No es fácil marcharse del fútbol de élite. Del deporte. Es difícil gestionar el adiós. Mucho más si se ha sido uno de los cracks incontestables. Cristiano Ronaldo se ha despedido de Portugal, su selección, con un portazo, abandonando la concentración y enfrentado al seleccionador. Jorge Jesús, el técnico, ha intentado dulcificar la situación y buscar su vuelta, aunque en su día fue categórico: quien manda es el entrenador. El seleccionador portugués de 72 años ya lleva mucho tiempo en los banquillos y no acepta unos futbolistas por encima de otros, tipos que ejercen de jefe de sus, en principio, iguales. El fútbol cada vez más es un deporte de equipo y los técnicos tratan de que la familia no se rompa aunque sea por la parte del hermano mayor.
No es fácil marcharse del fútbol de élite. Del deporte. Es difícil gestionar el adiós. Mucho más si se ha sido uno de los cracks incontestables. Cristiano Ronaldo se ha despedido de Portugal, su selección, con un portazo, abandonando la concentración y enfrentado al seleccionador. Jorge Jesús, el técnico, ha intentado dulcificar la situación y buscar su vuelta, aunque en su día fue categórico: quien manda es el entrenador. El seleccionador portugués de 72 años ya lleva mucho tiempo en los banquillos y no acepta unos futbolistas por encima de otros, tipos que ejercen de jefe de sus, en principio, iguales. El fútbol cada vez más es un deporte de equipo y los técnicos tratan de que la familia no se rompa aunque sea por la parte del hermano mayor.Seguir leyendo…
No es fácil marcharse del fútbol de élite. Del deporte. Es difícil gestionar el adiós. Mucho más si se ha sido uno de los cracks incontestables. Cristiano Ronaldo se ha despedido de Portugal, su selección, con un portazo, abandonando la concentración y enfrentado al seleccionador. Jorge Jesús, el técnico, ha intentado dulcificar la situación y buscar su vuelta, aunque en su día fue categórico: quien manda es el entrenador. El seleccionador portugués de 72 años ya lleva mucho tiempo en los banquillos y no acepta unos futbolistas por encima de otros, tipos que ejercen de jefe de sus, en principio, iguales. El fútbol cada vez más es un deporte de equipo y los técnicos tratan de que la familia no se rompa aunque sea por la parte del hermano mayor.
Cristiano tiene ya 41 años y ha sido uno de los grandes. Un excelente goleador. Muchos lo sitúan justo por detrás de Messi y está lejos. No solo en la forma de despedirse de la selección, sino en fútbol. Puede estar en la lista de los cinco mejores de la historia, pero no obtendría unanimidad en esa elección. Sí la tienen Messi, Pelé, Maradona, Di Stéfano y la quinta plaza se la juegan Cruyff, Beckenbauer, Zidane, Ronaldo Nazario, Kubala, Best, Charlton o Cristiano, entre otros. Depende de las épocas y los gustos.
El portugués se despidió de la selección con un portazo como un crack que no acepta dejar de serlo
Ronaldo se va con un portazo y Messi se irá con un abrazo. De la selección. Las carreras de ambos son diferentes aunque compitieran muy bien en su época. Leo puede ser considerado el mejor futbolista de la historia. Cristiano, no. De los extraordinarios, sí, pero no el número uno. Su carrera ha sido exitosa sobre todo relacionada con el gol y el físico. Pero le ha faltado algo de solidaridad futbolística. La sensación es que Cristiano siempre ha ido a lo suyo. Los mejores goleadores de la historia han tenido un punto egoísta lógico. Se les exige gol y si no marcan se sienten vacíos.
Cristiano ha protagonizado escenas de ego subido de tono. Ha dado la sensación de estar más obsesionado con Messi que al revés y ha demostrado un ardor competitivo altísimo para reivindicar siempre su figura, en algunos momentos no suficientemente valorada, aunque su aportación haya sido excelente. Pero en este final puede quedar una imagen desdibujada de su excelencia, en el sentido de que no ha sabido entender que ha bajado el nivel. Del Ronaldo del United, al del Madrid, la Juventus o Arabia hay diferencias y todas han ido disminuyendo su calidad con el tiempo, aunque no su fuerza competitiva y su indudable carisma. Cristiano ha sido, seguramente también, prisionero de eso, pero no ha acabado de aceptar que su papel de crack decisivo y grandísimo hoy es diferente. Y eso cuesta. le cuesta. Y se nota. Ronaldo, la verdad, no ha disimulado nunca.
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