El Madrid acude hoy al Camp Nou como el Barça solía hacerlo en las tres décadas que precedieron al mandato Cruyff. Tratará de aliviar una temporada injustificable con una victoria sobre su viejo rival, campeón in pectore de la Liga, que llegó a prometer un gran combate en la primera vuelta. El Madrid, que había ganado nueve de los diez primeros partidos, derrotó al Barça y se colocó con cinco puntos de ventaja sobre su perseguidor. Ventaja ficticia, desventaja real. En un alarde de vanidad, soberbia y estupidez, Vinícius comenzó un proceso de demolición que no se ha cerrado, de consecuencias imprevisibles, porque afecta a toda la estructura del club, incluido el presidente, Florentino Pérez.
El Madrid acude hoy al Camp Nou como el Barça solía hacerlo en las tres décadas que precedieron al mandato Cruyff. Tratará de aliviar una temporada injustificable con una victoria sobre su viejo rival, campeón in pectore de la Liga, que llegó a prometer un gran combate en la primera vuelta. El Madrid, que había ganado nueve de los diez primeros partidos, derrotó al Barça y se colocó con cinco puntos de ventaja sobre su perseguidor. Ventaja ficticia, desventaja real. En un alarde de vanidad, soberbia y estupidez, Vinícius comenzó un proceso de demolición que no se ha cerrado, de consecuencias imprevisibles, porque afecta a toda la estructura del club, incluido el presidente, Florentino Pérez.Seguir leyendo…
El Madrid acude hoy al Camp Nou como el Barça solía hacerlo en las tres décadas que precedieron al mandato Cruyff. Tratará de aliviar una temporada injustificable con una victoria sobre su viejo rival, campeón in pectore de la Liga, que llegó a prometer un gran combate en la primera vuelta. El Madrid, que había ganado nueve de los diez primeros partidos, derrotó al Barça y se colocó con cinco puntos de ventaja sobre su perseguidor. Ventaja ficticia, desventaja real. En un alarde de vanidad, soberbia y estupidez, Vinícius comenzó un proceso de demolición que no se ha cerrado, de consecuencias imprevisibles, porque afecta a toda la estructura del club, incluido el presidente, Florentino Pérez.
Aquel débil y quejoso Barça ganó dos Ligas entre 1960 y 1990, un balance ridículo para la magnitud del club, empeñado en hacerse trampas en el solitario. Se refugió en la condición de víctima y se quedó tan ancho como el Atlético de Madrid en el papel de El Pupas, pero con una variante. Al revés que el Atlético, no interiorizó los placeres del masoquismo. Al Barça le dominaba una irritación calculada. No se hacía responsable de sus constantes errores. Le bastaba con derrotar al Madrid para vender una tonelada de mercancía averiada.
Aquellas ediciones del Madrid eran limitadas, en el sentido estricto de la palabra. Mientras, el Barça fichaba a los tres mejores futbolistas del mundo –Cruyff en 1973, Schuster en 1980 y Maradona en 1982–, el Madrid contrataba al declinante Netzer, el funcional de Breitner y Lozano, hijo de emigrantes españoles en Bélgica, destinado al olvido. Era un Madrid de medio pelo, poseído por una ética profesional y un espíritu competitivo que le proporcionaban victorias en títulos en España y dos Copas de la UEFA cuando, por problemas parecidos a los que han consumido al Barça en los últimos años, emergió la Quinta del Buitre, algo parecido a lo ocurre con este Barça, obligado a consumir su producto interior con un éxito apoteósico.
En un alarde de vanidad y estupidez, Vinícius comenzó un proceso de demolición que aún no se ha cerrado
Hace dos años, Florentino Pérez decidió perdonar los pecadillos de Mbappé –prefirió agotar su última temporada en el PSG y no fichar por el Madrid– y lo incorporó al equipo que había ganado la Liga y la Copa de Europa en la temporada 2023-2024. Se anunció una época imperial del Madrid, patrocinado en el campo por Mbappé, Bellingham y Vinícius. Enfrente, el abatido Barça de la última temporada de Xavi, trufado de jugadores de la cantera y pendiente de Lamine Yamal, Lewandowski y Raphinha, es decir, un fenomenal adolescente, un venerable delantero y un discutido brasileño. Difícil sospechar lo que ha ocurrido. El Barça ha irrumpido como un ciclón y el Real Madrid se ha estrellado. Dos temporadas sin títulos y una crisis galopante que empequeñece episodios como el célebre motín del Hesperia, momento refundacional del Barça, por otra parte. Significó el regreso de Johan Cruyff. Con la estadística en la mano, hay cifras que se explican por sí mismas. Desde la temporada 90-91, el Barça ha sumado 19 de las 36 ediciones de la Liga (57%). El Real Madrid, 11 de 36 (30%).
Al Barça no le han faltado problemas estrepitosos de gestión, de los que todavía se duele, pero ha construido una identidad tan valiosa como diferencial: las tres mejores generaciones del fútbol español –la de Guardiola en los 90, la de Puyol, Xavi, Iniesta y Busquets en este siglo, la que encabezan Lamine, Fermín, Gavi y Cubarsí en esta década– pertenecen al Barça.
Florentino Pérez desprecia ese modelo. Es probable que a excepción de Lamine no ficharía a ningún jugador del Barça. En cuanto a la marca Real Madrid, la marca España en su opinión, prefiere una idea líquida, posmoderna, antagónica con la realidad: un equipo titular sin apenas, o sin, españoles.
El Real Madrid nunca ha ganado dos Ligas consecutivas en los 23 años de Florentino como presidente. Lo consiguió durante la presidencia de Ramón Calderón en el 2007 y el 2008. Su territorio ha sido Europa, donde los éxitos en la Champions –un torneo más expeditivo que de largo aliento– no pocas veces han ocultado mediocres temporadas en la Liga, cambios de entrenadores y la sensación de que el ganador de la competición no era el mejor equipo de Europa.
Lejos de consagrarse como un exuberante periodo de éxitos, el Madrid ha sucumbido en una etapa que solo tiene equivalente en ese siglo a la que animó a la dimisión de Florentino Pérez en febrero del 2006, después de dos años y medio de sequía, con Zidane, Ronaldo y Beckham en la plantilla. “Les he malcriado”, dijo entonces, a modo de justificación. Un día después ya tenía ganas de volver.
No abandonará la presidencia esta vez, ni se sabrá lo que dice en privado de sus jugadores, mimados, consentidos y decepcionantes, factores de riesgo constante para los entrenadores, petulantes en su comportamiento, convencidos del amparo que les dispensa el presidente, cuyo silencio se ha interpretado como interesado o connivente en todos los episodios que han presidido el derrumbe del Real Madrid desde el día que la petulancia consentida de Vinícius convirtió la victoria contra el Barça en un drama chusco y callejero. Veremos a cuántos y quiénes atropella.
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