Por vez primera en toda la historia de la Liga se disputará un clásico que puede coronar al Barça como campeón del torneo de la regularidad. La victoria del Madrid en el campo del RCD Espanyol, con dos goles de Vinícius, evitará que los blancos tengan que hacerle el pasillo a los blaugranas el próximo domingo en territorio blaugrana.
Por vez primera en toda la historia de la Liga se disputará un clásico que puede coronar al Barça como campeón del torneo de la regularidad. La victoria del Madrid en el campo del RCD Espanyol, con dos goles de Vinícius, evitará que los blancos tengan que hacerle el pasillo a los blaugranas el próximo domingo en territorio blaugrana.Seguir leyendo…
Por vez primera en toda la historia de la Liga se disputará un clásico que puede coronar al Barça como campeón del torneo de la regularidad. La victoria del Madrid en el campo del RCD Espanyol, con dos goles de Vinícius, evitará que los blancos tengan que hacerle el pasillo a los blaugranas el próximo domingo en territorio blaugrana.
Pero a cambio, pueden ser protagonistas del alirón barcelonista en el Camp Nou, donde a los hombres de Hansi Flick les bastará con un simple empate para ganar su vigésimo noveno campeonato liguero, segundo consecutivo.
La gran fiesta que algunos tanto deseaban está servida, pero lástima que el estadio barcelonista esté con capacidad reducida, por culpa de las interminables obras de remodelación, con tan solo sesenta mil localidades que perfectamente se podrían llegar a triplicar. Para regocijo de una reventa que puede poner el precio de las entradas por las nubes, como sucedía en los viejos tiempos.
Tirando de memoria, cuesta de recordar otro clásico con tantos alicientes y que en caso de proclamar al Barça campeón vendría a confirmar el cambio de tendencia que vive el denominado torneo de la regularidad, desde la llegada de Johan Cruyff al banquillo del Camp Nou, acabando con la dinámica ganadora del Real Madrid. Desde entonces el palmarés se ha teñido de blaugrana.

El Real Madrid de Kylian Mbappé, pero sin el astro francés misteriosamente lesionado, será el ilustre convidado de piedra en la que promete ser la gran fiesta de celebración culé.
Pero, ojo, que nadie se deje llevar por la euforia, tan fatal en estos duelos, porque como siempre me recuerda mi entrañable amigo Fèlix Monclús, son enfrentamientos con vida propia.
Donde las diferencias se suelen recortar y las estadísticas sirven de bien poco, a la hora de proclamar un ganador. Por tanto, llámenme “tribunero”, pero del Real Madrid no hay que fiarse nada, por mucho que lo entrene Álvaro Arbeloa y esté a punto de sumar su segunda temporada sin títulos importantes.
Porque como pasaba antaño con el Barcelona, que se consolaba con ganar en sus duelos con los madridistas, el domingo el Real Madrid se daría por más que satisfecho si pudiera aguar el festejo al gran rival. Esto es una clara demostración de la “barcelonitis” que vive el Madrid de Florentino Pérez.
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