El Barça de Hansi Flick avanza por el carril adecuado. Está a un paso de ganar su segunda Liga consecutiva y su estilo de juego encaja con el de los mejores equipos de Europa, que sin apenas discusión son ahora mismo el PSG y el Bayern de Munich. El partido de ida de las semifinales de la Champions que enfrentó a ambos clubs el martes sirvió de simple corroboración. Fútbol eminentemente ofensivo (5-4 en el marcador para los franceses), alérgico a la especulación, de ininterrumpido despliegue físico y técnico por parte de todos los jugadores, con defensas avanzadas y presión feroz post pérdida de balón. Al acabar el partido Luis Enrique no titubeó: “Es el mejor partido en el que he estado como entrenador”.
El equipo azulgrana necesita subir un peldaño más en Europa para medirse a los mejores en igualdad
El Barça de Hansi Flick avanza por el carril adecuado. Está a un paso de ganar su segunda Liga consecutiva y su estilo de juego encaja con el de los mejores equipos de Europa, que sin apenas discusión son ahora mismo el PSG y el Bayern de Munich. El partido de ida de las semifinales de la Champions que enfrentó a ambos clubs el martes sirvió de simple corroboración. Fútbol eminentemente ofensivo (5-4 en el marcador para los franceses), alérgico a la especulación, de ininterrumpido despliegue físico y técnico por parte de todos los jugadores, con defensas avanzadas y presión feroz post pérdida de balón. Al acabar el partido Luis Enrique no titubeó: “Es el mejor partido en el que he estado como entrenador”.
El sistema de Hansi Flick es primo-hermano del descrito. Las conexiones son obvias. Luis Enrique jugó y entrenó en el Barcelona, mientras las nuevas generaciones de entrenadores alemanes (Nagelsmann, Tuchel, Klopp, ahora el belga Kompany…) tuvieron en Flick a uno de los referentes que marcaron tendencia como predecesores. Joan Laporta supo detectarlo y el Barcelona está hoy sincronizado con esa vanguardia.
El estilo de juego blaugrana encaja con el de los mejores pero el plus lo da la calidad global de las plantillas
Sin embargo, echando la vista atrás, estuvo más cerca el Barça de esa excelencia que marcan hoy esos dos clubs en la temporada pasada que en la actual, siendo precisamente las semifinales de la Champions contra el Inter, con un 7-6 global desfavorable, su tope futbolístico desde que el proyecto arrancó. Este curso ha sido de continuidad, pero el balance, aunque nada alarmante, es descendente, especialmente en Europa (caída en cuartos de final ante el Atlético) y teniendo en cuenta que en el primer año los blaugrana también se llevaron la Copa en una recordada final contra el Madrid.
Cuando los parámetros colectivos y el estilo están muy definidos, como es el caso del Barça, la diferencia la marcan la amplitud de las plantillas y su calidad. Mientras en el primer curso de Flick a Lamine Yamal le acompañaron grandes versiones de Lewandowski y Raphinha, en el segundo el polaco ha desaparecido del triángulo por bajo rendimiento y el brasileño se lesionó. Esos huecos nunca han sido llenados por futbolistas determinantes sino complementarios y es ahí donde PSG y Bayern van unos pasos por delante, con un fondo de armario inacabable.
Teniendo en cuenta que los centrocampistas del Barça por calidad y cantidad no tienen nada que envidiar a ningún equipo europeo sino todo lo contrario, otras demarcaciones claves cuando se quiere desplegar ese tipo específico de juego son los laterales de ambos costados, y ahí el Barça ha sufrido una rotunda caída de prestaciones. Balde ha visto truncada su progresión no se sabe muy bien por qué motivo, Cancelo ha sido una sorpresa agradable pero es una solución a corto plazo y por la derecha no hay ningún lateral puro, aunque Koundé hiciera la temporada de su vida en el primer año a las órdenes de Flick.
Recuperar el peldaño perdido y subir uno más para aspirar a la Champions requerirá por tanto de una estabilidad en el proyecto (seguir confiando en la idea en los malos momentos) pero, indefectiblemente, de una mejora de la plantilla. El partido entre el PSG y el Bayern sirve de ineludible lección para que así sea interpretado.
En el seno del club son conscientes de ello. Deco, como director deportivo, ya está hace meses por la labor de intentar reforzar al equipo este verano. Flick, una vez ganada la Liga, se sumará de pleno al brasileño. Deco siempre fue partidario de compensar la extrema juventud de la plantilla con futbolistas determinantes y de edades más avanzadas. Ahí encajan futbolistas que ocupan lugares preferentes en la agenda. Julián Álvarez como delantero centro y Bastoni como central zurdo. El primero tiene 26 años, el segundo, 27. Mientras tanto Cucurella, también de 27, se deja querer.
El problema, un verano más, no será el deseo de ficharlos sino la capacidad real de hacerlo en un club con un yunque atado al pie en forma de dificultades económicas no resueltas. El cumplimiento del fair play financiero volverá a ser esencial para alcanzar a los mejores.
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