El ajustado triunfo del moderado David Crowley en Wisconsin contrasta con la ofensiva de la izquierda en Nueva York, Michigan, Minnesota y Colorado y deja abierta la gran pregunta de cara a los comicios: ¿centro o ruptura? Leer El ajustado triunfo del moderado David Crowley en Wisconsin contrasta con la ofensiva de la izquierda en Nueva York, Michigan, Minnesota y Colorado y deja abierta la gran pregunta de cara a los comicios: ¿centro o ruptura? Leer
El Partido Demócrata ha pasado buena parte de 2026 librando una contienda interna casi tan intensa como la que sostiene contra los republicanos. Y el martes fue otra buena muestra de ello. El discurso moderado de David Crowley se acabó imponiendo en las urnas por una diferencia mínima a la opción de la socialista Francesca Hong en las primarias para el cargo de gobernador de Wisconsin, una historia similar a la de Minnesota pero a la inversa, donde una progresista, la vicegobernadora Peggy Flanagan, se impuso a la congresista Angie Craig en las primarias al Senado.
La conclusión de los analistas es que no hay un rumbo definido y que esa división evidente entre progresistas y moderados le puede salir muy caro al partido de Kamala Harris, Barack Obama o Joe Biden. La prensa estadounidense lleva meses hablando abiertamente de una batalla entre «la izquierda y el centro», con figuras como el alcalde de Nueva York, el socialista Zohran Mamdani, representando un claro rupturismo frente a las políticas de Donald Trump, frente a posturas demócratas más tradicionales como las de Crowley, que podrían ayudar a decantar la balanza en estados bisagra donde normalmente se dirimen las elecciones presidenciales.
Lo sucedido en Wisconsin ilustra a la perfección esa tensión interna que se está viviendo en el seno del partido. Crowley, que aspira a ser el primer gobernador negro en ese estado, se presentó ante su base con un perfil sobrio, institucional y alejado de los extremismos de Hong que a buen seguro habrían explotado los republicanos en noviembre. Ella es una demócrata socialista, ex chef y madre soltera, con un estilo directo y provocador en redes, que pedía guardería y sanidad gratuitas, dejar de financiar parcialmente a la Policía y abolir el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). Llegó incluso a pedir que se acabara con el día de Acción de Gracias por dejar de celebrar el colonialismo.
La división no es nueva. Ya en marzo, cuando arrancaron las primarias, se dejaron ver las primeras grietas, con el epicentro de la contienda situado en Nueva York. El 23 de junio, dos nombres pesados cayeron la misma noche. Dan Goldman, el fiscal que llevó el primer impeachment contra Trump, perdió por un contundente 66%-34% frente a Brad Lander, ex contralor de la ciudad. Horas después, Adriano Espaillat cayó por un margen ajustado ante la organizadora comunitaria Darializa Avila Chevalier.
Ambos vencedores llevaban el sello de aprobación de Mamdani, cuya llegada a la alcaldía neoyorquina se ha convertido en la referencia obligada de la nueva izquierda demócrata. Su influencia, además, va más allá de Nueva York. En Denver, la abogada Melat Kiros, de 29 años, desbancó a la veterana Diana DeGette, con casi 30 años en el Congreso, con una campaña centrada en Gaza que replicaba el guion neoyorquino.
A diferencia de primarias anteriores, la política exterior hacia Israel ha sido un factor determinante. Baste el ejemplo de Lander y Goldman en Nueva York. Ambos son judíos, pero Lander no tuvo problema en calificar la guerra en Gaza de genocidio y prometió no seguir financiando lo que llamó las guerras de Netanyahu, mientras que Goldman se negó a usar ese término. Esa distinción, mínima en apariencia, resultó decisiva.
En el distrito de Espaillat, Avila Chevalier vinculó el conflicto con la gentrificación del barrio, mientras que activistas propalestinos celebraron los resultados como una fractura histórica del bloque proisraelí dentro del partido. El fenómeno tiene además una traducción institucional: por primera vez, una votación en la Cámara sobre el envío de ayuda militar a Israel dividió abiertamente a la bancada demócrata, incluida su cúpula.
Si Nueva York mostró que la izquierda puede ganar en distritos ya inclinados a su favor, Michigan planteaba una pregunta distinta: ¿podía ganar también en un estado péndulo? La primaria al Senado enfrentó al médico progresista Abdul El-Sayed contra la representante Haley Stevens, favorita del establishment. Las encuestas previas anticiparon lo que terminó confirmándose: el candidato que hizo de la asequibilidad económica y el escepticismo hacia la inversión corporativa en inteligencia artificial el eje de su campaña se impuso en un estado que Trump ganó por menos de dos puntos en 2024.
Pese a la división, el objetivo sigue siendo el mismo: frenar las políticas trumpistas en Washington con una victoria sin paliativos en noviembre. Un triunfo les devolvería el control de la Cámara de Representantes y del Senado. En la Cámara Baja necesitan un vuelco neto de sólo tres escaños, el margen más pequeño que han tenido que remontar en varios ciclos. Es el objetivo más realista y el que la mayoría de analistas ve con más probabilidades a su favor, dado el histórico patrón de pérdidas del partido en la Casa Blanca en año de midterms.
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