El fútbol estadounidense se encuentra en plena misión. Está buscando una estrella deseperadamente, ese jugador determinante con el que cuenta todo equipo que quiere ser campeón del mundo.
Segunda victoria consecutiva del conjunto norteamericano, que desata la euforia en el país
El fútbol estadounidense se encuentra en plena misión. Está buscando una estrella deseperadamente, ese jugador determinante con el que cuenta todo equipo que quiere ser campeón del mundo.
Ese no es Christian Pulisic, Capitán América, pese a ser idolatrado, que se perdió este viernes el segundo partido, tras lesionarse hace una semana en el gran debut contra Paraguay. Tampoco parece serlo Gio Reyna, muy fino pero que no acaba de cuajar.
Balogun demuestra su importancia en EE.UU. al romper el cerco con una penetración y propiciar un autogol
El nuevo elegido es Folarín Balogun, de 24 años, delantero centro del Monaco, autor de dos goles frente a los paraguayos. Todas las expectativas estaban puestas en él para esta revalida en Seattle frente a Australia, una de las sorpresas al vencer a Turquía (2-0) en el debut.
Estados Unidos se clasificó matemáticamente para la siguiente fase tras ganar a los australianos y, sobre todo, alimentó todavía más el sueño de que este equipo puede ser la sorpresa. Soñar es gratis, pero hay una base. Si bien no se han enfrentado a ningún equipo de los grandes, ni sus jugadores son determinantes en los equipos en los que militan, los de Pochettino tienen un sistema y están crecidos.
EE.UU. abrió brecha frente a los australianos a los 11 minutos gracias a una incursión por la banda izquierda de Balogun. Su pase al centro, donde Pepi esperaba para rematar desde muy cerca, acabó en el fondo de la red después de ser desviado por Burgess en propia puerta. El partido estaba trabado. Australia demostró que no iba a pasearse como hizo Paraguay, pero la genialidad del 20 de los locales sirvió de demostración de que no es solo un jugador de área. “Estados Unidos ha buscado durante mucho tiempo a un delantero que no se limitara a esperar las oportunidades, sino que ayudara a crearlas con el movimiento, la sincronización y la seguridad propia de un finalizador”, describió The Washington Post a Balogun.
Nacido en Nueva York de padres nigerianos, se crió en Inglaterra. Aunque podía haber optado por tres selecciones, prefirió la de su nacimiento, circunstancia que todavía genera más admiración en el patriotismo futbolero.
A pesar de que los australianos jugaron con energía, y tuvieron alguna oportunidad, los estadounidenses impusieron su ritmo bajo el sol, con McKennie al mando y Dest penetrando por la derecha. Uno de sus disparos, en el añadido del primer tiempo, propició un rebote que Freeman cazó y supuso el 2-0 con el que se llegó al descanso.
Nada más regresar del vestuario, Balogun arrancó desde el centro, se quedó casi solo ante portería, pero dio un toque de más y el defensa pudo bloquear el chut.
Los australianos se mostraron rocosos, tratando de buscar el contraataque, porque lo suyo no es la posesión. En el partido contra Turquía tuvieron una posesión del 28% y marcaron dos goles. En esta ocasión, pese a ir por detrás en el marcador, no pasaban del 30%, mientras Balogun los desquiciaba.
Pero la presión del reloj hizo que se estiraran. Forzaron más ocasiones, que no supieron concretar. Llegaron casi al 40% de posesión. Pochettino dejó ver su miedo. Quitó al punta Pepi y puso a Berhalter, un defensa.
Que los locales resistieran –con el árbitro atendido por calambres–, hizo que la euforia se desatara en el estadio y en todas las concentraciones convocadas por el país para ver el encuentro. Desde 1930, los estadounidenses no habían logrado dos triunfos consecutivos en la fase de grupos y esto ya es una heroicidad para muchos.
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