El alargamiento de situaciones de desempleo que suele darse en esta época requiere de una serie de herramientas psicológicas específicas. Leer El alargamiento de situaciones de desempleo que suele darse en esta época requiere de una serie de herramientas psicológicas específicas. Leer
Lo peor no es el lunes. El martes puede doler mucho más. Lo mismo septiembre. El verdadero problema llega cuando octubre se le parece demasiado. Y una de las situaciones más peliagudas es seguir mano sobre mano. La Fundación Adecco acaba de presentar El trabajo emocional de buscar trabajo, una guía para sostener la confianza y la salud mental cuando se alarga la época que «coincide con la reactivación de la búsqueda de empleo y de los procesos de selección», según detallan.
Abel Guio, consultor de la fundación, explica que «puede aparecer un diálogo interno muy duro: ‘no valgo’, ‘nadie va a contratarme’ o ‘ya no tengo nada que aportar’. Estos pensamientos no son hechos, pero condicionan las emociones y también la forma de actuar: disminuyen la iniciativa, dificultan la preparación de las candidaturas y pueden llevar incluso al abandono de la búsqueda».
La angustia adquiere, además, un tono aún más tortuoso en los directivos. Stephen Fineman analizó en detalle el desempleo en este contexto en su clásico White Collar Unemployment: Impact and Stress (John Wiley & Sons), que describe cómo el sufrimiento psicológico se asocia aquí más al estatus y la identidad que a lo financiero. La autoestima recibe un bombardeo especialmente intenso.
En ese sentido resulta especialmente útil la idea central de la que parte la guía de Adecco: la situación laboral de una persona no determina su identidad ni su valor. A partir de ahí, lanza su propuesta, aunque sus autores advierten que «no está diseñada para sustituir la terapia psicológica ni la intervención de profesionales de la salud mental, sino para acompañar a las personas durante una etapa que puede generar cansancio, frustración, inseguridad, miedo o pérdida de autoestima». A través de «reflexiones, preguntas y ejercicios prácticos», ofrece «herramientas para avanzar sin confundir una negativa profesional con un rechazo personal».
Lo peor quizá sea la incertidumbre. En su artículo How to Manage the Emotional Roller Coaster of a Job Search, publicado en el Harvard Business Review, Rebecca Zucker pinta un escenario familiar: «Una semana tiene reuniones de networking y entrevistas programadas, la gente responde a tus correos y se siente animado y esperanzado; luego, un silencio total que le genera confusión, frustración o incluso impotencia». Contra el mareo, ofrece cinco estrategias.
Todo empieza con la autoconciencia: «Cuando se encuentre en la parte negativa del ciclo, puede decirse a sí mismo: ‘Sabía que habría días en los que no pasaría nada y me sentiría frustrado, y hoy es uno de esos días’. Al saber que va a suceder, te sorprenderá o te afectará menos, y será menos probable que te lo tomes como algo personal, lo que te permitirá recuperarte y avanzar en tu búsqueda con mayor facilidad». Recordar estas líneas, por lo tanto, puede suponer la gran ventaja competitiva.
En marcha la rueda, Zucker prioriza el proceso de las emociones. Ayuda «participar en actividades como la meditación consciente o escribir un diario puede ayudar»; el estudio The Power of the Pen, publicado por Adam Grant en Psychology Today concluyó que el 52% de ingenieros que escribieron un diario con pensamientos y sentimientos sobre el desempleo 20 minutos al día durante cinco días habían encontrado trabajo ocho meses después, frente al 18,6% de los grupos de control. Otro punto fundamental es la búsqueda de apoyo, «alguien con quien hablar durante su búsqueda de empleo, como un asesor profesional, un terapeuta o un grupo de apoyo». Y las actividades que «den energía, como ejercicio, escuchar tu música favorita».
Finalmente y sobre todo, Zucker insta a poner las cosas en perspectiva: «Quizás un contacto aún no le ha presentado a alguien importante, como prometió, o un reclutador no le ha respondido en el plazo que indicó. Si bien puede enviar un recordatorio, tómese un momento para pensar en sus otras prioridades. Lo más probable es que su búsqueda de trabajo no esté entre sus cinco prioridades principales en un día cualquiera». Una actitud que «puede ayudar a despersonalizar la situación y mitigar las emociones negativas que la rodean».
La guía de Adecco sigue pautas parecidas. De hecho, el primer paso consiste también en «identificar y poner nombre a las emociones». Pero a partir de ahí recurre al concepto japonés del ikigai, que ayuda a conectar cuatro dimensiones: «Lo que gusta y los rasgos que definen a la persona; lo que se le da bien: conocimientos, habilidades y competencias; aquello por lo que una empresa puede contratarla; y las necesidades actuales del mercado laboral y de la sociedad».
Se definen así «objetivos profesionales más realistas y coherentes», que permiten pasar a la exploración del mercado laboral, lo que «no significa tener que empezar de cero o convertirse en especialista en el perfil más novedoso», sino «detectar oportunidades en las que puedan trasladarse capacidades ya adquiridas y valorar si una formación o actualización concreta permitiría acercarse a nuevos puestos de trabajo o sectores». Desde ahí se puede construir una «marca personal auténtica», que se trasladará después al currículum y las entrevistas de trabajo, el momento de la verdad que requiere dos actitudes clave: «diferenciar lo que depende de uno de lo que no» y «afrontar las negativas sin cuestionar el propio valor».
Y, sobre todo, recuerde: octubre y el martes pasan, y el trabajo siempre termina llegando.
La guía Adecco incluye un prompt para usar la IA: «A partir de las respuestas personales, identifica patrones y propone distintas formulaciones de un propósito personal y profesional». No lo decide, ojo, solo ayuda a ordenar ideas y ponerlas en palabras: «El resultado debe revisarse para comprobar que es auténtico, concreto y representativo».
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