la ciudad en diez minutos, todo está en el aire».
Algo se rompió en 2021, el precedente más cercano de una crisis como la actual -15.000 personas entraron por la frontera ante la pasividad/aliento de las autoridades marroquíes- y con el cierre fronterizo pospandemia, una relación de confianza, dice, entre Ceuta y Marruecos y no se ha recuperado.
Históricamente, recuerda Francisco García, presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales, la vida en Ceuta ha estado condicionada al devenir de las relaciones entre España y Marruecos o, como se queja el dirigente vecinal, a que «a que a Marruecos no le guste lo que hace el presidente de turno» y, entonces, «nos toma como rehenes».
Lo peor, incide Ramesh, es que esa incertidumbre se haya materializado en miedo a que Marruecos escale y dé rienda suelta a sus ambiciones anexionistas después de una «primera invasión», en referencia al asalto masivo de 2021, y «ahora la segunda». «Todos recordamos la Marcha Verde», apunta en alusión a la invasión, con civiles, del Sáhara español por parte del padre del actual monarca marroquí, Hassan II, en noviembre de 1975.
Por si hubiera dudas, García insiste: «En el Sáhara pasó lo mismo, mandaron a los civiles por delante».
Incertidumbre es también una palabra muy usada en los despachos del Gobierno de Ceuta para definir el día a día en la ciudad. Se vive «bajo presión», afirma el vicepresidente primero del ejecutivo autónomo, Alejandro Ramírez, que admite que episodios como el vivido en estos días «te condiciona todo» y supone un lastre para los avances que se han logrado en los últimos años en la ciudad norteafricana.
«Ya nos ocurrió en 2021, fue algo similar que ahora se multiplica por diez» y que tiene un impacto directo y rotundo en la propia gestión de la ciudad. Por poner un ejemplo, el fondo de contingencia está ya «totalmente agotado» y el golpe a los presupuestos locales es demoledor si se tiene en cuenta que la avalancha migratoria pueda suponer una factura de cerca de cien millones en unas cuentas totales que no pasan de los 300.
Sin centrarse en esta crisis concreta, Ramírez reconoce que «estamos acostumbrados» a padecer las consecuencias de la inmigración como «arma de presión» marroquí en la que es, destaca, la única frontera de la Unión Europea en África junto a Melilla.
Hasta tal extremo está presente el fenómeno migratorio que no hay día, cuenta, que no tenga que responder -es también portavoz del gobierno que preside Juan Jesús Vivas- a las preguntas de la prensa local sobre las entradas irregulares que se han producido esa noche.
Es la consecuencia del «abandono del Gobierno» central y de una posición de debilidad frente al vecino marroquí con el que Ceuta comparte ocho kilómetros de fronteras terrestres. «Nos sentimos abandonados a nuestra suerte» y estamos, añade, «asediados por la incertidumbre diaria». «La realidad es que Marruecos, cuando lo decida, solo tarda 24 horas en invadir la ciudad», afirma tajante. «¿Quién dice que no lo vuelve a repetir en dos semanas?», pregunta el también consejero de Medio Ambiente, Servicios Urbanos y Vivienda.
Pese a todo, a la amenaza constante al otro lado de la frontera, Ceuta había conseguido en los últimos cinco años dejar atrás la dependencia económica de su condición de ciudad fronteriza, en parte forzada por el cierre unilateral decretado por Marruecos por la pandemia que luego mantuvo y que hundió la economía local de la mano de la pandemia del Covid-19.
Ceuta, hace hincapié Ramírez y refrendan desde la Cámara de Comercio ceutí, ha logrado dar un vuelco a su modelo económico en apenas un lustro, con una apuesta decidida por atraer empresas tecnológicas y de juego on line aprovechando, en buena medida, la oportunidad que brindó el Brexit que sacudió el tablero económico en Gibraltar e infundió miedo a algunos inversores antes refugiados en el Peñón.
Los datos que ofrece la Cámara de Comercio local ayudan a hacerse una idea del camino recorrido desde entonces: el sector digital y tecnológico representa ya el 12% del PIB ceutí y genera aproximadamente 1.300 empleos directos (más otros 1.052 indirectos) con salarios que, de media, se sitúan en los 50.000 euros anuales y el paro, añade el vicepresidente autónomo, ha pasado de los 14.000 a los 8.000 desempleados, con un «récord histórico» de afiliaciones a la Seguridad Social de 24.000 trabajadores.
Afirma el presidente de la Cámara de Comercio de Ceuta, Karim Bulaix, en pasado, que «estábamos muy sometidos a lo que pasaba en la frontera» pero que «ha cambiado todo». Aunque eso puede verse ahora resentido por el impacto que ha generado la avalancha de migrantes de la semana pasada porque «el dinero es cobarde» y la imagen que queda de la ciudad es de inestabilidad.
Hubiera ayudado, se queja Bulaix, que se hubiese aprendido la lección de 2021 porque aquella crisis «nos enseñó cuál era la amenaza y que teníamos que tomar medidas, pero no se tomó ninguna».
Si la vida ceutí ha estado condicionada todos estos años ha sido por eso y porque, además, Europa no ha asumido que debe implicarse en la protección de su frontera sur. «No entendemos cómo ha sucedido», recalca, y opina que éste sería el momento idóneo para que los Reyes Felipe y Letizia hagan la visita oficial que nunca han hecho unos monarcas a la ciudad autónoma para dejar claro «que Ceuta es España».
Desde el Gobierno de Ceuta lanzan la misma idea, aunque entiende el vicepresidente primero que eso «depende de las relaciones diplomáticas». Pero, apunta, «ahora cualquier gesto sería bienvenido».
Todo sea por romper o aliviar el asedio en el que Ceuta vive desde hace décadas, más largo aún que el que mantuvo el sultán Muley Ismail entre 1694 y 1727, 33 años de cerco que los ceutíes resistieron porque «somos resilientes», como apostilla Bulaix.

