Por suerte, Hansi Flick y Marcus Rashford todavía no arrastran todos los vicios típicamente culés. El sábado, contra el Osasuna, contribuyeron a la victoria con un punto de vista casi tántrico de la consecución del título de Liga. Flick ha sabido administrar la ausencia de Lamine Yamal con sabiduría germánica, sin caer en pánicos y aspavientos psicodramáticos. El equipo no ha perdido la mentalidad de presionar desde el primer minuto y entender que, para ganarse el derecho a celebrar nada, antes hay que culminar el trabajo de hacer valer tus deberes.
Por suerte, Hansi Flick y Marcus Rashford todavía no arrastran todos los vicios típicamente culés. El sábado, contra el Osasuna, contribuyeron a la victoria con un punto de vista casi tántrico de la consecución del título de Liga. Flick ha sabido administrar la ausencia de Lamine Yamal con sabiduría germánica, sin caer en pánicos y aspavientos psicodramáticos. El equipo no ha perdido la mentalidad de presionar desde el primer minuto y entender que, para ganarse el derecho a celebrar nada, antes hay que culminar el trabajo de hacer valer tus deberes.Seguir leyendo…
Por suerte, Hansi Flick y Marcus Rashford todavía no arrastran todos los vicios típicamente culés. El sábado, contra el Osasuna, contribuyeron a la victoria con un punto de vista casi tántrico de la consecución del título de Liga. Flick ha sabido administrar la ausencia de Lamine Yamal con sabiduría germánica, sin caer en pánicos y aspavientos psicodramáticos. El equipo no ha perdido la mentalidad de presionar desde el primer minuto y entender que, para ganarse el derecho a celebrar nada, antes hay que culminar el trabajo de hacer valer tus deberes.
Al final del partido, Flick se zafó hábilmente de las preguntas insistentes sobre pasillos y el calendario de rúas y cuando le preguntaron si vería el Espanyol-Madrid de ayer –que probablemente vieron el 99,9% de los culés no defectuosos–, respondió con una evasiva creativa y dijo que quizá se iría con su mujer a ver el espectáculo del Mago Pop.
En la jugada del primer gol, Rashford rompió la inercia del juego con un gesto original. Al límite del área grande, en vez de buscar el regate inmediato o acelerar, se detuvo en seco, con una pausa reflexiva que, de nuevo, nos remite a la idea tántrica de utilizar el cuerpo como potenciador espiritual y liberarse a través de la ruptura de las normas. Los defensas del Osasuna, que deberían haber salido a taparlo, se quedaron paralizados, hipnotizados por la quietud de Rashford, que sugería expectativas inimaginables. Quien mejor entendió el gesto de Rashford fue Lewandowski, que buscó el espacio para rematar y recuperar la narrativa primaria y ancestral del orgasmo del gol.
Rashford es un jugador insondable, un solitario al servicio de la causa colectiva
Rashford sigue siendo un jugador insondable, un solitario al servicio de la causa colectiva. Siempre defiende la filosofía que expresa en su libro Eres un campeón (Ed. Base). El libro contiene frases dignas de un coach hiperactivo, pero que, ahora que las cosas nos van bien, soplan en la dirección correcta. Ejemplo: “Si quieres ir rápido, ve solo. Pero si quieres ir lejos, ve acompañado”. Hace unos días, contra el Getafe, Rashford eligió ir rápido y marcó en solitario. El sábado, en cambio, prefirió buscar la acción colectiva.

Una vez cumplido el trámite de ganar contra el Osasuna, ver el Espanyol-Madrid parecía un deber para la mayoría de los culés. La opción Mago Pop –que, por cierto, era imposible– requería de un autocontrol que no todo el mundo puede permitirse. Que la celebración de un título dependa del resultado del partido que juegan tus dos máximos rivales no deja de ser una oportunidad de expansión emocional que sería absurdo perderse. Fueron noventa minutos durante los cuales los culés pudimos volver a analizar qué desenlace nos parecía más (o menos) cruel, a menudo coaccionados por los afectos que podamos tener con madridistas y periquitos consanguíneos, amigos, conocidos y saludados.
El empate a cero describía perfectamente la situación, tanto del Espanyol como del Madrid. Los analistas que entienden de eso hablan de “dinámicas negativas”, que es un eufemismo lo suficientemente ambiguo para incluir cualquier hipótesis. En el contexto de rivalidades sobrepuestas, el interés de los culés pasaba por un empate como mejor solución pra la celebración y, al mismo tiempo, decepción para los implicados.
Flick se zafó hábilmente de las preguntas insistentes sobre pasillos y rúas
Pero entonces el Madrid decidió hacer de Madrid. Y como Mbappé no compareció –el historial de lesiones del francés podría inspirar un capítulo de la serie La dimensión desconocida –, Vinícius decidió marcar dos golazos que le servirán para subir el precio de su renovación y, de propina, reafirmarse como uno de los cromos más influyentes del próximo Mundial.
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